lunes, 17 de octubre de 2022

**Linda Eva.

 Linda Eva era una chica muy romántica, pero vivía dentro de sus temores, por ese romance de un amor algo perdido; eso creía.

Él era un presuntuoso varón altivo y juerguista, y ella siempre lo esperaba tarde y con temores, pues cuando ella sentía algún ruido cerca de la entrada, su corazón se aceleraba tanto que quedaba paralizada.
Hasta que su amado llegaba.
Él nunca la maltrató, pues todo estaba dentro de su mente.
Cuando él la veía desnuda en la cama, era muy listo y sabía entrarle con suavidad y entonces, su romance de cada noche era maravilloso; ya terminados, ella se relajaba y descansaba tranquilamente.

El caso de esta pareja es que todo se repetía noche tras noche y jamás pudo ella cambiar, pues algo le pasó cuando era pequeña.

Él, aunque ella creía que venía a deshoras, solo era en su mente.
Así pasaron años hasta que un día se quedó en estado y desde entonces dejó de esperar a su amado desnudo, para desdicha de él, que se tuvo que amoldar a ella. Bueno, tampoco era tan malo, pues ganaron en seguridad y su amor se hizo más fuerte y hermoso.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

**Libre mariposa en primavera.

 



Libre mariposa en primavera,
Tan preciosa como tú no hay dos.
que surcando por los prados,
Vas en busca de mi amor.
*
Vuela alto, mariposa.
Vuela alto, por favor.
Encuentra a mi cariño.
Dile, dile tú, por favor.
Dile que yo la quiero.
Dile que aquí la espero.
*
Envuélvela, mariposa.
Con ese aroma de mi región.
Para que ella recuerde,
¿Dónde fue su primer amor?
*
Que aquí se hizo grande.
Este amor de primavera,
Y que sienta en su piel,
Este aire de mi tierra.
*
Vuela, mariposa.
Rozándote entre las flores,
Llevándote ese aroma,
Aroma de mil amores.
*
Vuela alto, vuela firme.
Hasta subir las montañas.
Y desde allí volando alto,
Encontrarás su morada.
*
Sé que no decaerás.
Pues eres la mariposa del amor.
Y en tus alas llevas formado,
El corazón del amor.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

**Carta, a los reyes magos por Nancy.

  Carta a los Reyes Magos por Nancy.


Mis queridos Reyes Magos, me llamo Nancy y tengo siete años.
De principio, os quisiera pedir, por favor, que desaparezca este mal bicho que es este virus.
Pues me apenaría mucho infestarme y pegárselo a mis papás, o a mis abuelos, que los quiero tanto.
Ellos son tan mayores que no lo resistirían.
También os quisiera pedir que todos mis amiguitos del cole no se pongan malitos, porque si no, no podremos jugar con los juguetes.
Por eso yo y mi osito Godi tenemos mascarilla; bueno, mi papá dice que estoy muy guapa así, pero a mí me recuerda cuando estuve malita hace dos años.
Queridos Reyes Magos, tener cuidado y no os peguéis mucho; los camellos y los pajes que no se junten mucho, no nos vayáis a traer más virus de los que ya tenemos. Ah, y a los camellos deberíais ponerles mascarillas, pues ellos respiran muy fuerte por la nieve.

Le he pedido a Dios Padre que este año ponga la estrella de Belén más grande, para que no os perdáis.
Pues el año pasado no se vería muy bien, ya que todos los regalos vinieron con este virus, que ya ha matado a más de un millón de personas en todo el mundo, y me siento algo triste.
Mejor hubiera sido carbón para todos.

Siiii, sííí, supongo que ustedes no tuvisteis la culpa, y sin querer se les coló en los regalos, por pasar por China, así que esta vez espero y traigáis muchooo amor, sí, pero de ese del bueno, para que los papás estén contentos, y no vean a sus padres, que son mis abuelos, sí, morirse por este bicho y menos en Navidad.

Y a mi hermano, que se quiere escapar estas Navidades para irse a una fiesta, él me lo ha dicho.
Y lo mismo se contagia y nos lo pegan; no le dejes que vaya.

Bueno, también te pido regalos, para todos los niños del mundo, pues hay muchos niños que pasan hambre, que lo he visto yo por la tele y me da mucha pena.

Yo para mí, bueno, desearía lo que a mis amigas del cole, un móvil grande para jugar con ellas, o una videoconsola; bueno, mi mamá dice que son muy caras.
Pero en el libro de los deseos dice mi hermano que todo vale, y ya no os canso más.
Dejaré debajo de mi árbol unas galletitas con leche, por si os apetecen.
Besitos, mis queridos Reyes Magos.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados 

**Saray una niña muy lista. (cuentos)

 

Saray, una niñita muy lista, desde meses su mamá le contaba dónde vivía su papá, pues él se marchó antes de que ella naciera.

Una traidora enfermedad cogida en Sinvague, cuando regresaba de cartografiar toda aquella zona.

Además, él cartografiaba también todas las estrellas del cielo, y eran millones.
Así su mamá le contaba que su papá vivía en una de esas estrellas.
Y así ella llegó a obsesionarse con aquello.

Saray vivía en el campo con su mamá y sus abuelos; ella, lo cierto es que era muy feliz, iba al colegio, sacaba buenas notas y jugaba muchísimo.

Con su abuelo, se iban a pescar y lo cierto es que cogían muchos peces. Más al atardecer, Saray se sentaba con su abuelo en el porche, y ella en su columpio no paraba de hacerle preguntas a su abuelo, que por la edad lo sabía todo, pero siempre que la niña sacaba el nombre de su hijo, que era su papá de ella, no decía nada, se le hacía un nudo en la garganta y no conseguía sacar ni una sola frase.

Ella le decía: "Abuelo, dice mi mamá que mi papá vive en una estrella, ¿tú sabes cuál es? Pues mamá señala hacia arriba, pero siempre le caen unas gotas de lluvia en los ojos, y no consigo que me diga cuál es".
Al abuelo le pasaba lo mismo, que se le llenaban los ojos de lluvia.

Así fue creciendo, y un día encontró un viejo libro de literatura, antiquísimo, debajo del porche de la casa, semienterrado en la arena. Nadie sabía de quién era, pues a saber, aquella casa llevaba construida cientos de años, incluso desde que los indios vivían en aquellas regiones.

Se sentó en el porche, un domingo muy soleado; el sol brillaba muchísimo.

Ya comenzaba a entrar la primavera, así que cogió su libro, que no era muy grande ni gordo.
Y echando su espaldita sobre el poste del porche, con sus piernecitas encogidas, se puso a leerlo.

Este libro era maravilloso, hablaba de los dioses indios y de las estrellas y la reencarnación.

Ella leyó que si conseguía llenar la botella de estrellas, sin que ninguna se le escapara, entonces podría coger a sus Ceres queridos y devolverlos a la vida, y eso es lo que Saray se dispuso a hacer.

Claro que, como en aquel libro no decía cuáles tenía que coger, pues ella empezó por las más grandes.

¿Qué pasaba? Que en aquel bote cabían millones de estrellas, que jamás conseguiría llenarlo, pero ella no era consciente de eso, pues quien escribió aquel libro era muy listo y, claro, él no se equivocaba nunca. De esta manera, pues así no mentía y sus tribus iban creciendo y haciéndose mayores, sin conseguir llenarla, mientras con el tiempo sus penas se iban pasando y olvidando.

Bueno, a lo que vamos, con nuestra querida Saray.
Ella se propuso coger estrellas y cada noche cogía cientos. Y además, todos los días volvía a leer aquel libro que parecía mágico.

Pasaban los días y los meses, y mientras su mamá conocía a un señor apuesto y muy guapo.

Con el tiempo, este señor se fue metiendo cada día más en su vida y también conversaba mucho con ella en el porche y el abuelo al anochecer.

Ella llegó a hacer una buenísima amistad con él, pues ella veía que su mamá era muy feliz.
Su mamá, al atardecer, salía al porche y les llevaba a todos unos refrescos, y entre la luz de aquella casa, se veía muy esplendorosa y aquel novio le decía cuánto la amaba.

Saray los miraba con mucho amor a los dos, pues se sentía muy feliz.

Así pasó algún tiempo, y cuando creyó que la botella ya estaba llena, entraba su nuevo papá por la puerta, diciéndole: "¿Dónde está mi niñita bella? Que me la como a besos".

Y se abrazaron fuertemente, mas la botella se le cayó, rompiéndose en un millón de pedazos, saliendo hacia el cielo millones de estrellas que iluminaron todo aquel precioso bosque.

Y desde todo el mundo, vieron nacer millones de estrellas nuevas, y hasta estos tiempos, hoy siguen brillando.

Pero para verlas realmente, hay que irse muy lejos en el campo, donde no haya luz alguna, de viviendas ni farolas.
FIN.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

domingo, 16 de octubre de 2022

**El solitario Juan.

 

El solitario de Juan es un chico carismático, lleno de ilusiones, pero un solitario amigo.
Siempre salíamos juntos, con otros cuatro amigos más; sí recuerdo que todos los domingos íbamos al pueblo, donde unas chicas preciosas nos esperaban. Después nos íbamos a la alameda y dábamos unos peroles fantásticos; lo pasamos maravillosamente.

Juan tocaba la guitarra muy bien y disfrutamos con él y las chicas.

Él se pegó a la más bonita; era Laura, qué preciosa era.

Así estuvimos años y también nos íbamos al cine; estaba bien, pero Juan era rarito.

De pronto le daba el voluntario, y se largaba sin decirnos adiós, y se iba a su casa.

Era un domingo en el cine, salió lloviendo, y Laura le siguió, pero él ni caso; ese día llegó a su casa, Laura entró con él y discutieron.

Él, frente a su ventana, vio cómo ella se marchaba por última vez.

No era mala persona, solo un poquito rarito; él nunca daba explicaciones.
Ya hoy, con 60 años, vive con su esposa, pero sigue siendo un hombre distante.


De pronto lo ves en el bar, que sale y se va a casa o se pone a andar.


Yo me lo encuentro muchas veces, y nos saludamos. Él sonríe cortésmente y poco más.

Este es mi amigo Juan, el guitarrista.
Bueno, lo que sí es cierto es que ninguno llegamos a cuajar con aquellas chicas.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

**Dos mil veinte virucienta.

 



En 2020 virucienta,
Bailando todo el año.
Esta, regocijándose de las personas.
Sin amor y sin piedad.
*
Virucienta le llamaremos.
que golpea a todos al pasar,
Bailando busca su presa.
Pero su tiempo se agota ya.
*
Solo le quedan minutos.
Cinco para no exagerar.
Y llegada las doce,
Su zapato se perderá.
*
Le darán en los hocicos.
con vacunas a montones,
No encontrando a su príncipe,
Morirá entre rincones.
*
Ya virulenta correrá.
Huyendo por las ciudades,
Buscando suburbios viejos,
Para infectar a otros ruiseñores,
Que no se pueden defender.
*
Ellos viajarán a otro mundo.
donde no hay luz ni calor,
Pues ahí su tiempo se agota.
Por este virus traidor.
*
Virucienta se irá marchando.
Poco a poco y sin querer,
No encontrando a su víctima,
Tenderá a desaparecer.
*
Ya las doce han sonado.
Huyendo, corre ya.
Su tiempo se va muriendo.
Para toda la eternidad.
*
Que este reloj no se pare.
y reluzca otro sentir,
Levantaremos el mundo.
Volviendo a resurgir.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.

**Samanta y su biblia.(cuentos)


Samanta fue una niña muy inteligente en el colegio, pero eran tiempos de guerra, tiempos malos y tristes.
Allí, en la Cochinchina, ella vivió toda la miseria junta, de un mundo podrido por la avaricia y la destrucción.
Los cosacos aquellos eran despiadados con todos, y prohibieron todos los libros.
Samanta tenía una biblia preciosa que no quiso deshacerse de ella, pues era antiquísima de sus bisabuelos o más en la familia.
En la plaza del pueblo, allí una gran montaña de libros dispuestos a ser quemados.
Más todo el que tuviera un libro en casa, serían quemados todos con la casa.
Así Samanta decidió hacerse unas zapatillas con aquella biblia, aprovechando cada contexto, cada frase, cada lágrima por todos, y vestida de mendiga decidió pasarse por la plaza aquella, que ardía tremendamente.
Ella dio muchas vueltas alrededor de la candela y, como esa biblia parecía tener poderes, en cada vuelta alrededor de la candela, todos los libros parecían arder, pero ninguno se quemaba.
La guardia, al ver las llamas, de más de diez metros de alta, decidió retirarse, pues aquello no habría quien lo parara ya.
Todo el pueblo rodeó aquel infierno, obligados por los soldados. Pero con el frío que hacía allí, se fueron acercando, más y más, a los libros.
Ese fuego no quemaba nada, mientras nuestra amiga saltaba más y más alrededor de todos.
Ya que vieron que se podían coger los libros.
Un monje que allí estaba con todos gritó:
¿Debemos coger todos los libros y enterrarlos en la cueva del olvido?
Era una cueva en la ladera de un río seco, a la que nadie se atrevía a entrar, porque allí se escuchaban lamentos que nadie entendía.
Y con el temor de que los cosacos exterminaran a todos, creyendo que ellos apagaron el fuego,
Así se atrevieron todos en fila, una fila larguísima de personas en las que todas colaboraron y los introdujeron en lo más hondo.
Conforme entraban, había una paz tremenda.
Mientras nuestra querida amiga seguía en la entrada de la cueva.
Así decidieron todos llevar hasta la plaza la cantidad de madera que seguiría ardiendo.
Para hacer la montaña de cenizas más o menos adecuada.
Mientras Samanta decidió ya marchar del pueblo con esa maravillosa biblia.
Y así todo se calmó y ella volvería, para poderla custodiar en su casa familiar.
Provocando así el fin de esa sangrienta guerra.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.