jueves, 29 de octubre de 2020

..Cuando muera días de difuntos.

 



Cuando muera en este día,
en que tengo que morir,
recuerda tu vida mía,
que moriré para ti.

Yo seré tu alegría,
 me tendrás junto a ti,
te daré ese cariño,
 que me pides, todo para ti.

Cuando muera,
 en este día de difunto,
y por fin ruedas sonreír,
ya viviremos los dos,
en este campo santo,
los dos seremos,
 los más felices.

Sé que tardaré,
 un poco mi amor,
y lo haré solo por ti,
tú en un laito de la caja,
 y yo juntito a ti,

estaremos muy pegadito,
 y eso te gustará,
pues no hay cosa más bonita,
 como entonces en el altar.

Cuando muera en este día,
 en que tenga que morir,
yo te juro vida mía,
 que moriré para ti.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

lunes, 26 de octubre de 2020

..Gorrioncillo se va,minicuento....

 


Un gorrioncillo que en su nido estaba, ya casi listo para volar, formadito y con toditas sus plumas; se agarraba a su nido agitando sus alas para comprobar su resistencia.
Pero tenía miedo de fracasar, pues dejar su casa, sería un gran paso para él. Con el temor de no poder volver… Un día nublado decidió arrancar el vuelo con mucho miedo... ¡Salto! Fue revoloteando sin saber a dónde ir.
Ya desconcertado, perdió el sentido de donde estaba su casa... y se asustó aún más. Llamó a su mamá, pues no la veía. Pero su mamá, aunque él no lo sabía; estaba pendiente de él, desde lo alto de un árbol.
- Mamá... ¡Me he asustado mucho y no te veía!
No te preocupes, hijo….¡No pasa nada! Vamos ven conmigo.
Volaron y volaron y ya jamás volvieron a su nido. El mundo era nuevo para él y buscó nuevos rumbos
.



Ya separado de su madre, voló y voló tremendamente lejos... olvidándose de todo, y fue de lo más feliz del mundo, pues encontró una gorrioncilla hermosa, con dos brechas doradas en sus alas, y se enamoró de ella. Volaron los dos juntitos, pues lo más duro fue dejar sus casas para empezar una nueva vida juntos. Ella tenía miedo de empezar otra nueva vida con él, pero tenía que intentarlo.
El temor de ser desprotegida por él, era presente en su mente, pero él era buen gorrioncillo y la amaría para siempre. Así buscaron un nuevo hogar para formar su familia, y vivieron felices para siempre jamás.


Moraleja:
Si no das el primer paso en la vida, jamás conseguirás un mundo nuevo.


Enrique Nieto Rubio
*Derechos de Autor*

Francisquito el niño pastor de ovejas.

 



 


Zahara de la Sierra, Algodonales... Aquí, en el municipio de Zahara de la sierra, nació Francisquito.

Era un niño de una familia muy humilde, que vivía en un pequeño cortijo, cedido por unos señores; de los más ricos de la región, que se marcharon a Madrid, hacía bastantes años atrás; dejando a los padres de Francisco a cargo de todo.

Cuando Francisco nació, su madre cayó enferma, y quedo en cama muchísimo tiempo.


Su padre José, al ver que su esposa no mejoraba, y viendo que su matrimonio era una calamidad, por parte de él, que se había echado a la bebida. Se fue, a la provincia de Málaga; a vivir solo con su botella, y allí se le perdió la pista.
Juan, su abuelo, fue el encargado de llevar las riendas de la finca.
 Los señores no les cobraban nada; es más, le pagaban al abuelo, un dinero por proteger y cuidar la finca.
Francisquito, era como le llamaba toda la gente que lo conocía. Fue creciendo con su abuelito, y junto a su mamá; ella no mejoraba nada.

Ya cuando Francisquito tenía siete años, era un hombrecito muy valiente. Ayudaba a su mamá a sentarse en el porche, para que tomara el sol; y allí se quedaba toda la tarde.

Un día el abuelito le preguntó: ¿Francisquito serás capaz, de llevar las ovejas a pastar?

Francisquito respondió: ¡Claro que si abuelo! ¿No ves que ya soy grande?

Bueno, dijo el abuelo; a ver cómo te portas pillín. Llévate a Pinto, el perro guardián de ovejas, él te ayudará a controlarlas y cuidarlas.

Así lo hizo Francisquito, sacó vente ovejas esa mañana; después de sacar a su mamá al porche.

La madre, con la cabeza un poco caída, despedía a Francisquito alzando un poco la mano, y sonriéndole con esa sonrisa de madre resignada.

Ya cayendo la tarde, a Francisquito se le escuchaba venir tocando su armónica, que el abuelo le había regalado a los dos añitos.

Su madre al verlo llegar llamaba al abuelo, <con la mano>, pues su voz era muy tenue. Se acercó el abuelo a su cara y ella muy bajito le decía: ¡Míralo! ¿Parece un hombre verdad?

El abuelo respondía: ¡Sí, hija...es que ya es un hombre!


Llegando a la casa, Francisquito metió en el corral todas las ovejas, pues también le tocaba con el abuelo, ordeñarlas... pero no antes de ver a su madre, y llenarla de besos.

Le trajo un ramo de margaritas, anaranjadas, preciosas, rodeándolas de lindas amapolas.

Así continúo Francisquito, mucho tiempo. Un año tuvo que cambiar de recorrido, pues el pasto estaba más bien escaso.


Decidió irse más arriba en la sierra.
 Él, llevaba su buen petate en su mochila y llegando el mediodía; se sentó en lo más alto, y se echó sobre unas rocas; allí controlaba el rebaño mejor.

Sacó su buena tortilla de patatas... esa tortilla que el abuelo le preparaba, gorda y esponjosa, y su buena bota de agua fresquita, y se puso a comer con unas ganas locas; y se puso hasta las trancas, como se suele decir.


Se echó sobre la roca, echando el eructo más grande de sus días; pero de pronto se derrumbó la pared y cayó para dentro de la roca. Rodó y rodó... pero él se reía como un loco ¡Ajajajajaja! ¡Ajajajajaja!

Exclamando: ¡Pero qué es esto!

La cueva tenía dos metros más o menos de grande y de honda, casi lo mismo.

Francisquito se levantó y mirando a su alrededor, vio que allí en el fondo había una virgencita; no más grande de cincuenta centímetros, con unas pulseras que parecían de oro, y un manto de seda blanco luminoso.

La imagen era preciosa y entre sus brazos tenía una vara de dos metros, que ayudaba para que no pudiera caerse; otro gran manto labrado en oro estaba posado a los pies de la imagen.


Francisquito se puso de rodillas, y le pidió a la virgencita, que ayudará a su madre a que se pusiera buena.

Pasó la tarde y Francisquito no quería dejar allí a la virgencita; así que la cogió con el manto dorado y la envolvió.  Y la metió en la mochila.

Pero el tiempo transcurrió pronto, y llegó la noche; así pues, con su vara en la mano, le dijo a su buen perro Pinto: Amigo en la oscuridad, no veo ni torta, así que tendrás que guiarnos.

Le toco con la vara que cogió de la virgen, y el perro ladró a sus ovejas y las reunió a todas y marcharon a la casa.

Pasó algún tiempo, y ya se veía la luz de la casa a lo lejos; el abuelo estaba de lo más preocupado; pero ya se sentían las ovejas regresar y se tranquilizó.

Francisquito las metió en el corral y fue a ver a su madre; se acercó a la cama y ella de pronto se sentó y le dijo:


¡Hijo mío, me tenías muy asustada!

Ya lo sé, mamá, es que se me pasó el tiempo, y como estaba más lejos, no calcule la distancia.

Se abrazó a la madre, y bueno, no paso más.

A la mañana siguiente, cuando Francisquito se levantó, el abuelo ya había ordeñado todas las ovejas y se dio cuenta, que tenía dieciséis borreguitos más, pues hasta esta mañana no se había percatado de ello.

Francisquito se dirigió a la cocina para coger su petate, y allí estaba su madre, sana como una pera. Él dijo: ¡Mamá!

La madre se volvió... ¡Hijo! Y lo abrazo con una fuerza tremenda.

Francisquito salió corriendo, pegando voces, exclamando: ¡Abuelo! ¡Abuelo!

El abuelo asustado se imaginó lo peor.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa? - Mamá... ¡Es mamá!

¿Qué, que.? - Mira abuelo allí en la ventana.



El abuelo salió corriendo a la casa... allí estaba ella de pie; con uno de los vestidos más bonitos que tenía, pues nunca pudo lucirlos. El abuelo abrazó a su hija y preguntó: Hija, ¿Cómo es esto?,

¡Ay! No se papá ... Mírame estoy perfectamente, ya lo ves.


Saltaron de alegría, y ese día se lo tomaron de descanso; sacaron a las ovejas que estuvieran por la finca sueltas y celebraron una gran fiesta.

Francisquito se dio cuenta, que eso fue un milagro de la virgen. Él la había subido a su cuarto y corriendo hacia donde Ella le dijo:

¡Gracias virgencita por curar a mi mamá! Aquí tienes un vaso de leche, de la más buena de las ovejas... y luego bajó de nuevo al lado  de su mamá.

Ya abajo le dijo: ¡Mamá...!Ven, ven!

¿Qué quieres hijo?

- Ven a mi cuarto, te enseñaré algo.

Subieron los dos, y cuando ella vio esa virgen que irradiaba luz propia, se arrodilló, dando gracias al cielo por estar en su casa.


La madre le contó a Francisquito: 

Cuando era pequeña, en tiempos de guerra, el párroco escondió la virgen, en un sitio que nadie sabía; pero cuando el párroco entró ese día al pueblo, una bala traicionera le reventó el corazón; cayendo al suelo fulminado, y desde entonces jamás se supo nada de la virgen.

Así que la tuvieron muchos días en casa... Francisquito seguía con sus ovejas.

Yendo a la sierra.

 Un día, al atardecer, en una hondonada, unos lobos decidieron hacerle a Francisquito una emboscada.

Ya de vuelta él se puso a pensar que, antes, allí jamás hubo lobos.

Francisquito con su perro y su vara, fue matando y matando a los lobos; eran seis muy grandes, pero esa vara tenía poderes; pues con un solo latigazo a un lobo mataba.



Cuando llegó a la casa, el abuelo le dijo:

¡¡Hijo, los lobos han matado bastantes animales de los alrededores, y son muy peligrosos, menos mal que tú estás bien.!!

Él le respondió:¿Abuelo, yo he matado a seis lobos que nos han atacado.?


El abuelo le creyó, pues aunque parecía una historia producto de la imaginación fantástica de un niño... Francisquito jamás dijo una mentira.

Se dirigieron al mesón del pueblo, allí estaban todos los hombres reunidos; dispuestos a hacer una batida, esa misma noche.

Era una noche de esas oscuras y frías, cuando llegaron... Francisquito les dijo:

Ya no debéis de preocuparos ¡Los lobos están muertos! ¡Yo los he matado!

La verdad es que eso era difícil de creer y todos lo de la cantina empezaron a reír. ! ¡Jajajá!! Jajajá!

¡Qué bueno! Decían unos... y nadie estaba conforme. Se creían que Francisquito había perdido la cabeza, así que todos con las antorchas se dirigieron a la hondonada del camino, y si era cierto... allí estaban los lobos, todos muertos.

Cogieron a hombros a Francisquito, y lo llevaron hasta el pueblo. 

Allí se corrió la más grande de las fiestas, llamaron a todas las mujeres del entorno. Corrió el vino y la comida a róales; nadie pensó quién pagaría aquello, pero hasta el alcalde estuvo esa noche, junto con los alguaciles, entre otros... Cantando y bailando.

Ya sobre las diez de la noche, se abre la puerta del mesón, y entró la madre de Francisquito, con su vestido más bonito... estaba radiante; hermoso como ella misma.

De pronto todo se quedó en el más grande de los silencios, Francisquito dijo:

¡Mamá!

La madre alzó un bulto que llevaba en las manos, quitándole un paño que lo cubría... era la virgen del pueblo, todos asombrados dijeron:

¡Viva la virgen! ¡Viva la madre de Francisquito!

- Todos exclamando: ¡Viva! ¡Viva!



Fue precioso ese momento... aplaudieron todos, eso fue la bomba. El alcalde mandó sacar esa misma noche, todos los cohetes; ese iba a hacer el primer día de feria, para todo el pueblo.

Desde entonces, todos los años es fiesta el 1 de abril; Día de la virgen del pueblo, y la sacan en procesión todos los años.

 La cual, termina en el mesón y cuando acaba la celebración, vuelve a la antigua iglesia del pueblo.
Donde todo el que tenía un problema, la virgen se lo resolvía,
en este pueblo desde aquel bendito día jamás nadie enfermo. Y la felicidad reino en él.

Y así acaba esta historia, fruto de esta mente, llena de fantasía.

- Fin -


Enrique Nieto Rubio
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.
*Derechos Reservados*



Un beso para todos los que lean mi historia.
Solo es un hermoso regalo.

domingo, 25 de octubre de 2020

..Bambino. letra de una cancion.

 



Estos son los sueños.
 De un bambino...no sé, dice así:

Amor anoche soñé contigo...
Yo te besaba con total devoción.

El sueño me cautivo,
 porque tanto te besé, 
que el alma me dolía;
y sigo sin comprender,
 por qué se puede ver,
 soñando vida mía.


Olé por ese sueño divino; 
porque solo cuando sueño, 
te tengo conmigo.

Olé por ese sueño dorado;
 porque solo cuando sueño,
 te tengo a mi lado.

Ahora ya no quiero más despertar;
 tan solo quiero soñar, soñar... 
Soñar de noche y de día,
 creyendo en  realidad,
 mis sueños de fantasía.



Bueno es un fragmento,
 de una preciosa canción,
 que escuchaba de pequeño. 
  
Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.

jueves, 22 de octubre de 2020

..Que tu pasión me disloca.

  


Amada mía,
 que tu pasión me disloca,
 y ya no sé quién soy;
que en la senda de la vida,
 yo sin ti me pierdo y me vuelvo loco.

No te despegues de mí,
 y envuélveme con tu infinito amor;
y lléname de besos intensos...
como siempre llenos de gran pasión.

Que sin ti malo soy,
 y teniéndote en mis brazos,
 un corderito fiel seré.

Amada mía, siénteme en ti, 
hazme el amor mi señora, 
y hazme estremecer;
que solo con tus besos, 
la pena se irá de mí...

¡Sálvame cariño mío!
Qué demonio soy,
 y como ángel perdido,
 en tus brazos un hombre seré.
Hazme sentir mi vida;
 que sin ti malo seré...
¡Ayúdame a que me crezcan alas!
Para un nuevo renacer, 
y vivir contigo  eternamente...
 Un hermoso atardecer.

Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia  Regina Cossio Cámara.

martes, 20 de octubre de 2020

..Donde estas, donde estas de Enricostro.

 


¿Dónde estás?... ¿Dónde estás?
 Que tanto te estoy sintiendo.

¿Dónde estás?... ¿Dónde estás? 
Que sin tenerte, te siento.

¿Dónde estás?... ¿Dónde estás?
 Que si me toco me muero.

Que por tenerte, 
te tengo en mí... pero no te veo,
Y me enfado, porque te quiero,
Mil besos, quiero entregarte;
 más no sé cómo hacerlo.
Te llevo clavada,
 en lo más hondo de mis pensamientos,
y aunque sé que estás en mí...
pero no te siento…



Al igual que en un lago congelado,
 que sin tener agua...
La tiene por todos lados,
 y lleno esta;

o como esa mariposa,
 qué convirtiéndose en capullo,
conoce a su fiel amado...
Y te encuentro constantemente,
 dentro de mis pensamientos;
diciéndome que te deje ir,
más no puedo y no quiero...

Por eso siempre te espero,
 y siempre te tengo en mí.
Solo para mí te quiero, 
para siempre a tu lado ser feliz.

pero por más que me afano,
 y te busco, no te encuentro;
y me haces sufrir, 
rompiendo en mil pedazos 
y matando mi sentir.

Enrique Nieto Rubio.
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.