Marionetas de circo, Enrique, cuentos.
Yusepe y su esposa Rosenda eran una pareja que mostraba sus marionetas en los circos toda su vida.
Viajaron por todo el mundo.
Viajaron por los caminos de España durante toda su vida.
Ellos vinieron de Italia siendo muy jóvenes e inexpertos, en el circo de las marionetas y, poco a poco, consiguieron ser los números uno en todo el mundo mundial.
Hoy los han encontrado muertos, en Córdoba, en la calle Mucho Trigo, a los noventa y cinco y noventa y seis años, solos en su casa.
Se los han encontrado en la misma cama.
Solo el olor de sus cuerpos los han descubierto.
Los bomberos se los han llevado al tanatorio.
Cierto es que no tenían contacto con nadie desde hace cinco años, ni con los vecinos siquiera.
Los han enterrado en el cementerio municipal de la ciudad.
Cuando se llevaban sus cuerpos,
Ellas, las marionetas: una pareja así, mayorcitos, y esta marioneta de esta niña y un chico en la cama.
Se han asomado por una vieja ventana, en el ático de la casa.
Un espectador, un chico de quince años.
Vecino de por allí cerca en la ciudad, que, aunque pobre era, siempre fue un chico maravilloso, pues ayudaba a todas las personas mayores del barrio.
Él sí conocía a esta pareja fallecida, pues más de una vez les compraba la comida y se las daba a través de las rejas de la casa.
Pero un día, preguntó a otro vecino por ellos, pues nadie salía a la ventana, y otra vecina le dijo: "¡Que se fueron con una prima que vino de Italia!".
Este chico no ha dicho nada, pero ya tiene intención de averiguar quién está en esa casa.
Ya llegada la noche, ha saltado por la ventana de arriba de la casa y sigilosamente ha subido la escalera de la guardilla, viendo que algo se movía, asomadas a la ventana, supongo que esperando que sus padres aparecieran.
Dani, con su linterna, les ha apuntado y los tres han vuelto la cabeza y Dani se ha sentado de culo en el suelo del susto.
Pues no podía creer que tuvieran vida.
Se le ha roto la linterna; Dani pregunta:
¿Quiénes, quiénes soy?

¿Somos marionetas, no nos ves, y esperamos que nuestros padres vengan?
Dani, muy triste, se sentó en el suelo, debajo de la ventana y junto a ellos, solo un rayito de luz que entraba por la ventana de una farola lejana.
Dani alargó entre sombras la mano, y alcanzó a los tres.
Él le contaba lo que había pasado, cosa que ellos no entendían bien.
Ellos muy tristes, aunque no podían llorar su tristeza, pues carecían de lágrimas.
Se tiraron toda la noche hablando los cuatro, bajo una vela que Dani había encendido.
La marioneta mayor, que era este abuelito, le dijo a Dani.
¿Hace, muchos años que no vamos de ferias y, si no vamos, ¿el espíritu de nuestros padres morirá con nosotros?
¡¿A sí.? Que le pidieron a Dani que sí quería ser su manager, pues necesitaban a un humano que sirviera de portavoz en este mundo, regalado a ellos!
Dani aceptó ser su guía, por todas las ferias del mundo.
Así fueron por todos sitios, aunque las marionetas bailaban y representaban historias preciosas de toda clase, nunca tuvieron cuerdas y, aunque todos se preguntaban cómo era eso, jamás se divulgó nada; Dani siempre dijo que era un truco de magia.

Cuando terminaban las funciones, ellos cuatro paseaban por el recinto ferial, sin que los viera nadie, junto a la luz de la luna y a veces por las calles de la ciudad, pero encima de sus hombros, de tal modo que todo el que los veía se asombraba, pues ellos miraban hacia todos lados; esto sería también un reclamo para su circo.
Fin.
Enrique Nieto Rubio,
Derechos reservados de autor.
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