Baila la bailarina,
bella entre las más bellas...
no paraba de bailar
soñando con un príncipe,
que nunca llegará.
Bailaba día tras día,
con los pies destrozados...
Pero no podía parar,
pensando en su príncipe imaginario.

Pues no lo podía dejas,
pues sus lágrimas,
brotaban sin cesar,
más ella, no paraba de bailar;
pues su corazón dolido...
insistía en continuar.
Vueltas y vueltas que daba,
en la pista del deseo,
Ya para las cuatro de la mañana,
quedó sola frente a los espejos.

Más tarde esa madrugada,
con los ojos empañados,
de tanto llorar,
y cuando desfalleciendo estaba,
alguien la tomó en sus brazos.
Y danzando la llevaba.

Girando y girando,
tomada de sus manos va
mientras su rostro,
de nuevo fue embelleciendo...
paso a paso, beso a beso.

Luego ella posando,
entre sus hombros...
se quedó dormida;

Él gentilmente,
la tomó en sus brazos,
y a su lado descansó.
bella entre las más bellas...
no paraba de bailar
soñando con un príncipe,
que nunca llegará.
Bailaba día tras día,
con los pies destrozados...
Pero no podía parar,
pensando en su príncipe imaginario.

Pues no lo podía dejas,
pues sus lágrimas,
brotaban sin cesar,
más ella, no paraba de bailar;
pues su corazón dolido...
insistía en continuar.
Vueltas y vueltas que daba,
en la pista del deseo,
Ya para las cuatro de la mañana,
quedó sola frente a los espejos.

Más tarde esa madrugada,
con los ojos empañados,
de tanto llorar,
y cuando desfalleciendo estaba,
alguien la tomó en sus brazos.
Y danzando la llevaba.

Girando y girando,
tomada de sus manos va
mientras su rostro,
de nuevo fue embelleciendo...
paso a paso, beso a beso.

Luego ella posando,
entre sus hombros...
se quedó dormida;

Él gentilmente,
la tomó en sus brazos,
y a su lado descansó.

Transcurrieron algunas horas...
y la bailarina mágica despertó,
y de nuevo con mucho esmero,
comenzó a girar,
esta vez de felicidad.

Por fin, el príncipe,
de sus sueños...
La había encontrado;
ya tenía lo que tanto,
había anhelado...
Para amarlo y darle sus besos.
Juntos se marcharon.

Bailando un vals de ensueños.
En el palacio, ya descansan,
príncipe y princesa a la vez.

Y cada vez que llega la noche,
bailando juntos se la pasan;
en espera de un nuevo amanecer.


Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.



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