martes, 11 de febrero de 2020

..María Luisa....Un ángel del más allá, de Enricostro.


María Luisa, ella con nueve añitos, murió de 
Meningitis y neumonía.


En el cielo de los ángeles, pocas había como ella.


Graciosa, simpática y muy ocurrente; aún milita 
bromeaba con todos, pues todos los del barrio la 
queríamos mucho.

Pues en su enfermedad, irradia dulzura y ese encanto 
que te obligaba a quererla. Un 26 de diciembre cerró 
sus ojitos para siempre.


Todos en el barrio la lloramos... Pero nadie quiso 
resignarse a perderla.


El entierro fue monumental, un carruaje con dos 
caballos blancos a la cabeza y una inmensa corona a 
cada lado.

El cementerio abarrotado de personas de todos sitios;
 hasta de Alemania vinieron a verla,

por parte de su papá que trabajaba allí.

Ya enterrada todos los visitantes de rodillas en él 
suelo, pedían por ella para que se fuera al cielo.




Llovía a mares y el barro se adueñó de todas
 vestiduras de los visitantes; más a nadie le importaba
 el agua, el frío ni el barro.

Nada de nada solo deseaban acompañar a la pequeña 
niña; pues querían a María Luisa, esa niña chatita de
 ojos verdes y cabellos dorados.

En sus rezos se iluminó el sepulcro, y un gran
 resplandor salió a la superficie; era ella quien flotaba
 en el aire; y con una sonrisa encantadora y sus manos
 entreabiertas dijo:

- ¡Uy, uy! ¡Veo que no podéis vivir sin mí!

Pues bien, jugaremos en el bosque y el que me 
encuentre un beso y un chiste ¿Sí?

En ese mismo instante el cielo se abrió y el sol relucía 
como nunca. Se adentraron en el bosque y todos 
corrieron a buscarla, fue un día maravilloso.



Como el bosque era inmenso e imposible de
 encontrarla;
 ella se multiplicó y detrás de cada árbol, salía ella y
 decía:

¡Ah me has pillado toma¡Un beso....Muack.! Y les 
contaba un chiste; así con todos a la vez.

El bosque entero se reía y la risa se notó hasta en
 China, que también se contagiaron de la risa aquella.

Así fue durante todo el día; ella relucía con una luz 
tremenda y al final de la tarde les dijo:

Todos los días a la misma hora estaré en el bosque,
 para quien me quiera visitar; y quien venga y me 
encuentre; le regalaré esta medalla de San Cristóbal,
 que le dará suerte.

María Luisa... repartió besos y todos quedaron de lo 
más contentos con ella.

Muchos años han pasado y María Luisa; sigue en él 
bosque corriendo y alegre. Otras generaciones la 
visitan cada día, y salen de lo más felices de este
 mundo.

Hoy es un hermoso parque lleno de flores y mariposas,
 que posándose en las cabezas de los visitantes, le 
susurran a las personas: Por allí niña... ¡Por allí!






En memoria de mi querida vecina... Con todo mi
 amor para ella, que fue un ángel y ahora en el cielo 
vive con Dios... El Creador del Universo.

Fin.

*Derechos de Autor*

Enrique Nieto Rubio.



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