sábado, 23 de noviembre de 2019

..Cuando el amor duerme de Enricostro.



Cuando el amor duerme, 
tan sólo esperando a ser despertado;
va formando un aura a tu alrededor,
e iluminando tu rostro... 
embelleciendo radiante mente tu figura,
 y moldeando tu cuerpo.

Así pues, cuando el amor despierte, 
estarán tus manos impregnadas,
de esa dulce magia;
para cuando lleguen,
al rostro de tu amado o amada.
*
Iluminarás ese corazón,
que se irá engrandeciendo,
con pasión desmedida.
Y en una noche tranquila y estrellada...
¡Suplicante la vista alzará al cielo!
Agradeciendo a los dioses, 
por haberle dado esa dicha...
*
De amar locamente; y suplicante...
Con todas tus fuerzas,
rogarás ser amada, con toda el alma. 
Sin importar si eres hombre o mujer;
caminarás por la bella senda de la vida...
Como si estuvieras hechizada o hechizado.
*
Es entonces cuando te preguntaran:
¿Qué es lo que pasa contigo? 
¿Por qué te percibo tan lejana?
¿Y extraña a la vez?

Más tú, quizás simplemente,
 un tanto sonrojado, 
y casi eclipsado
... Les responderás:
*
¡A mí no me sucede nada! 
¿Qué me va a pasar? 
¡Acaso no ves lo feliz que soy!
Y con él o ella seguirás soñando;
mientras tu cuerpo crece,
y te haces hombre o mujer.

Enrique Nieto Rubio
<Derechos de Autor>
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.

..Lilí una linda gatita de Enricostro (Cuentos)



Lilí era la gatita más linda del mundo: todos los días su Amita Alexandra la peinaba, le hacía sus trencitas o Moñitos de colores, hasta dejarla preciosa.
Todos los días antes de salir, se dirigía al dormitorio y en el espejo del armario, acostumbraba a contemplarse... Se sentía bella y feliz. 

Luego salía corriendo por la ventana de aquel palacio, saltando de poste en poste, cruzaba sobre una valla sumamente peligrosa... Más la gatita era intrépida y muy lista, y lograba llegar al bosque sin problema.

Ansiosa se dirigía al arroyo, y en las cornisas del puente y debajo de los arcos, esperaba a su príncipe... Un hermoso gato afelpado que la tenía loca.
Sin embargo, el gato no sentía el mismo interés; así pues, unos días se presentaba y otros simplemente no aparecía... Pues era un listillo y escurridizo galán.


Lilí se enfrentaba día a día, toda clase de peligros, para llegar hasta el lugar... Pues aparte de la peligrosa valla, debía de cuidarse de unos gatos callejeros muy malos. Quienes tenían una gran cabeza y siempre estaban deseando abusar de la indefensa y delicada gatita.
Alexandra constantemente le llamaba la atención a Lilí; diciéndole; que no era prudente que se alejara de casa, y mucho menos en dirección al bosque... Pues sabía que en el lugar vivían gatos vagabundos, y que la podrían dañar.

No obstante, Lilí todos los días sin excepción, después de que la acicalaba, salía presurosa al punto de reunión... Por lo que a casa regresaba muy triste, cuando su amado no se presentaba o no le prestaba la misma atención.
Luego de transcurridas unas semanas, de intermitentes apariciones por parte de su príncipe, este no volvió más. Lilí, infeliz, pero aun con la esperanza de volver a verlo; deprimida y ensimismada en sus pensamientos, comenzó a caminar por el bosque, sin tomar la debida precaución.
Una, tarde, cuando se disponía regresar a casa, los gatos la interceptaron... Y entre todos se la disputaban; más ella, armándose de coraje, se defendió tal cual lo haría una tigresa.

La suerte estaba de su lado, pues los felinos comenzaron a pelear unos con otros, provocándose heridas importantes con las uñas y dientes afilados; mientras la pobre gatita sufría la peor parte por encontrarse en medio de la trifulca.
Cuando la disputa se encontraba en su momento más candente, aprovechó la oportunidad para salir corriendo... Y fue ardua labor llegar hasta su casa, pues en medio del brutal combate había quedado completamente destrozada.
Cuando su Amita, se percató de lo sucedido, desconsolada, se echó a llorar; tomó en sus brazos a la malherida y de lodo embarrada la  gatita... Quien no parecía ser la aristócrata y hermosa felina que ella tanto amaba.

Alexandra se dispuso rápidamente a calentar agua; y en un cómodo recipiente... Con mucho cuidado la bañó, eliminando todo rastro de tierra, hojas y sangre; luego la secó y fue curando, una a una, todas las heridas. Ese día... Veló toda la noche, el sueño de su amada gatita; y asimismo, estuvo pendiente de todas sus necesidades, en los subsiguientes días.
Con el tiempo la gatita se repuso, y de nuevo su Amita la acicalaba y peinaba; haciéndole preciosos kikis en su cabecita... Más sin importar cuánto se esmerara y que tan preciosa la dejara, la gatita ya no era feliz.
La tristeza y la apatía la consumían; no se alimentaba bien y mucho menos intentaba escapar de casa... Con suerte a veces salía al balcón, y se le podía observar con la vista perdida hacia el horizonte... Era evidente que, la pobre infeliz no deseaba vivir.

Un día Alexandra, consternada ante la actitud de Lilí, le dijo:
-Por favor, no estés más triste; ya pasó todo. Jamás te he recriminado por tus salidas; y mucho menos te llamé la atención por todo lo que te sucedió, a pesar de que constantemente te advertía lo que podía pasar.
Lilí respondió:
No Amita, no estoy triste a causa tuya, es  debido al ataque de esos gatos infames. Y Me siento infeliz, porque mi príncipe, dejó de ir a mi encuentro... Y yo le quiero tanto, que no imagino la vida sin él.
La Amita, interrumpiéndola, agregó:
¡Vamos anímate!
¿Te gustaría que salgamos, a pasear las dos?
Lilí aceptó con algo de desenfado, pero agradecida por tener una Amita tan dulce y preocupada de su bienestar.

Alexandra era una mujer muy astuta, pues había estado muy bien casada en reiteradas ocasiones; y cada uno de sus matrimonios había concluido por viudez... Por lo que contaba con varios millones de euros en su haber.

Ella jamás concibió hijo alguno; por lo que todo cuanto tenía era para solventar los gastos y lujos, de las dos.

Así pues, para engalanar a su aristócrata gatita, tomó su correa preferida; la cual era de oro con un bello collar de diamantes.

Alexandra, días atrás, había descubierto en el ventanal de un majestuoso palacio, a un hermoso gato... Más no se lo comentó a su mínima Lilí, ante el temor que esta rehusara a salir de paseo.

Por lo que discretamente guio a su gatita, para que caminara entre los barrotes, de la gran valla que rodeaba el palacio.
Su plan funcionó a las mil  maravillas, pues en los escalones de mármol blanco, reposando, se encontraba el apuesto gato.

Alexandra se detuvo, simulando que uno de sus zapatos se había averiado... Tiempo suficiente para que Lilí y el gato cruzaran miradas.

El lenguaje corporal del gato, fue instantáneo... Pues le erizó hasta el último pelo, pujándose como una pompa; acto seguido salió corriendo hacia donde se encontraba Lilí… Y al llegar a la valla, exclamó:

-¡Fiuuu fiuuuu! ¡Qué hermosa eres!
¿Aceptarías una invitación, para ingresar y conocer mi casa?

Lilí tímidamente alzó la mirada, como preguntándole a su Amita, si podía aceptar.

Alexandra inmediatamente soltó la cadena; y la gatita salió corriendo loca de alegría tras él... Y pronto se perdieron detrás de la entrada principal.

La Amita pacientemente esperó toda la tarde; más sobre las siete... Al ver que no salía; pulsó el timbre de la puerta. 

Después de poco esperar, salió una empleada; y al ver a Alexandra, quien era una mujer muy guapa y forrada de joyas se sorprendió.

¿Dígame señora.? ¿A quién busca?
Bueno, a nadie que viva en el lugar... Buscó a mi linda gatita, a quien observé ingreso al castillo.
¿Acaso la han visto?
La mujer, encaminándose, presurosa al palacete, contestó:

-¡Espere un momento, por favor!

En breve lapso de tiempo, apareció un señor distinguido y muy apuesto... Con un corte de cabello muy pulcro y singular; quien en sus brazos traía a la gatita.


¡Alexandra, al verse frente a ese hombre tan guapetón, se emocionó perdiendo hasta los bordados del vestido! Ajájá!

¡Para ser honesto, debo confesar que sospecho.! ¡Esta Amita no llegó al lugar en busca de un gato solamente; sino de  otro marido,  forrado de billetes!
<Esa fue mi impresión>

Alexandra se decía para sus adentros:
¡Madre mía! ¡Qué guapo es este señorón!

El caballero, por igual, visiblemente exaltado; rápidamente se presentó:
Buenas noches, soy Enrique Villavicencio.
-Encantada de conocerle... Yo soy Alexandra Alcalá.
¡El placer es mío!
Lilí les interrumpió..."Miau, miau,".

Por lo que el hombre agregó:
Imagino que esta belleza, le pertenece. ¿No es así?
-Sí, es mi amada gatita, quien se me escapó mientras paseábamos por los alrededores.

Mientras tanto, el gatito ronroneaba girando y enrollando su cola entre los pies de su amo... Ansioso de que este, liberara a la gatita... O en el peor de los casos; estaba determinado a seguirlas hasta su hogar.

Más para fortuna de los mininos... Sus amos parecían llevarse de maravilla; pues después de un ratito, Enrique invitó a Alexandra a ingresar para conversar a gusto... Y ella, sin dudarlo, aceptó.
Esa noche cupido hizo de las suyas, pues flechó a ambas parejas; ya que nació un bello romance entre la pareja de humanos y sus mininos.

Desde ese momento, acordaron que seguirán propiciando nuevos encuentros, en pro del bienestar de "sus gatos"; más la verdad es que fue amor a primera vista...
A partir de esa noche, compartieron momentos de infinita felicidad... Todo marchaba de maravilla; a los tres meses de conocerse, ambas parejas unieron sus vidas y fueron felices para siempre. 
Enrique y Alexandra jamás llegaron a extender su familia; sin embargo, la familia gatuna creció de forma considerable... Agregando infinitos momentos de ternura y diversión, a sus afortunados amos.

¡Colorín colorado, este cuento de la gata Lilí y su gato enamorado, ha llegado a su fin!


Enrique Nieto Rubio
<Derechos de Autor>
Colabora en imágenes, Silvia 
Regina Cossio Cámara.

viernes, 22 de noviembre de 2019

..El patio de mi casa de Enricostro.

hoy el patio de mi casa, 
 es particular,
con olores a rosas margaritas y demás,
con geranios por montera.
 Gitanillas al montón,
ese olor a primavera,
 que engrandece el corazón.
*
Relucientes sus colores,
 que provocan la pasión,
por las calles de mi córdoba,
 con cariño y con amor.
*
todos caminan con alegría,
 extranjeros con honor,
reluce mi Andalucía,
 con cantares y con fervor.

Que todo el mundo le cante,
 por mi barrio de la judería,
que flotando va su aroma,
 de esta primavera mía.
*
que no se sorprenda nadie,
 que sus gentes son lo mejor,
con una copa de manzanilla,
 te alegrarán el corazón.
*
Con esas tapitas buenas,
 y ese vino de montilla,
que con gustito lo comen,
 hoy mañana y todos los días.
*
esto es mi Andalucía,
 tierra de mi querer,
que como ella no hay otra presumiendo,
todos sus porqués.
Así córdoba lo de muestra,
 cuna de la pasión,
que se canta donde quieras,
 y sus gentes lo mejor.
*
pues aquí debió comenzar,
 el paraíso terrenal,
y si alguien no lo cree,
 paz, amor y libertad,
que esto en esta tierra,
nadie lo puede negar.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.

..Mujer de Porcelana, de Enricostro.

linda mujer de porcelana,
 suave como el cristal,
iluminas mis sentidos,
 pero no, me puedes amar.
*
Linda mujer de porcelana,
 hermosa como una flor,
que iluminas mis mañanas, 
pero no me das amor.
*
Si me acuesto por las noches, tú estás ahí,
cuando despierto en la mañana,
mirándome sigues allí.
*
Pero te digo: que sientes,
 no me quieres contestar,
será que tu alma es de piedra,
 y no está hecha, para amar.
*
Entonces por qué me miras mujer,
 porque sigues aquí,
si tu amor, ya no me ama,
 porque me haces sufrir.
*
Cuantas noches me pregunto,
 el porqué de tu existir,
si estamos tan pegaditos,
 y ni me hablas de ti. 
Preciosa mujer de porcelana,
 radiante como una estrella,
que sin ti nada es posible.
*
Dame  un rayito de esperanza,
 para que sea feliz,
pues tu sonrisa no me alcanza,
a que me hagas sentir.
*
Más si eso no pudiera ser, 
conviérteme de porcelana,
para vivir junto a ti,
 y unamos nuestras almas,
para siempre ser feliz.
*
Enrique Nieto Rubio. 
derechos de autor.

V.DD.DOYA.M.OO,98.

..La caja de zapatos de Enricostro. ( relatos ficción )

Resultado de imagen de FOTOS DE.Diego Gutiérrez de los Ríos y González de Hoces,
La caja de zapatos de Enri costro. Hito
Luisa María Rubio de los  Ríos.  En Córdoba, al día de hoy año 1837, esa señora vivía en la calle Gutiérrez de los Ríos, donde más tarde se le puso su nombre a la calle.
Poseía muchos millones de duros y también una gran cantidad,  de cortijos y miles de kilómetros de tierras, aquí en la sierra, además del castillo AL Ándalus, en la sierra de Córdoba.

Yo biznieto de dicha señora, escribo un trozo de su historia 
era la mujer más bella de la comarca. Cada día lucia unas joyas diferentes, de lo más hermosas,
que nadie pudiera soñar.   
Se las diseñaba el platero más distinguido entonces,  don Andrés Nieto Albañil, como él no había otro en todo el mundo,
que lo igualara, todas sus joyas eran hechas completamente a mano, y montada pieza, a pieza, artesanía pura.

Ya con el tiempo, su marido, que era  teniente coronel, él murió en la guerra del Sáhara, español, fue vilmente asesinado a cuchilladas mientras dormía, por los enemigos de España.

Mi querida bisabuela empezó a decaer y  abandonarse, más con el tiempo volvió a recuperarse, gracias a una ama de llaves que la cuidaba, como a su vida.

La verdad es que en esta época,  estaba que rompía de hermosa,  tenía unas caderas dignas de una diosa, esbelta, muy morena, ojos grandes y preciosa.

Al tiempo se casó con el Duque de la Jumilla, también bastante adinerado, y muy guapo, robusto, con un gran bigote y una perilla bastante peculiar, presumido como él solo.

Decía que en este mundo, si  lo más hermoso no lo tenía él:"es que no existía".
Más este Duque no pudo darle descendencia.
De mi familia eran cinco hijos, dos varones y tres hembras.
Pasaron los años, siendo lo más feliz con dicho Duque, que la colmaba todos los días, con grandes fiestas y joyas.

Era lo más de la realeza de Córdoba, y sirvientes a montones, derrochando dinero a  más no  poder.
En él, entorno de ella, nadie pasaba hambre,
pues era generosa con todos.
El hospicio aquí en la calle bataneros era suyo,
inmenso de grande ayudaba a todo el que lo necesitaba.
Sus riquezas iban de más en más.

Ya de muy mayor, cerca de los 79 años 
 cayó enferma,  tres de sus hijos, murieron con la  pulmonía y dos estaban viviendo en las islas canarias.
 Como fue la cosa, que la, ama de llaves, sería la enemiga más grande de la familia. 

Ella no le comunicaba a sus hijos, de que estaba mala, 
las cartas que mi bisabuela les dictaba, ella las falseaba, diciéndole en todo momento que estaba bien. 
Mi bisabuela la oía murmurando, 
¿te quitaré todas las joyas, vieja loca.?

Ella también era bastante mayor y tenía unos hijos, que eran unos buitres y bastante perros.

Mi bisabuela, una noche cogió cuatro cajas de zapatos, de los más feos y antiguos que tenía, sacándoles todos los papeles que tenían dentro, para que no se deformarán,
así rellenó todos los zapatos y botas de joyas, pulseras, todo lo que tenía de más valor. Y los volvió a tapar, con papeles,  pues la caja fuerte ya no era segura, con esta bruja.
Al día siguiente, le dijo: a mi bisabuela, que su hijo se había puesto muy malo y que se marchaba,  
pero mi bisabuela pensó que algo estaba tramando.
Era domingo y mi bisabuela llamó al jardinero,
este le traía las flores más hermosas del jardín, y si no había las compraba, en el mercado, y siempre se las dedicaba con un precioso poema, pues la quería muchísimo.
Ella habló con él y le dijo: 
¿Rafael me estoy muriendo, este cofre y esta nota, es para mi hijo, cuando muera prométeme que se lo darás.?
¿Sí, si claro.?
¡Y este sobre, es para ti, escucha con atención, este sobre no lo abras hasta que yo haya muerto, no se te ocurra presumir con lo que hay en el sobre, con esto, tú y tu familia, viviréis, holgadamente durante algún tiempo!  
Pero si lo presumes pueden acusarte de haberme matado, pues creo que me están envenenando, más no puedo más, me estoy muriendo, no obstante te daré un documento que lo verifique firmado y sellado, que lo llevas en la carta, cuando muera a la ama de llaves, les pides las cajas de zapatos, le dices que es para tu esposa, a ella siempre les parecieron mis zapatos  horribles te los dará con agrado.

¿Él no sabía nada de los zapatos?  
¿A antes de irte, que nadie se entere de esto, y la ama de llaves,  mucho menos sí, saca el cofre escondido como puedas y la carta, llévatelo todo a casa y las cajas, cuando te las den, Te las llevas todas a casa, ya tendrá tu mujer, tiempo de verlos, aquí no las abras.?

¿Gracias Rafael, por tantos años de fidelidad hacia mí, has sido un ser maravilloso, te deseo lo mejor del mundo, lo sabes verdad?

¿A mete, esas cajas de zapatos, en el armario que estoy muy cansada.:
¿Avisa a mis hijos me muero.?

Esa misma noche, mi bisabuela murió, el testamento lo había manipulado, la ama de llaves, para que todo el patrimonio fuera para ella y sus hijos.  
A se me olvidó, la caja fuerte estaba vacía.
Llegaron los hijos para el entierro, llamados por el jardinero, 
al poco tiempo, el albacea y el abogado, para que leyera el testamento. 
Este testamento le dejaba todo a la ama de llaves y a sus hijos, con la condición, que el jardinero siguiera allí, todo el tiempo que deseara, para dedicarse a las rosas y para que todos los días le llevara las mejores flores a su panteón.

Más adelante, el jardinero dio una carta a los hijos, de la difunta madre.  
Una carta que decía¿hijos míos me han envenenado?
Pero como no se pudo demostrar, se quedó con casi todo.

Hoy mi familia es de lo más pobre, más su apellido se perdió, y solo mi mamá conserva de los Ríos.
El obispado se quedó con el apellido y arrampló con lo que quedó. Supuestamente.
Al jardinero les dieron los zapatos, que su madre le prometió en vida, y el hijo de mi bisabuela  se los dio con mucho agrado. 

La ama de llaves, al ver que el cerrajero abrió la caja, y vio que no había nada, le dio un patatús y quedó tocada del cerebro, quedando tonta, perdida. Pero los buitres de los hijos estaban al acecho. 
Más, cuando el jardinero vio en su casa, tantísimas joyas llamó a los hijos, que fueron inmediatamente,
los hijos, al ver tantísimas joyas, quedaron maravillados,  
el jardinero se las dio todas a los hijos, pues realmente les pertenecen, solo los zapatos fueron para ellos. 
Los hijos donaron al museo todas las joyas, con el nombre de mis bisabuelos.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

v.v.doya.yo.oo.98

..Muerte de Manolete.de Enri Costro Hito.




Manolete, torero de cuerpo entero.

Ya se llevan al torero, 
ya lo llevan a enterrar.

Torero de cuerpo entero,
 que un toro lo mató,
saliendo a la plaza aquel día,
 algo malo él presintió,
*
seguro que es el día,
 el último de mi función.
*
cuando salía ese toro,
 torito bravo, torito gruñón,
en su primera vuelta,
 este toro le contó.
*
torero,  torerito,
 hoy termina tu función,
subiremos a los cielos,
  pues hoy,
torero, torero, torero,
 te mato yo.
*
tú me darás la muerte torero,
 y la muerte yo te daré,
subiremos a los cielos,
 a que nos vea tu Dios.
*
Ya le cuentas tú por qué, 
 la muerte te doy yo.
*
ya cansado te cogí,
 después de tanto matar,
que nos quedaremos aquí,
 y todos te recordarán,
por más años que pasen,
 tú mi torero serás.
*
ENRIQUE NIETO RUBIO.
DERECHOS DE AUTOR.



jueves, 21 de noviembre de 2019

..La muerte de dos corazones de Enricostro.

Hoy noche aquí en, Marbella, 
una ciudad a la orillita del mar. 
*
Salgo de este departamento, 
que me está matando. 
*
Salgo buscando, las olas del mar, 
a la luz de las farolas hace frío, 
y sopla un viento cortante, 
mis lágrimas van cayendo.
Paso a paso, la angustia me ahoga. 
Ella Laura Coperfi, una entrañable,
 y querida amiga.
*
En esta mañana, ha dejado de respirar, 
cuando se disponía, a cruzar la calle, 
un paso de cebra, un mal nacido, 
bebido hasta las trancas, 
con un deportivo, de muchos miles de euros, 
se la ha llevado, empotrada, en su delantera. 
*
Llenando casi veinte metros de vía,
 de su sangre.
*
Ella venía a mi lado,
 Agarrados de la mano, 
y se me escapoooo, 
algún día soñábamos, con casarnos, 
y ya ven, se me partió el alma.
Ahora todavía  noto,
su mano junto a la mía.
El ruido de las olas, parece hablarme, 
y entre ese ruido, 
su preciosa voz, susurraba, 
palabras de amor. 
*
Hoy ni la luna, me hace guiño, 
allá en la lejanía, sobre las olas, 
me parece ver su silueta, 
o quizás sean mis lágrimas, 
que se mezclan, con las gotas de la mar.
Triste estoy, ya no me queda nada. 
*
Enrique Nieto Rubio. 
Derechos reservados de autor. 
Ficción 
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