Pichoncito de Enrique (cuentos)
Erase una vez un pichoncito. Era un niño muy chiquito. Un día su mamá le dijo:
¿Pichoncito, quieres ir a comprarme una cajetilla de azafrán?
¿Pichoncito le dijo: "Sí, mamá, yo iré"?
Marchó pichoncito por el camino hacia el pueblo, y ya en la tienda dijo:
Señor tendero, deme una cajetilla de azafrán.
Pero como había mucha gente, no le oía.
Señor tendero, ¿qué me dé una cajetilla de azafrán?
Y el tendero nada hasta que la tienda estaba vacía.
Señor tendero, ¿qué me dé una cajetilla de azafrán?
¿A eres tú, pichoncito?
Vaya hombre, por fin, ¿llevo toda la tarde esperando?
Ah, perdona, es que no te había oído. Bueno, ¿qué quieres?
¿Una cajetilla de azafrán?
¿Toma?
y ahora ya es de noche, ¿pues vaya con el tendero?
Ya en el camino empezó a llover, y a llover.
¿Bueno, lo que me faltaba?
Se puso la cajetilla encima de la cabeza para no mojarse, pero se mojó la cajetilla de azafrán hasta que se le rompió.
Entonces, pichoncito, se metió debajo de una col cuando pasaba por un huerto, pero un buey que pastaba por allí se comió la col con pichoncito dentro.
Su madre, muy preocupada porque Pichoncito no llegaba, ya tarde, llegó su marido y le contó lo ocurrido.
Esposo mío, estoy muy preocupada, he mandado a Pichoncito a comprar esta tarde y mira la hora que es y no ha llegado.
¿El marido le dijo?
¿Vamos a buscarlo? Tú te vas por este camino y yo por aquel.
¿La mamá decía?
Pichoncito, ¿dónde estás?
El padre, "¿pichoncito, dónde estás?"
Así repitieron una y otra vez; ya la mamá, cerca del buey, repetía.
¿Pichoncito, dónde estás?
El que la oía le decía:
¿En la barriga del buey que se mueve, donde no nieva ni llueve?
El padre
¿Pichoncito, dónde estás?
¿En la barriga del buey que se mueve, donde no nieva ni llueve?
La mamá que lo oyó, llamó a su marido diciéndole:
¿Está aquí dentro del buey? ¿Cómo lo sacamos?
¿Que cómo, verás, lo hartamos de habichuelas y un aceite que tengo en casa?
Le puso un tapón grande en el culo al buey, y cuando se le pusieron al buey los ojos saltones, le quitó el tapón, y este se pegó un gran peo, y salió pichoncito todo lleno de mierda, diciendo:
¿Joder, qué peste, con lo calentito que yo estaba?
Lo cogieron y lo lavaron.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Fin.
Por Enrique Nieto Rubio.
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