sábado, 7 de noviembre de 2020

..Me falta tanto su presencia.

 



Me falta tanto su presencia,
 que sin ella perderé la razón.
*
¡Ella, cuánto me acuerdo de ella! 
¿Será... que es así el amor?
*
Porque me siento,
  en un mar de tinieblas,
 me ha dejado,
sumergido,
 en tanta oscuridad.
*
 Y con su capa me nublo,
y aunque quiero, 
por más que busco;
 no la puedo encontrar.
Ella...me falta ella sí,
 sin ella presiento perderé la cordura.
¡Ella! Sí, me acuerdo de ella, 
y ya no sé por qué razón.

Hoy vivo entre tinieblas...
y la desolación es absoluta;
*
He perdido la pasión,
 los deseos, la alegría y la ilusión.
Aun así, no le recrimino...
pues fue la dueña de mi amor.

Y aunque yo la sigo esperando...
la anhelo con ilusión;
pues el amor nunca se pierde, 
sí vive en mi corazón.
*
Deseo que por siempre sea fuerte
 y Dios le dé su bendición,
que ya la vida es dura,
 como para desear algo inferior.
*
Ansío que ella viva con su estrella, 
pues la mía ya se apagó;
ella fue solo un canto de sirenas,
 en una hermosa noche de amor. 

Enrique Nieto Rubio
*Derechos de Auto.
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.

jueves, 5 de noviembre de 2020

..En el país de las hadas. cuentos.

 


Lucilia se llama, es una niña. Tiene 11 añitos. En un accidente de coche. Una mañana de agosto, su coche, con sus papás y su hermana mayor. Se desbocó, por un terraplén, aquí en, despeña perros. Que es un paso de montaña, bastante peligroso. Esto fue hace un añito.

Allí está el coche todavía, pues no vale la pena subirlo de tan hondo como está.
De allí salieron todos muertos. Menos nuestra querida Lucilia. Ella, desde entonces, está en una cama, pues está parapléjica.

Tiene la mirada perdida, en el horizonte. Siempre está mirando, por una ventana; en una bonita casa en el campo. Cerca del Campo Bosco... en la Sierra de Córdoba.


Yo soy su cuidadora y siempre estoy con ella. Nunca desde el accidente ha hablado. Pero estos días de primavera, ella se siente más despierta y juguetona. Los ojillos quieren ir más lejos, pero el poyete de su ventana, no le deja ver más allá. 


Sus tíos vienen poco por aquí.

Hoy he decidido sacarla a la calle. Claro que aquí no hay muchos metros para pasear, pues esta casa, está construida en una de las montañas más altas, de la sierra... Pero los paisajes son de lo más hermoso, de este mundo. 

Aquí en su sillita el sol reflejándose en sus hermosos cabellos. Parece resplandecer de belleza.

Lucilia es una niña de cabellos rubios, piel muy blanca, chatita, vamos es preciosa. Su sonrisa la hace aún más hermosa. La he dejado en el porche, cerca de un muro, que rodea toda la finca. 

He entrado a hacer algunas cosas, pues la vigilo por la ventana en todo momento.

Yo me llamo Guadalupe y soy de México; me vine con mis padres a España. Tenía entonces 14 años, ahora tengo 21 años, y desde hace 5 años estoy en esta casa. Duermo, como y vivo aquí siempre. Me tratan maravillosamente.

Y cuando llegó Lucilia, mi vida cambió por completo; desde ese día. Ella ha sido mi muñequita, la quiero como si fuera mi hermana.
Moriría por ella, en cualquier momento. Es el reflejo de mi vida, y me llama Guada desde entonces.

Como os he dicho. La tengo fuera de la casa. He sentido reírse a carcajadas y se está mirando el brazo. Tiene una luciérnaga revoloteando a su alrededor, y se le posa en cada vuelta en su brazo... Ella ríe, con locura, hasta se le ha posado en su nariz. ¡Está loca de contenta.! 

He salido y le he preguntado:
¿Qué te pasa Lucilia, por qué te ríes tanto?

¡Hay Guada, es un hada, me ha visitado, y me ha dicho; que me llevará un día volando, por todo el campo.!


¡Ah sí!, yo me alegro mucho, ¿ya tienes otra amiguita?

¡Si Guada es un hada preciosa, tiene sus alitas de oro y su cuerpo de plata, es muy bonita, estoy muy contenta.!

¿Bueno quieres que te meta en casa ya.?

¡No por favor déjame un poco más, el sol me calienta mucho, y me siento muy agustito, Guada te quiero mucho.!

¿Yo también mi tesoro.?

¿Si me necesitas me llamas, vale... esto de que hables es maravilloso? ¿Estaré en la casa.?

Al ratio unas risas tremendas salían de su boca, yo me fui a la ventana del baño que daba enfrente de ella, así le veía la carita y lo que hacía.

Tenía en su mano una santa Teresita, pero me ha sorprendido mucho... está hablando con ella, y Lucilia le está contestando. Yo siento un sonido bajito, que salé del bichillo este y también... mueve la cabeza, ¡parece que es cierto! Que habla con ellos.

Lucilia les pregunta:
¿De veras que sois hadas?
Ellas parecen responder:
¡Claro que sí!, hemos venido a llevarte a dar una vuelta.

¿Me llevaréis en serio?
¡Claro que sí!

He seguido con lo mío, pero hace unos minutos que no la oigo, he creído que se había quedado dormida. He salido, porque me he asustado mucho. 

Su silla está vacía, los temblores se han apoderado de mí. Estoy mirando por todos sitios, pero no veo a mi niña, no sé qué hacer...  Estoy mirando por los acantilados estos, pero no se ve nada. 

Esto parece una pesadilla, he cogido el teléfono, para llamar a los tíos, y de pronto se me ha parado encima del teléfono, un bichillo. 

Si es como una libélula, ¡pero no es!, es un hada preciosa y me ha dicho:

¿No busques a Lucilia, pues está con nosotros, visitando el reino de las hadas.?

¡Venga!, no me lo puedo creer, cómo es posible.

¿Pues ya lo ves, las hadas hemos existido siempre, solo hay que creer.?

Me he sentado en una silla, me he quedado flojita.

¿Me dejas que te coja.?
¡Bueno, si así te sientes mejor.!

La he cogido en la palma de mi mano, es divina, dulce y delicada... me la he pegado a la cara y me hace cosquillas con sus alas.

Su olor es parecido al de la vainilla, unununun es para comérsela; la estoy besando muchísimo.
El hadita me ha dicho:

¿Quieres venir conmigo, te llevaré al reino de las hadas y estarás con Lucilia.?

¡Sí, sí, por favor... lo deseo tanto!

Así que de pronto he desaparecido, y al instante me he encontrado en el país de las hadas. 

El lugar es como el de los cuentos de fantasía, con  unas cascadas de agua de colores. Maravillosos valles llenos de flores preciosas, millones de hadas revoloteando, por todos sitios.

Hay un inmenso palacio de cristal, subido en una cúpula inmensa de grande, rodeada de raíces gigantes enroscadas todas echas de color esmeralda.
Millones de estrellas en las que las hadas revolotean de una en una, y hacen soplar a las galaxias, para que sigan girando; mundos preciosos de flores que vuelan, y mares de olas gigantes y hermosas.

Las pequeñas haditas corren y vuelan por toda la superficie, entonando lindas melodías.

Es lo más bonito jamás visto por mis ojos... allí mi Lucilia sonreía feliz.

La llamo:
¡Lucilia, Lucilia!
Mi niña me miró, con una cara de felicidad.
¡Guada mira!, ¡estoy andando.!


Mi lucilia corría por encima del agua. Llevaba un camisoncíto de encaje blanco, y sus piernecitas corrían tremendamente... el agua salpicaba y daba vuelta y vueltas con sus brazos en cruz. 
¡Estaba sana y más llena de felicidad que nunca!

Yo me deslicé por el aire y le agarré de su mano, y bailamos las dos durante muchísimas horas. Éramos muy felices las dos.

Y cuando yo miraba para el pasado, veía a Lucilia en su sillita de ruedas. Mis lágrimas brotaron y no quisimos volver jamás.

Así que, ambas decidimos estar en el país de las hadas para siempre. Nos quedamos abrazadas y dando vueltas por el aire... las hadas regocijadas, nos rodeaban dando vueltas a nuestro alrededor.

Aquí en este mundo, nunca anochece y nunca existe la tristeza, todo es amor y alegría...  Siempre se está jugando y cantando.

Todo es real, si tú lo quieres, pronto nos convertiremos como ellas... ¡seremos hadas para siempre jamás!

Solo tienes que cerrar los ojos, puedes imaginar mundos insólitos colmados de todo lo más maravilloso... y volar, reír, cantar y ser eternamente feliz.

Y colorín, colorado... este hermoso relato de haditas, ha terminado.


- Fin -


Enrique Nieto Rubio
Derechos Reservados 
    Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

jueves, 29 de octubre de 2020

..Cuando muera días de difuntos.

 



Cuando muera en este día,
en que tengo que morir,
recuerda tu vida mía,
que moriré para ti.

Yo seré tu alegría,
 me tendrás junto a ti,
te daré ese cariño,
 que me pides, todo para ti.

Cuando muera,
 en este día de difunto,
y por fin ruedas sonreír,
ya viviremos los dos,
en este campo santo,
los dos seremos,
 los más felices.

Sé que tardaré,
 un poco mi amor,
y lo haré solo por ti,
tú en un laito de la caja,
 y yo juntito a ti,

estaremos muy pegadito,
 y eso te gustará,
pues no hay cosa más bonita,
 como entonces en el altar.

Cuando muera en este día,
 en que tenga que morir,
yo te juro vida mía,
 que moriré para ti.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

lunes, 26 de octubre de 2020

..Gorrioncillo se va,minicuento....

 


Un gorrioncillo que en su nido estaba, ya casi listo para volar, formadito y con toditas sus plumas; se agarraba a su nido agitando sus alas para comprobar su resistencia.
Pero tenía miedo de fracasar, pues dejar su casa, sería un gran paso para él. Con el temor de no poder volver… Un día nublado decidió arrancar el vuelo con mucho miedo... ¡Salto! Fue revoloteando sin saber a dónde ir.
Ya desconcertado, perdió el sentido de donde estaba su casa... y se asustó aún más. Llamó a su mamá, pues no la veía. Pero su mamá, aunque él no lo sabía; estaba pendiente de él, desde lo alto de un árbol.
- Mamá... ¡Me he asustado mucho y no te veía!
No te preocupes, hijo….¡No pasa nada! Vamos ven conmigo.
Volaron y volaron y ya jamás volvieron a su nido. El mundo era nuevo para él y buscó nuevos rumbos
.



Ya separado de su madre, voló y voló tremendamente lejos... olvidándose de todo, y fue de lo más feliz del mundo, pues encontró una gorrioncilla hermosa, con dos brechas doradas en sus alas, y se enamoró de ella. Volaron los dos juntitos, pues lo más duro fue dejar sus casas para empezar una nueva vida juntos. Ella tenía miedo de empezar otra nueva vida con él, pero tenía que intentarlo.
El temor de ser desprotegida por él, era presente en su mente, pero él era buen gorrioncillo y la amaría para siempre. Así buscaron un nuevo hogar para formar su familia, y vivieron felices para siempre jamás.


Moraleja:
Si no das el primer paso en la vida, jamás conseguirás un mundo nuevo.


Enrique Nieto Rubio
*Derechos de Autor*

Francisquito el niño pastor de ovejas.

 



 


Zahara de la Sierra, Algodonales... Aquí, en el municipio de Zahara de la sierra, nació Francisquito.

Era un niño de una familia muy humilde, que vivía en un pequeño cortijo, cedido por unos señores; de los más ricos de la región, que se marcharon a Madrid, hacía bastantes años atrás; dejando a los padres de Francisco a cargo de todo.

Cuando Francisco nació, su madre cayó enferma, y quedo en cama muchísimo tiempo.


Su padre José, al ver que su esposa no mejoraba, y viendo que su matrimonio era una calamidad, por parte de él, que se había echado a la bebida. Se fue, a la provincia de Málaga; a vivir solo con su botella, y allí se le perdió la pista.
Juan, su abuelo, fue el encargado de llevar las riendas de la finca.
 Los señores no les cobraban nada; es más, le pagaban al abuelo, un dinero por proteger y cuidar la finca.
Francisquito, era como le llamaba toda la gente que lo conocía. Fue creciendo con su abuelito, y junto a su mamá; ella no mejoraba nada.

Ya cuando Francisquito tenía siete años, era un hombrecito muy valiente. Ayudaba a su mamá a sentarse en el porche, para que tomara el sol; y allí se quedaba toda la tarde.

Un día el abuelito le preguntó: ¿Francisquito serás capaz, de llevar las ovejas a pastar?

Francisquito respondió: ¡Claro que si abuelo! ¿No ves que ya soy grande?

Bueno, dijo el abuelo; a ver cómo te portas pillín. Llévate a Pinto, el perro guardián de ovejas, él te ayudará a controlarlas y cuidarlas.

Así lo hizo Francisquito, sacó vente ovejas esa mañana; después de sacar a su mamá al porche.

La madre, con la cabeza un poco caída, despedía a Francisquito alzando un poco la mano, y sonriéndole con esa sonrisa de madre resignada.

Ya cayendo la tarde, a Francisquito se le escuchaba venir tocando su armónica, que el abuelo le había regalado a los dos añitos.

Su madre al verlo llegar llamaba al abuelo, <con la mano>, pues su voz era muy tenue. Se acercó el abuelo a su cara y ella muy bajito le decía: ¡Míralo! ¿Parece un hombre verdad?

El abuelo respondía: ¡Sí, hija...es que ya es un hombre!


Llegando a la casa, Francisquito metió en el corral todas las ovejas, pues también le tocaba con el abuelo, ordeñarlas... pero no antes de ver a su madre, y llenarla de besos.

Le trajo un ramo de margaritas, anaranjadas, preciosas, rodeándolas de lindas amapolas.

Así continúo Francisquito, mucho tiempo. Un año tuvo que cambiar de recorrido, pues el pasto estaba más bien escaso.


Decidió irse más arriba en la sierra.
 Él, llevaba su buen petate en su mochila y llegando el mediodía; se sentó en lo más alto, y se echó sobre unas rocas; allí controlaba el rebaño mejor.

Sacó su buena tortilla de patatas... esa tortilla que el abuelo le preparaba, gorda y esponjosa, y su buena bota de agua fresquita, y se puso a comer con unas ganas locas; y se puso hasta las trancas, como se suele decir.


Se echó sobre la roca, echando el eructo más grande de sus días; pero de pronto se derrumbó la pared y cayó para dentro de la roca. Rodó y rodó... pero él se reía como un loco ¡Ajajajajaja! ¡Ajajajajaja!

Exclamando: ¡Pero qué es esto!

La cueva tenía dos metros más o menos de grande y de honda, casi lo mismo.

Francisquito se levantó y mirando a su alrededor, vio que allí en el fondo había una virgencita; no más grande de cincuenta centímetros, con unas pulseras que parecían de oro, y un manto de seda blanco luminoso.

La imagen era preciosa y entre sus brazos tenía una vara de dos metros, que ayudaba para que no pudiera caerse; otro gran manto labrado en oro estaba posado a los pies de la imagen.


Francisquito se puso de rodillas, y le pidió a la virgencita, que ayudará a su madre a que se pusiera buena.

Pasó la tarde y Francisquito no quería dejar allí a la virgencita; así que la cogió con el manto dorado y la envolvió.  Y la metió en la mochila.

Pero el tiempo transcurrió pronto, y llegó la noche; así pues, con su vara en la mano, le dijo a su buen perro Pinto: Amigo en la oscuridad, no veo ni torta, así que tendrás que guiarnos.

Le toco con la vara que cogió de la virgen, y el perro ladró a sus ovejas y las reunió a todas y marcharon a la casa.

Pasó algún tiempo, y ya se veía la luz de la casa a lo lejos; el abuelo estaba de lo más preocupado; pero ya se sentían las ovejas regresar y se tranquilizó.

Francisquito las metió en el corral y fue a ver a su madre; se acercó a la cama y ella de pronto se sentó y le dijo:


¡Hijo mío, me tenías muy asustada!

Ya lo sé, mamá, es que se me pasó el tiempo, y como estaba más lejos, no calcule la distancia.

Se abrazó a la madre, y bueno, no paso más.

A la mañana siguiente, cuando Francisquito se levantó, el abuelo ya había ordeñado todas las ovejas y se dio cuenta, que tenía dieciséis borreguitos más, pues hasta esta mañana no se había percatado de ello.

Francisquito se dirigió a la cocina para coger su petate, y allí estaba su madre, sana como una pera. Él dijo: ¡Mamá!

La madre se volvió... ¡Hijo! Y lo abrazo con una fuerza tremenda.

Francisquito salió corriendo, pegando voces, exclamando: ¡Abuelo! ¡Abuelo!

El abuelo asustado se imaginó lo peor.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa? - Mamá... ¡Es mamá!

¿Qué, que.? - Mira abuelo allí en la ventana.



El abuelo salió corriendo a la casa... allí estaba ella de pie; con uno de los vestidos más bonitos que tenía, pues nunca pudo lucirlos. El abuelo abrazó a su hija y preguntó: Hija, ¿Cómo es esto?,

¡Ay! No se papá ... Mírame estoy perfectamente, ya lo ves.


Saltaron de alegría, y ese día se lo tomaron de descanso; sacaron a las ovejas que estuvieran por la finca sueltas y celebraron una gran fiesta.

Francisquito se dio cuenta, que eso fue un milagro de la virgen. Él la había subido a su cuarto y corriendo hacia donde Ella le dijo:

¡Gracias virgencita por curar a mi mamá! Aquí tienes un vaso de leche, de la más buena de las ovejas... y luego bajó de nuevo al lado  de su mamá.

Ya abajo le dijo: ¡Mamá...!Ven, ven!

¿Qué quieres hijo?

- Ven a mi cuarto, te enseñaré algo.

Subieron los dos, y cuando ella vio esa virgen que irradiaba luz propia, se arrodilló, dando gracias al cielo por estar en su casa.


La madre le contó a Francisquito: 

Cuando era pequeña, en tiempos de guerra, el párroco escondió la virgen, en un sitio que nadie sabía; pero cuando el párroco entró ese día al pueblo, una bala traicionera le reventó el corazón; cayendo al suelo fulminado, y desde entonces jamás se supo nada de la virgen.

Así que la tuvieron muchos días en casa... Francisquito seguía con sus ovejas.

Yendo a la sierra.

 Un día, al atardecer, en una hondonada, unos lobos decidieron hacerle a Francisquito una emboscada.

Ya de vuelta él se puso a pensar que, antes, allí jamás hubo lobos.

Francisquito con su perro y su vara, fue matando y matando a los lobos; eran seis muy grandes, pero esa vara tenía poderes; pues con un solo latigazo a un lobo mataba.



Cuando llegó a la casa, el abuelo le dijo:

¡¡Hijo, los lobos han matado bastantes animales de los alrededores, y son muy peligrosos, menos mal que tú estás bien.!!

Él le respondió:¿Abuelo, yo he matado a seis lobos que nos han atacado.?


El abuelo le creyó, pues aunque parecía una historia producto de la imaginación fantástica de un niño... Francisquito jamás dijo una mentira.

Se dirigieron al mesón del pueblo, allí estaban todos los hombres reunidos; dispuestos a hacer una batida, esa misma noche.

Era una noche de esas oscuras y frías, cuando llegaron... Francisquito les dijo:

Ya no debéis de preocuparos ¡Los lobos están muertos! ¡Yo los he matado!

La verdad es que eso era difícil de creer y todos lo de la cantina empezaron a reír. ! ¡Jajajá!! Jajajá!

¡Qué bueno! Decían unos... y nadie estaba conforme. Se creían que Francisquito había perdido la cabeza, así que todos con las antorchas se dirigieron a la hondonada del camino, y si era cierto... allí estaban los lobos, todos muertos.

Cogieron a hombros a Francisquito, y lo llevaron hasta el pueblo. 

Allí se corrió la más grande de las fiestas, llamaron a todas las mujeres del entorno. Corrió el vino y la comida a róales; nadie pensó quién pagaría aquello, pero hasta el alcalde estuvo esa noche, junto con los alguaciles, entre otros... Cantando y bailando.

Ya sobre las diez de la noche, se abre la puerta del mesón, y entró la madre de Francisquito, con su vestido más bonito... estaba radiante; hermoso como ella misma.

De pronto todo se quedó en el más grande de los silencios, Francisquito dijo:

¡Mamá!

La madre alzó un bulto que llevaba en las manos, quitándole un paño que lo cubría... era la virgen del pueblo, todos asombrados dijeron:

¡Viva la virgen! ¡Viva la madre de Francisquito!

- Todos exclamando: ¡Viva! ¡Viva!



Fue precioso ese momento... aplaudieron todos, eso fue la bomba. El alcalde mandó sacar esa misma noche, todos los cohetes; ese iba a hacer el primer día de feria, para todo el pueblo.

Desde entonces, todos los años es fiesta el 1 de abril; Día de la virgen del pueblo, y la sacan en procesión todos los años.

 La cual, termina en el mesón y cuando acaba la celebración, vuelve a la antigua iglesia del pueblo.
Donde todo el que tenía un problema, la virgen se lo resolvía,
en este pueblo desde aquel bendito día jamás nadie enfermo. Y la felicidad reino en él.

Y así acaba esta historia, fruto de esta mente, llena de fantasía.

- Fin -


Enrique Nieto Rubio
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.
*Derechos Reservados*



Un beso para todos los que lean mi historia.
Solo es un hermoso regalo.