jueves, 28 de mayo de 2020

..La Sirenita enamorada de Enricostro. (cuentos)






Por allá, en el año novecientos treinta y seis, unos piratas del Norte de África; en su gran nave rodearon el estrecho de Gibraltar.
Decidieron ingresar en una noche de luna llena, para servirse de la luz que está emitía; con el propósito de sorprender y robar; a unos pescadores que se encontraban lanzando sus redes al agua, con la esperanza de una buena pesca obtener.

Justo en el momento, cuando se disponían a atracar a los pesqueros; divisaron que una sirena saltaba delante del barco... protegiendo a las pequeñas embarcaciones pesqueras.

Los bucaneros, de inmediato, decidieron apresar a la sirena; y sin mucho esfuerzo, con éxito lograron su misión.

Mientras se dirigían al muelle de Cádiz, algunos de sus tripulantes compararon a la sirena con una mujer; y para ellos la presencia en el barco de una chica era como un amuleto de mala suerte; por lo que al llegar a su destino, decidieron venderla a muy buen precio... a unos mercaderes del lugar.

Los comerciantes se dirigían hacia Córdoba; sin embargo, en este lugar se estaban librando grandes batallas entre unos y otros; así pues, pronto se vieron envueltos en estos enfrentamientos.

Cuando decidieron huir, determinaron que lo mejor sería abandonar a la sirena; dejándola libre en el Río Guadalquivir, cerca del puente.




Cuando llegó al poder Al-Hakam II, el Califato cordobés se encontraba consolidado en el norte de la Península; con los reinos cristianos bajo vasallaje, así como en el Magreb occidental, controlado por el Califato cordobés... bien mediante sus propias tropas, o por medio de tribus aliadas o sometidas.

A su muerte, Al-Hakam II dejó el trono cordobés a un muchacho de once años, Hisham quien, por su corta edad, carecía de experiencia política.

No obstante, este joven califa, contaba con el apoyo de su madre, la concubina Subh de Navarra; y el ministro Al-Musafi; además de la de un hombre llamado Abi Amir Muhammad, futuro al-Mansur Almanzor... mientras esto sucedía, los conflictos continuaban por toda la región.

Allí, en el río Guadalquivir, se encontraba la Torre de Calahorra, lugar donde vivía el Príncipe Hisham.



Un buen día, cuando Hisham se encontraba en lo alto de la torre; divisó lo que parecía ser un enorme pez... esto llamó su atención, pues en el lugar nunca había observado uno de gran tamaño.

El pez se encontraba nadando muy cerca de la torre de la Calahorra; así que sin pensarlo dos veces, bajó corriendo hasta los sótanos... pues allí estaba dispuesta una entrada, que llegaba hasta la orilla del río.

Hisham pronto se percató que no era un gran pez el que había avistado... Sino, una linda sirena.

En ese momento estaba poniéndose el sol, y la hermosa sirena, sin demostrar temor alguno, ante la presencia de Hisham; sentándose en una roca que se encontraba junto al molino... Comenzó a entonar dulces melodías.



Al principio Hisham, para no asustarla... se ocultó detrás de algún arbusto; gustaba de contemplar la gracia y delicadeza, con la cual, la sirena en el agua feliz se desplazaba.

Con infinita paciencia, su confianza fue ganando; y sus visitas se volvieron rutina. Cada atardecer, el joven príncipe Hisham, llegaba a la orilla del río... Para escucharla embelesado, hasta altas horas de la noche.

El cabello de la sirena era dorado, como finas hebras de oro; con el cual la sirena casi siempre, a medias, su rostro escondía... pues era muy tímida.


Sin embargo; de vez en cuando de valor se armaba, y hacia él volteaba... Pues del príncipe se había enamorado; y cuando sus miradas se encontraban, ella sonrojada... Coqueta le sonreía.

Los encuentros se volvieron rutina, pues Hisham siempre y después de terminar con sus estudios; se dirigía hacia los molinos, y en el río con la sirena se reunía, para juntos en el agua jugar.

Ambos se tomaban de la mano, y se regocijaban nadando por la superficie del agua. Con el tiempo, se aventuraban mucho más, pues el príncipe delicadamente la tomaba por la cintura; y por breves instantes el fondo del río se aventuraban a explorar...

Hisham constantemente perdía la noción del tiempo; así que cuando se hacía muy tarde, su madre desde la torre lo llamaba... Y él, un tanto apesadumbrado, la mano levantaba; despidiéndose de la bella sienita.

Así transcurrieron los años... Y el joven príncipe, también de la sirena, se enamoró; más nunca a su amada se lo confesó.

Hisham estaba consciente que ambos procedían de dos mundos completamente diferentes, y por ende nunca un hogar podrían formar... Y aunque esto era causa de dolor; sus hábitos nunca cambiaron; pues todo su tiempo libre, con ella compartía.

Un día por la mañana, muy temprano, mientras Hisham se desperezaba en la torre, observó cuando río abajo, en una barca... Cautiva llevaban a su amada sirena.



Hisham presuroso salió corriendo escaleras abajo, alertando a la guardia de lo que estaba sucediendo...Más era demasiado tarde; pues la barca, rápidamente, en el horizonte, desapareció.

Hisham inmediatamente, en la Mezquita, convocó a todo el pleno; para que se iniciara una búsqueda minuciosa, hasta encontrar a la sirena.

Pasaron algunas semanas, y todos los esfuerzos resultaron infructuosos; nadie daba razón de su paradero

Los raptores la estaban utilizando para realizar presentaciones en las ferias... La sirena sumisa obedecía a todo cuanto le pedían; a cambio de alimentación.






Adultos y niños, se aglomeraban para ingresar al estanque donde se presentaba la sirena... Todos la querían conocer y escuchar su voz angelical.



Como nunca antes se había capturado a un espécimen tan singular, la exhibición de la sirena fue todo un éxito; obteniendo que sus captores muy pronto, de plata, llenaran los bolsillos.


Así pues, los rufianes pronto comenzaron a viajar por toda España, visitando cada poblado donde hacían acto de presencia las ferias; por lo que el contenedor de agua, que resguardaba a la sirena, se contaminó.


Los captores de la sirena ignoraban, que el vital líquido debía de mantenerse en perfecto estado... Razón por la cual, el estado de salud, de la sirena se deterioró.

Mientras tanto, Hisham se encontraba desolado; negándose a continuar con sus estudios y actividades diarias.

Se encerró en la torre, e incluso allí dormía... Oponiéndose a bajar del lugar; indicando que estaría confinado, hasta que encontraran a la sireníta.

Un día la madre recibió una misiva, proveniente del norte de España; en la cual se informaba del lugar, donde unos feriantes mantenían retenida a la sirena.

Asimismo, aconsejaban que debían de apresurarse con el rescate, pues la sirena se encontraba confinada y moribunda en un estanque abandonado.




La madre inmediatamente subió a la torre, para poner al tanto de la situación a su hijo... Y el joven príncipe, saltando de la emoción, sintió que por fin de nuevo a su lado estaría; y presuroso dispuso lo necesario para acudir en su auxilio.

Hashim quien había compartido, mucho tiempo al lado de la sirena; era un experto en cuanto a las necesidades y el cuidado de su amada; así que de forma inmediata ordenó a los artesanos de lugar, construir un contenedor lo suficientemente grande, para albergar cómodamente a la sireníta.

De la misma forma, se construyó un enorme carruaje, el cual sería jalado por los caballos más fuertes del reino; sobre el cual cuidadosamente se acomodó el contenedor lleno de agua purificada. Estas labores se realizaron en tiempo récord.

Hashim acompañado de los primeros rayos de sol, al día siguiente, rumbo al norte con su ejército, marchó.

Para ese entonces, España estaba toda dividida por reinos; así que para llegar a su destino debía ir solicitando salvoconductos... Por todo reino donde transitaban, incluyendo aquellos con los cuales no mantenían buenas relaciones.

Para tratar de evitar mayores retrasos o inconvenientes, el príncipe decidió que viajaría con el menor grupo de guardias posible, y la travesía la harían bajo el amparo de las noches.

No obstante, no lograban avanzar con la rapidez deseada, pues mientras iban pasando los meses, la paciencia del joven se terminaba; por lo que determinó que viajaría durante la noche y el día... Y tomarían solamente unas cuantas horas para descansar.

La buena fortuna estuvo de su lado, porque durante todo el trayecto, no necesitaron enfrentar mayores inconvenientes; ya que se había corrido la triste noticia, de lo que acontecía con la desdichada sirena.

Sin embargo, cuando arribó al lugar donde se encontraba la sirena; observó que su estado era calamitoso; el torso de su cuerpo y su cola, se encontraban en total deterioro...


La pobrecita estaba al borde de la muerte, reposando en medio de un estanque casi seco y nauseabundo.

El príncipe, sin poder el dolor contener, la tomó entre sus brazos... Por instantes tan solo le hablaba, y cuando esta no reaccionaba la sacudía... Tratando de estimularla; pero ella apenas tenía fuerzas para respirar.
.

El príncipe Hisham ordenó a sus guardias, que se volvieran de espaldas; se mantuvieran atentos y vigilantes... Mientras él rápidamente se dispuso a tratar las lesiones, que había adquirido a causa de la inmundicia y del tiempo que había transcurrido sin movimiento y cuidado alguno.

Hisham se sentía abatido y sumido en la desesperanza; más no se dejó vencer.

Con suma delicadeza comenzó a limpiar su piel; la cual se encontraba amoratada y llena de llagas. Su estado era deplorable; pues escamas, en grandes áreas de su cola, habían desaparecido completamente, por falta de lubricación.

Después la subieron al carruaje, y la posó con sumo cuidado en el tanque de agua cristalina... Pero se encontraba tan débil, qué imposible le era, mantenerse a flote.


El príncipe ordenó al cochero que guiará el carruaje de forma gentil, y a sus guardias que evitarán cualquier tipo de confrontación.

Las instrucciones de Hisham fueron, que en caso fuese necesario... Estaría dispuesto incluso a entregar su reino, a cambio del bienestar de su amada.

La caravana comenzó su recorrido de vuelta a casa; mientras el príncipe en el contenedor de agua viajaba, con la sireníta en brazos... A quien con pañuelos de seda sus heridas diligentemente cuidaba.


Mientras curaba su lacerado cuerpo, los lienzos se infestaban con partículas de piel y escamas, los cuales Hisham iba tirando por el trayecto del recorrido; dejando detrás de la caravana, un sendero de paños; "Senda construida con residuos...de las heridas de su amada; y lágrimas de sangre... Vertidas por un hombre completamente destrozado".

Al viento volaban cientos de pañuelos, provenientes de Persia; de exclusiva seda, y colores hermosos... Motivo por el cual, en su momento, los guardias temieron, serían presa fácil de encontrar, por parte de sus enemigos.

Cuando por fin llegaron a Andalucía, todos se sintieron más seguros; más el príncipe aliviado respiró, hasta el instante en qué... Frente al puente, el carruaje, su jornada concluyó.

No obstante, aún no había cabida para la felicidad, pues la sirena parecía que terminaría dándose rendida. Hisham junto a ella, cerca de los molinos, permaneció; curando y cuidando de sus infectadas heridas...

Con el tiempo el joven príncipe, hasta la vergüenza perdió; pues aunque sabía, no poseía el don para cantar... En varias ocasiones, bajo el puente, tristes melodías se le escuchaba entonar; en las cuales, a su amor, imploraba no dejar de luchar.

Cuando Hashim vislumbraba un pequeño avance en su amada, de sus brazos la liberaba... Y a los pocos segundos su cuerpo hacia el fondo del río iba a parar... Todo aquel quien pudiese observar ese espectáculo, el corazón en pedazos, le partía.


En otras oportunidades, cuando el príncipe creía percibir una dulce sonrisa... A los segundos, en sus brazos, volvía a desfallecer.

La preocupación por la sirena, se sumó al temor de que el príncipe enfermaría también; pues su piel comenzó a agrietarse, por el exceso de tiempo que permanecía sumergido en el agua.

Su madre sufría, y con ella, todo el pueblo en general; ya que Hashim se rehusaba a que alguien más, al menos por escasas horas, ocupará su lugar... Para ayudar a continuar con tan titánica labor.

Sin importar si era de noche o de día... Él a su lado


Permanecía. El amor que demostraba por la sirena... Poco a poco, a todo el mundo contagió. Pues los habitantes de la región dejaron atrás sus diferencias de raza o religión; y se unieron en oración, compartiendo el pesar y preocupación por la salud de la pareja.

El joven jamás se rindió... Y con el paso de los días; por fin con certeza observó, que las heridas muy lentamente... Pero con seguridad iban sanando. La misma rutina, el príncipe vivió día con día. A veces acompañado por su madre o consejeros; y en muchas ocasiones más, solamente por la luna, silente, testigo de largas y frías noches de dolor y agonía.

Cuando contaba con la luna, como única compañía... Esta se reflejaba en el río y a sus pies; a quien el joven príncipe, le suplicaba:
¡Concédeme la salud de mi amada, porque sin ella... ¡La vida misma no podré concebir!


Hashim pasaba las horas observándola descansar, con la cabeza de la sirena sobre su pecho; mientras que él tiernamente... En sus brazos la arrullaba, susurrándole tiernas palabras de amor.

Una noche, mientras el príncipe conversaba con la luna...de pronto las aguas se comenzaron a enturbiar; y con ello el reflejo de la luna se iba desvaneciendo. Así pues, sin compañía alguna y casi en completa penumbra; Hashim rendido por el cansancio... Por escasos minutos dormido se quedó.

Algún ruido del ambiente, su sueño interrumpió, y al no sentir el peso de su amada sobre su pecho; se percató que no tenía a la sireníta en brazos... Aterrado abruptamente, se levantó; pensando que la corriente del río, una vez más, se la había arrebatado.

Cuando se disponía a gritar por ayuda... Escuchó unas pisadas en el agua; cuando fijó la mirada del lugar donde provenían los pasos, vió a su sirena amada... Convertida en una preciosa mujer.

Ella lucía rozagante y llena de vida; quien un tanto tímida, de frente y luego de espaldas, a su amado le lució.

El príncipe hacia ella corrió, se abrazaron y luego tomados de las manos; ambos, aun chorreando y salpicando agua por doquier, salieron del río...


Y tal cual solían hacer en el pasado; solo que ahora, en tierra firme, giraban y giraban... desbordantes de júbilo y vitalidad; agradeciendo a la luna, por el deseo concedido.


Luego Hisham, la tomó en brazos y a sus aposentos la llevó... Y tal cual se hace con un niño; él tiernamente entre las sábanas de seda la acomodo.

Acto seguido su cabeza levantó, para ubicar su hermosa cabellera dorada sobre la almohada... La chica de inmediato plácidamente dormida quedó.

El joven príncipe, embelesado, no podía apartar la mirada de su dulce rostro... Así como, de abstenerse a acariciar su sedosa cabellera; mientras tanto, Hisham para sus adentros pensaba: Amada mía, eres la mujer más bella y tierna de toda Andalucía.

Toda la población había estado pendiente del estado de salud de la sirena, y sumamente consternados por la de Hisham... Por lo tanto, al día siguiente; a todos el príncipe anunció la nueva buena... Y el pueblo de regocijo se llenó.

Acto seguido, el príncipe invitó a la chica para que se uniera a él, en el balcón... Proclamando:
-Les presento a mi amada sirena, hoy gracias a la luna... Convertida en toda una mujer.

La sirena agradeció a todos los presentes por su apoyo, aceptación y muestras de consideración. Todos quedaron maravillados con su singular belleza... Pero sobre todo, por la dulzura que se destacaba en la joven doncella.

En un breve lapso de tiempo, la boda se celebró; ya que esta no requirió de grandes preparativos.

Los jóvenes desearon, como único ornamento, unir sus vidas bajo el amparo que luz de la luna; quien ese día, más brillante que nunca, se presentó... Haciéndose acompañar de infinitas estrellas alrededor.

A este evento, todo aquel que deseara acompañarlos, fue gratamente bienvenido; pues los jóvenes príncipes, sabían que su pueblo... Así como personas de tierras lejanas, a su lado, estuvieron, en los momentos de mayor aflicción.


Bueno, mis amigos, este cuento de amor y fantasía ha llegado a su fin; espero haya sido de su agrado.






Enrique Nieto Rubio.

*Derechos de Autor*
Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.
En la presente narración, orgulloso, me he permitido compartir, algunas imágenes de mi hermosa tierra; la cual, en mi humildemente opinión, considero la más bella de toda Andalucía.



..No te sientas sola niña de Enricostro (poema)

No te sientas sola niña,
que yo contigo estaré...
Que aun llegando la noche,
y tú no me puedas ver;
yo seguiré a tu lado,
cuando me quieras tener.
Mi mente será la tuya...
Rodeada de magia e ilusión.
Mis besos serán los tuyos,
en una noche de pasión; 
en un gran amor profundo,
te colmaré de deseos
llenos de amor y caricias,
caricias, y muchos besos.
Y aunque tú no lo creas,
esa será mi brisa...
Abre la ventana mi niña,
que en la noche volveré;
y estaré solo contigo...
¡Tú, yo y nuestro querer!
No te sientas sola niña;
que contigo siempre estaré.
Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.



..El Rey y sus hijos gemelos (Cuentos) de Enricostro.

 Érase una vez, en la ciudad de Antras, en las afueras de la ciudad, en una montaña muy alta.

 un castillo inmensamente grande, allí vivía el Rey, que tenía dos hijos gemelos de dos años.

La madre murió al dar a luz, y los niños fueron creciendo.
 Un día el rey iba en su gran corcel, un caballo blanco hermosísimo, con una brecha negra en la frente.

Iba con sus hijos bajando aquella cuesta empedrada que rodeaba el castillo y toda la montaña.

Esa mañana, sería un día negro para el rey, pues de pronto una gran serpiente de dos cabezas, les salió al paso, su caballo se asustó desbocándose, y cayeron los tres al suelo.

Se dio lugar una gran tormenta de niebla y no se veía nada; por lo que el rey perdió el rumbo hacia palacio.

 
Los criados, al ver que el rey tardaba, alertaron a la guardia real y estos salieron inmediatamente a buscarlos. Pero era imposible porque la visibilidad era casi nula; al cabo de unas horas observaron en la distancia, que se acercaba con dificultad, estaba malherido.

El rey traía en brazos a sus dos hijos, quien se encontraba en condiciones delicadas, el otro, por su parte, apenas tenía unos cuantos moretones y rasguños.

Pasaba el tiempo, pero el niño no mejoraba, el rey tomó al niño y lo llevó a un monasterio que había en el pueblo; los monjes lo examinaron y le encontraron muy enfermo.

El rey lo dejó al cuidado de los frailes, ya que ellos tenían más medios que él para que se curara.

Transcurrió el tiempo y el rey iba todos los días a verlo, hasta que un buen día el monje le dijo:
¡Su hijo quedará incapacitado... será cojo!

El rey respondió:

¡El niño se quedará en el monasterio para siempre, pues no quiero un tullido en el reino!

El rey visitaba al niño, pero solo a escondidas... se situaba detrás de una marquesina enrejada con hiedra, y lo veía en el patio andando cogito y un poco encorvado.


El rey convencido de que era lo mejor para su hijo, les informó a los monjes que el niño permanecería a su amparo, y que todos los meses les pasaría una manutención de nueve mil reales.

Así los dos hermanos fueron separados para siempre, y creciendo sin saber nada uno del otro. Aunado a esto, el rey dio orden de que el niño no supiera nunca que era un príncipe .
El pequeño fue creciendo sin saber que tenía un hermano.
Un día el príncipe, que vivía en el palacio, se convirtió en un gallardo caballero, joven, muy simpático a sus dieciocho años de edad. Él gustaba de dar paseos por la ciudad y un día las campanas del castillo comenzaron a tronar, estrepitosamente... tal acto era cuestión de alarma.

El príncipe al oírla se volvió bruscamente, y con su caballo atropelló a un frailecillo que andaba por la calle; el príncipe a pesar de la urgencia que llevaba... inmediatamente se bajó del caballo y se dirigió hacia el fraile preguntándole:
-¿Cómo estás?

El fraile respondió que se encontraba muy bien, y que no se preocupara.

El príncipe le dijo, que era un alivio... y que lamentaba retirarse de forma inmediata, más su presencia era urgente en el castillo, pues su padre lo necesitaba.

Cuando llegó al castillo, le informaron que su padre había muerto, pues ya era muy mayor .

Se oficiaron los actos fúnebres, y el príncipe lo enterró con profundo dolor, pues no tenía a nadie más en el mundo.

Como dice el refrán..."Muerto el rey... viva el rey"; por lo que a los pocos días, coronaron al joven príncipe, haciéndolo Rey de Antras.

El nuevo rey, desde que atropelló al frailecillo, tenía unos sueños extrañísimos; pues soñaba que jugaba con otro niño cuando era pequeñito.

Una mañana se levantó sobresaltado y sudando, se dirigió hacia el cobertizo, y mirándose en el espejo, recordó que el frailecillo era igual que él. Eso le llamó la atención desde que le vio, y se preguntaba cómo podía suceder algo así.
Un día llamó a su guardia real y salieron en sus caballos; se dirigieron al monasterio en busca del frailecillo; pero esa misma mañana, el joven se había dirigido hacia las montañas.

 Allí había un pueblecito muy pobre, donde los pobladores lo estaban pasando muy mal; así que los frailes habían decidido visitarles para donarles un baúl lleno de monedas de oro y de esta forma, pudiesen paliar la carestía del pueblo. 

El frailecillo. Era muy conocido por los lugareños; siendo que desde los ocho años de edad, ayudaba a los menesterosos; pues en sus aposentos siempre tenía, una caja de madera labrada, con una corona real. y llena de monedas de oro. Desde pequeñito.

 con estas pertenencias, le preguntó a uno de los frailes:
¡hermano, yo puedo hacer lo que desee con ese dinero.!.y este le dijo: que por supuesto, que él podía disponer, como quisiera, de esos bienes, pues son suyos,

El frailecillo emocionado respondió: ¡Gracias hermano mayor, muchas gracias!

Salió a toda prisa, sin que para ello su cojera le impidiera correr, al punto de casi alzar el vuelo; parecía un ángel...

Era una persona muy fácil de querer, pues siempre andaba feliz y corriendo por los alrededores del monasterio;

Razón por la cual, tenía muchos amigos que le querían y aceptaban... inclusive cuando jugaban a la pelota, o practicaban alguna actividad, en donde fuese necesario correr... jamás le hicieron de menos a causa de su incapacidad.

Cuando el chico fue creciendo, se percató de que a veces sus amigos lucían tristes y cansados... así que un día les preguntó:
¿Qué os pasa?
Ellos le comentaron: que en casa no tenemos para comer, y por ello no contaban con el ánimo y fuerzas, ni siquiera para jugar.
-¡Diantre!... Exclamó el frailecillo... esperadme que no tardó más que unos minutos. 

Cuando volvió la plaza estaba llena, y preguntó a todos los presentes, quienes tenían hambre... y todos al unísono levantando la mano... gritaron... Yo... yo... yo.

-Pues bien, les dijo: Deseo que me acompañéis a la panadería.

Cuando llegaron le pidió al tendero.

¿Señor tendero, pan para todos, y ese chorizo que cuelga ahí tan solito, a Y esa morcilla tan negra que nadie la quiere.?
Todos jubilosos reían y hasta cantaban... se sentaron alrededor de una fuente, y tal cual había ordenado el frailecillo, a todos les dieron de comer en abundancia, el pan estaba recién salido del horno y se pusieron hasta las botas...es un decir... porque la mayoría iban descalzos.

Por lo que después de comer y compartir un buen rato; el frailecillo demostró, una vez más, su excelente condición y humanidad;

 aprovechando que llevaba consigo una bolsa llena de dinero, los llevó a la zapatería y les compró calzado a todos. Después de eso, pasaron toda la tarde jugando a la pelota, la cual estaba confeccionada de trapos viejos.
Ya entrada la noche, uno de sus hermanos frailes, salió a la puerta y le dijo:
¿Frailecillo es que no piensas venir nunca o que.
?

Él se despidió de sus amigos, y cuando ingresó a casa, le comentó al hermano mayor: ¿Qué satisfacción más grande, ver las caras de esos niños, les ha vuelto la sonrisa y la alegría?

No sé si me he pasado, y espero que lo juzgues tú... luego le contó lo sucedido. Le dijo que ellos estaban muy necesitados y que hubiese muerto de pena si no les hubiese podido ayudar.

También les he dicho que si sus mamás, no tienen alimento o medicina... que no duden en venir al monasterio. ¿Les vamos a ayudar verdad.?

-¡Bueno, les ayudaremos y trataremos de hacer lo que podamos por ellos!

Siiiiii. ¡Podríamos, con el dinero de mi caja, hacer un listado de alimentos básicos; tal vez comprar pan y huevos, así como legumbres y garbanzos!
 
-¿Será como tú deseas, pero lo haremos todo con un horario establecido, y tú tendrás que estar presente, porque tú lo has ideado, todo vale?
¡Sí... si gracias hermano mayor! ¡Verás qué contentos se ponen todos!

Al día siguiente, el frailecillo salió a jugar, y cuando iba para la plaza, se encontró a una mamá con una pequeña en brazos.

La mujer estaba en la tienda llorando, porque el señor tendero ya no le fiaba más. La mujer tenía hambre, pues llevaba días sin comer; y su hijita estaba muy desnutrida.

El frailecillo se acercó y le preguntó:
Cuéntame... ¿Qué te pasa?
-Ella le contó que se sentía exhausta, porque no había probado alimento en días, y su pequeña por igual.
El frailecillo la animó diciendo:
¡Vente conmigo! Iremos al mercado, y compraremos lo que necesites para ti y tu hijita.

La mujer prosiguió con su relato, comentando que el padre de su hijo, la había abandonado, y aunado a ello el casero la había echado a la calle; razón por la que últimamente estaba durmiendo en el escalón de la puerta.

El frailecillo le dio una manzana, un plátano y dos peras. Ella y su hija, muertos de hambre, se dispusieron con afán a darle bocados a las frutas, hasta terminar con ellas...ni siquiera ha tirado los huesos de las peras. Han comido todo lo que han
 deseado...
El frailecillo volvió al monasterio y le ha dicho al hermano mayor, lo que le había pasado con la mujer.
-¡Oh... has obrado muy bien!

Sabes...es una mujer muy dulce y guapa... haciendo así que al hermano se le subieran los colores al rostro.

-Este respondió: ¿A si?... ¿Muy bien; algo más que contar de tus hazañas frailecillo?

Si una más, pero esta no te va a gustar.
-Venga... di cuenta ya, que me tienes en ascuas.

Como la mamá no tiene a donde ir con su hijita, y no puede trabajar en el campo... pues ha venido conmigo, y está afuera esperándonos.

-No puedo creerlo... al paso que vamos no sé qué haremos, pues no puedes llenar este lugar de personas... ¡Cada día me lo haces más difícil!

Te lo suplico, rogaba el pequeño frailecillo, prometiendo que esa sería la última vez, en que haría algo de esta naturaleza... mientras cruzaba los dedos por la espalda, pues bien sabía que seguiría ayudando a quien lo necesitara.

-Bueno, dijo el hermano mayor... hablaré con la hermana Carina; y después de una corta conversación, esta por supuesto aceptó.

Le prepararon una celda para ella y su hija, y estaban de lo más contentas y agradecidas.

El frailecillo se encontraba un tanto apenado, pues en los últimos días había gastado mucho dinero, pero para su sorpresa, al ingresar a su alcoba encontró que su caja estaba llena de dinero otra vez.

Él jamás se tomó el tiempo para reflexionar de dónde provenía el dinero; al contrario, rápidamente el frailecillo comenzó a hacer planes para el próximo día... y así se sucedían todos los días.

En fin, retomando la visita del joven rey al monasterio, cuando arribó pregunto por el fraile a quien había arrollado días antes con su caballo.

El hermano mayor mandó llamar a todos los frailes que estaban en el lugar... pero el príncipe, replicó:

-¡No...no es ninguno de ellos! ¿No hay alguien más?

El hermano mayor respondió, que en el pueblo de la sierra, esa misma mañana, había salido un padre franciscano con un joven frailecillo, y que estarían en la sierra por espacio de una semana.

El rey le dijo al hermano mayor... que necesitaba hablar con él, pues creía recordar que ese frailecillo tenía su mismo rostro.

Además, agregó que tenía conocimiento, de que su padre le entregaba al monasterio una mensualidad de dieciocho mil reales.

El hermano mayor estaba bastante sorprendido, pues era verdad que eran idénticos...no sabía qué decir, pues lo sucedido no era de su conocimiento... era cosa antigua, y él ni idea del acuerdo a que llegó el rey, con el encargado del monasterio de ese entonces.

El rey se marchó, pero no sin antes ordenar que en cuanto el frailecillo regresara de la sierra, fuese a buscarle a palacio.

El rey, al llegar al palacio, fue llamado por el notario para informarle que su padre había dejado en su testamento; en el cual dejaba ordenado que el dinero destinado al monasterio, debería de ser duplicado.

El hermano mayor, preocupado por la insistencia del rey, comenzó a investigar en papeles antiguos.

Después de mucho indagar, encontró un documento en el cual, el rey había dejado su hijo incapacitado; para que lo adoptaran los frailes. 

Ya enterado de que el frailecillo, era un príncipe, se echó las manos a la cabeza diciendo: ¡Dios mío, qué grandes son tus designios!

Cuando el joven frailecillo volvió de hacer sus obras humanitarias, el hermano mayor... esa misma noche, le envió el aviso al rey; quien no deseo esperar más, por lo que en ese mismo momento, se personó en el monasterio.

Cuando el reloj marcaban las once de la noche, arribó el rey... llamaron a la puerta del monasterio y todos se preguntaban, qué grave situación se presentaría para ser molestados a esa hora.

-Toc, toc ,toc... tocaban sin parar. ¿Quién es?
-Su majestad el rey.

Las puertas se abrieron inmediatamente, y por petición del rey, enviaron a llamar al frailecillo y los presentaron.

Han pasado al recibidor y el frailecillo, desconociendo toda la historia, se ha alegrado mucho de ver al rey.

Su majestad le preguntó si él tenía idea o una explicación de por qué se parecían tanto.

El hermano mayor interrumpió, diciendo:

-Majestad es vuestro hermano; y quiero deciros que yo me he enterado, apenas esta semana.

Su majestad, después de vuestra partida, he investigado en los archivos antiguos, y aunque trabajo me ha costado, encontrar la verdad, por fin logre hacerlo; pues debéis saber que esta información estaba, clasificada como alto secreto.

-¡Ahhh! Ahora todo está muy claro; con razón del parecido y del porqué de la entrega de este pago mensual.

El príncipe, consternado por la noticia, no podía dejar de sentirse tristemente y emocionado, por el infortunio de su hermano.

Luego de conversar por un rato, y de asimilar lo acontecido... un poco más repuesto, el rey expresó que todo estaba claro, diciendo:
¡Eres mi hermano! ¡Ven a mis brazos... que con aprecio y felicidad os recibo en mi corazón y en vuestra casa!...

Porque a partir de este momento os venís a vivir a palacio, y ocupar el lugar que os pertenece.

El joven frailecillo respondió, que era una inmensa alegría saber que tenía un hermano de sangre; agradeció la buena voluntad del rey.

Conversaron casi hasta el amanecer, y cuando el rey le dijo al frailecillo que se preparara para marchar, este le expresó que no era su deseo partir, pues su vida estaba en el monasterio, para ayudar a los más desafortunados.

-¡Ahhhh! Exclamó el rey... ¡Con que tú eres el frailecillo que va, dándole dinero a todo el mundo! Debéis saber que en palacio, no se oye otra conversación, que no se trate del buen hombre que sois.

¡Hermano mío, tenías que ser! Ven, permíteme abrazarte de nuevo, por vuestra loable labor... y déjame decirte que desde hoy trabajaremos los dos; codo con codo, para borrar la miseria, del reino que tanto queremos.
El frailecillo, profundamente emocionado, respondió:

Bueno, mi hermano... por la forma en que me lo planteáis; imposible se me hace negarme a la voluntad del rey... ¡Muchas gracias, será un placer!

- El agradecido soy yo, pues he encontrado a mi hermano, quien es un ser excepcional. Si deseas algo, solo debes pedirlo y vuestros deseos serán concedidos.

Por el momento, solo desearía que acojas a una joven mamá, con su niñito como doncella; y como sé que pronto te casarás, ella os podrá servir; pues es la persona ideal...es muy servicial, y trata con respeto y ternura a todo el mundo.

-¡Vale! Ella también será tratada con aprecio y respeto, y tendrá un lugar especial en el castillo.

Los dos hermanos volvieron a abrazarse, y partieron juntos; haciendo de su reino el más próspero de todo lugar... y fueron felices para siempre.


Enrique Nieto Rubio
*Derechos de Autor.
Colabora en imagenes,
 Silvia Regina Cossio Camara.