viernes, 22 de noviembre de 2019

**La caja de zapatos. ( relatos ficción )

Resultado de imagen de FOTOS DE.Diego Gutiérrez de los Ríos y González de Hoces,
La caja de zapatos de Enri costó. Hito
Luisa María Rubio de los Ríos. En Córdoba, al día de hoy, año 1837, esa señora vivía en la calle Gutiérrez de los Ríos, donde más tarde se le puso su nombre a la calle.
Poseía muchos millones de duros y también una gran cantidad de cortijos y miles de kilómetros de tierras, aquí en la sierra, además del castillo al-Ándalus, en la sierra de Córdoba.

Yo, biznieto de dicha señora, escribo un trozo de su historia. 
Era la mujer más bella de la comarca. Cada día lucía unas joyas diferentes, de lo más hermosas.
Que nadie pudiera soñar.   
Se las diseñaba el platero más distinguido entonces, don Andrés Nieto Albañil; como él no había otro en todo el mundo,
que lo igualara; todas sus joyas eran hechas completamente a mano, y montada pieza a pieza, artesanía pura.

Ya con el tiempo, su marido, que era teniente coronel, él murió en la guerra del Sáhara, español, fue vilmente asesinado a cuchilladas mientras dormía, por los enemigos de España.

Mi querida bisabuela empezó a decaer y abandonarse, mas con el tiempo volvió a recuperarse, gracias a una ama de llaves que la cuidaba como a su vida.

La verdad es que en esta época estaba que rompía de hermosa, tenía unas caderas dignas de una diosa, esbelta, muy morena, ojos grandes y preciosa.

Al tiempo se casó con el Duque de la Jumilla, también bastante adinerado, y muy guapo, robusto, con un gran bigote y una perilla bastante peculiar, presumido como él solo.

Decía que en este mundo, si lo más hermoso no lo tenía él: "es que no existía".
Mas este duque no pudo darle descendencia.
De mi familia eran cinco hijos, dos varones y tres hembras.
Pasaron los años, siendo lo más feliz con dicho duque, que la colmaba todos los días con grandes fiestas y joyas.

Era lo más de la realeza de Córdoba, y sirvientes a montones, derrochando dinero a más no poder.
En el entorno de ella, nadie pasaba hambre.
Pues era generosa con todos.
El hospicio aquí en la calle Bataneros era suyo.
Inmenso de grande, ayudaba a todo el que lo necesitaba.
Sus riquezas iban de más en más.

Ya de muy mayor, cerca de los 79 años. 
 Cayó enferma; tres de sus hijos murieron con la pulmonía y dos estaban viviendo en las islas Canarias.
 ¿Cómo fue la cosa, que la ama de llaves sería la enemiga más grande de la familia? 

Ella no les comunicaba a sus hijos que estaba mala. 
Las cartas que mi bisabuela les dictaba, ella las falseaba, diciéndole en todo momento que estaba bien. 
Mi bisabuela la oía murmurando. 
¿Te quitaré todas las joyas, vieja loca?

Ella también era bastante mayor y tenía unos hijos, que eran unos buitres y bastante perros.

Mi bisabuela, una noche, cogió cuatro cajas de zapatos, de los más feos y antiguos que tenía, sacándoles todos los papeles que tenían dentro, para que no se deformaran.
Así rellenó todos los zapatos y botas de joyas, pulseras, todo lo que tenía de más valor. Y los volvió a tapar, con papeles,  pues la caja fuerte ya no era segura con esta bruja.
Al día siguiente, le dijo a mi bisabuela que su hijo se había puesto muy malo y que se marchaba.  
Pero mi bisabuela pensó que algo estaba tramando.
Era domingo y mi bisabuela llamó al jardinero.
Este le traía las flores más hermosas del jardín, y si no había, las compraba en el mercado, y siempre se las dedicaba con un precioso poema, pues la quería muchísimo.
Ella habló con él y le dijo: 
 me estoy muriendo. Este cofre y esta nota son para mi hijo; cuando muera, prométeme que se lo darás.
¿Sí, sí, claro?
¡Y este sobre es para ti, escucha con atención, este sobre no lo abras hasta que yo haya muerto, no se te ocurra presumir con lo que hay en el sobre, con esto, tú y tu familia viviréis holgadamente durante algún tiempo!  
Pero si lo presumes, pueden acusarte de haberme matado, pues creo que me están envenenando; mas no puedo más, me estoy muriendo. No obstante, te daré un documento que lo verifique, firmado y sellado, que lo llevas en la carta. Cuando muera, a la ama de llaves le pides las cajas de zapatos, le dices que es para tu esposa; a ella siempre le parecieron mis zapatos te los dará con agrado.

¿Él no sabía nada de los zapatos?  
¿Antes de irte, que nadie se entere de esto, y la ama de llaves, mucho menos? Sí, saca el cofre escondido como puedas y la carta, llévatelo todo a casa y las cajas, cuando te las den, te las llevas todas a casa; ya tendrá tu mujer tiempo de verlos. ¿Aquí no las abras?

 Rafael, por tantos años de fidelidad hacia mí; has sido un ser maravilloso. Te deseo lo mejor del mundo, lo sabes, ¿verdad?

A ver, mete esas cajas de zapatos en el armario, que estoy muy cansada.
¿Avisas a mis hijos que me muero?

Esa misma noche, mi bisabuela murió; el testamento lo había manipulado la ama de llaves, para que todo el patrimonio fuera para ella y sus hijos.  
AH, se me olvidó, la caja fuerte estaba vacía.
Llegaron los hijos para el entierro, llamados por el jardinero. 
Al poco tiempo, el albacea y el abogado, para que leyera el testamento. 
Este testamento le dejaba todo a la ama de llaves y a sus hijos, con la condición de que el jardinero siguiera allí todo el tiempo que deseara, para dedicarse a las rosas y para que todos los días le llevara las mejores flores a su panteón.

Más adelante, el jardinero dio una carta a los hijos de la difunta madre.  
Una carta que decía: "¿Hijos míos, me han envenenado?".
Pero como no se pudo demostrar, se quedó con casi todo.

Hoy mi familia es de lo más pobre; más su apellido se perdió, y solo mi mamá conserva de los Ríos.
El obispado se quedó con el apellido y arrampló con lo que quedó. Supuestamente.
Al jardinero le dieron los zapatos, que su madre le prometió en vida, y el hijo de mi bisabuela se los dio con mucho agrado. 

La ama de llaves, al ver que el cerrajero abrió la caja y vio que no había nada, le dio un patatús y quedó tocada del cerebro, quedando tonta, perdida. Pero los buitres de los hijos estaban al acecho. 
Más, cuando el jardinero vio en su casa tantísimas joyas, llamó a los hijos, que fueron inmediatamente.
Los hijos, al ver tantísimas joyas, quedaron maravillados.  
El jardinero se las dio todas a los hijos, pues realmente les pertenecen; solo los zapatos fueron para ellos. 
Los hijos donaron al museo todas las joyas, con el nombre de mis bisabuelos.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

v.v.doya.yo.oo.98

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