
El hijo de Dios de Enricostro.
Dios todopoderoso, creador de todos los universos, creó nuestra galaxia y de ahí un hermoso planeta que fue la Tierra.
Pero lo que él no creó fue la vida en este planeta, pues eso se produjo millones de años después.
Dios solo creaba mundos, galaxias, agujeros negros, cuásares, todo esto de las estrellas, millones de ellas.
Y hoy en día sigue haciéndolo.
Él nunca descansa, pues el infinito es tan grande que ni él consigue llegar al final, pues es interminable.
Él se alejaría tanto, tanto, de nosotros que jamás volvería a saber de este insignificante planeta, que es la Tierra.
Pero qué ha pasado, a Dios le atormenta algo y no sabe qué es, algo en su mente le molesta y un día se paró en un punto del universo.
Y concentrando su mente, vio que aquí, en este planeta, había seres que imploraban por él y suplicaban con rezos y demás.
Volvió su cabeza y nos vio tan chiquitos, como incestos, y dijo: "¿Pero qué es esto?", viendo que había gran diversidad de seres en esta tierra.
Escuchó las súplicas.
Entonces, Dios no podía intervenir en el ser humano; no estaba preparado para la ternura, el amor, el odio, el cariño.
Él es tan grande, que está por encima de todo esto, y si ayudaba a alguien, con solo señalarlo con su dedo para ayudarle, lo podría destruir incluso a la tierra entera; no podía ni fijar la vista en nosotros, nos mataría sin querer.
Es como querer partir un piñón con una superexcavadora; no quedaría nada.
Así decidió mandar a su hijo Jesús, en su nombre, aunque con menos poderes que él, pero él pensó que nos ayudaría a los seres de este planeta y lo hizo.
Y el gran Dios ha seguido con su trabajo en los confines de los universos.
Hoy por hoy, no nos oiría ni gritando el mundo entero; solo su hijo podría comunicarse con él.
Pero ¿qué pasó con Jesús, hijo de Dios? Era una bellísima persona, amigo de todos. Jesús curaba a los enfermos, como “leprosos”, y daba luz a los “ciegos” para que vieran; los “cojos andaban” e incluso“resucitaba a los muertos” que les suplicaban los familiares.
Tenía infinidades de poderes: las piedras las convertía en pan, multiplicaba los peces en un río muerto y, sobre todo, Daba amor, mucho amor.
¿Qué hicimos nosotros? En su confianza, le matamos, torturamos, golpeamos, le hicimos de todo lo malo, y él, que hacía, nos miraba a todos con cara de pena y dolor; no entendía cómo al único ser puro en este mundo, hijo de un Dios, él no entendía y que nadie levantara una mano por ayudarlo, él que lo daba todo por todos, y que nadie volcó ni una lágrima, que para pena de él se mofaban de él y se reían como si tuviera gracia su dolor. Qué triste.
Su madre María entendió que no éramos dignos de tener un Dios para todos y, resignada, aceptó su dolor, viendo cómo su hijo moría en la cruz por repartir amor.
Además de Jesús, mandó muchos profetas a esta tierra, que por muchos motivos todos y cada uno se fueron difuminando por este mundo, y ya veis, solo ha quedado en la tierra sus imágenes y en algún caso ni eso.
Imaginen si Jesús hubiera seguido en la tierra; todo sería diferente. Él hubiera tenido descendencia, quizás, con hijos con poderes como él, ayudando a millones de personas. Eso sí, no hubiera consentido que nadie acaparara riquezas mientras otros no tuvieran que comer. Todo sería diferente; incluso no creo que hubiera habido guerras. Sus herederos las hubieran rechazado y hoy seríamos todos más justos, más nobles, más humanos, más sabios, más de todo.
El mundo estaría sano, y no podrido como está, y quizás hoy todos seríamos un poquito de Dios.
ENRIQUE NIETO RUBIO.
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