martes, 25 de febrero de 2020

..El lobo vive en casa de Enricostro.( cuento, Malos tratos)..

El lobo, salía todos los días de su casa, para dirigirse a su trabajo. En ese entonces era un lobo bueno.

Tuvo muchos lobitos, y su esposa, Blanca, reía y bailaba felizmente... todo era de rosas y cantares.

Pero esta mañana, el lobo salió como siempre, tomó su café y se dirigió a su trabajo. 
Todo iba bien, hasta que encontró las puertas de su trabajo, cerradas a cal y canto.

Un cartel insignificante decía: En el nombre del alcalde estáis todos despedidos, pues el señor alcalde se ha fugado con todos los millones de la ciudadanía.



El lobo no llegó a casa hasta las diez de la noche. Ya iba transformando en un lobo malo y feroz; Borracho y vociferando, ante todo el que frente a él pasaba.

Su corazón se había envenenado con la inmundicia del gobierno; que buscando la ruina de todo cuanto trabajador tenían en su país.

Muchos lobos feroces ha creado en tan poco tiempo, que ya nadie se siente seguro.

Después de un largo rato, llegó a casa el lobo feroz... Con el dedo en el timbre, no dejaba de presionar; M
amá Blanca preocupada abrió y viendo al lobo feroz le preguntó:

¿Qué te pasa lobito bueno.? ¿Por qué has tocado así?

El lobo contestó: ¡Déjame en paz Blanca estúpida! Acto seguido le proveyó un empujón tirándola contra la esquina del pasillo, causándole una brecha tremenda en la ceja.

El malvado lobo, ni siquiera la miró y mucho menos se disculpó. Con voz ronca ordenó: ¡Sírveme la comida, vieja estúpida!

Los pequeños lobitos, habiendo presenciado todo cuanto ocurría, asustados, se escondieron por toda la casa... temblando de miedo por lo sucedido.

La infeliz mamá no entendía nada, estaba atónita ante la inusual conducta de su marido... solamente alcanzó a sentarse en el suelo mareada y llamó a su hijita, la mayor; quien tenía trece años.

Ella aterrada le preguntó en voz bajita a su mamá:

¿Qué pasa mamita?

La madre respondió:

No te preocupes... Todo está bien, solamente hazme el favor de ponerle la comida a tu padre en silencio y no le digas nada. 

La lobita le sirvió la comida, con más miedo que otra cosa... y el lobo malvado, al percatarse de ello, golpeó la mesa con mucha ira y gritando le ordenó: ¡Dame el pan pequeña estúpida!
La lobita cogió el pan rápidamente y se lo puso en la mesa,
y corrió a curar a su mamá.

Blanca, con lágrimas en los ojos, no entendía ese cambio de actitud y decidió no cuestionarle el porqué de su conducta.

La noche fue intensa... Y de allí en más,  el miedo y la desolación pasaron a formar parte del estado anímico de todos los miembros de la casa.

El malvado lobo, después de llenar su panza, levantaba los brazos y exclamaba: ¡Ahhh que bien he comido...me voy a la cama a descansar y más les vale que no escuche ni a una mosca revolotear!

El lobo se marchó hacia sus aposentos.

Mama Blanca quedó triste, sentada a la mesa y le dijo a su hija mayor:
Por favor sirve la comida a tus hermanos, que yo estoy muy mal. 
La lobita repartió los alimentos, y sin decir palabra alguna; todos los lobitos se sentaron a cenar amargamente.

Luego Blanca le pidió a la niña, que ayudará a acostarse a sus hermanitas, y ella como siempre, obedeció sin rechistar.

Ya con toda la casa en silencio, Blanca quedó sola en el salón; muy triste por lo ocurrido y sin probar bocado alguno... Decidió no ir al dormitorio porque no quería correr el riesgo de volver a enfurecer al lobo feroz.

Las horas fueron pasando, hasta que cayó rendida en un sillón.
A la mañana siguiente el lobo feroz tomó su café y marcho al trabajo... Pensó que todo lo ocurrido había sido solamente un sueño.

Marchó con paso firme... Pero cuando llego al trabajo, se convenció de que no era un sueño; todo lo sucedido era real... Aquella maldita puerta, seguía con ese horrible letrero.

Se dio la vuelta y se dirigió al bar de la esquina, allí se reunió con varios compañeros de trabajo.

Discutían sobre sus corruptos gobernantes, sus destinos y los de sus familias. Con tanta discusión y entre copa y copa, les dieron las once de la noche.

Blanca ya se temía lo peor, su cuerpo temblaba y el miedo ya la estaba acechando una vez más.

Sobre las una de la madrugada, sintió que alguien se acercaba con pasos bruscos y torpes por las escaleras... Era el lobo malo quien estaba de vuelta en el hogar.

Blanca corrió a abrir la puerta antes de que el lobo tocara el timbre y se impacientara... Este igual entró con muy malos modos y sin decir nada se sentó en la mesa.

Para esa hora, gracias a Dios, los lobitos ya estaban durmiendo.

Blanca le sirvió la cena, pero en esta oportunidad al lobo no le agrado la comida y lanzó el plato por los aires, el cual se fue revoloteando, rozando así el rostro a Blanca... Quien a duras penas alcanzó a lanzarse para atrás, y así evitar que la impactara directamente.

Esto es basura... Dijo el lobo.
¡Vaya mierda de cena! Cada día me sirves de menos... Eres una inútil y te voy a dar una ostia hasta arrancarte la cara.

Blanca se echó para atrás, sin decir palabra alguna, para así no tentar más al diablo.

Con tanto griterío y alboroto los pequeños se despertaron y los corazoncitos de los lobitos se agitaron tremendamente.

Entre chillidos, la más pequeñita cuestionó a su hermanita:

Hermana tengo miedo... ¿Qué le está pasando a papá?

No sé cielo, pero no te preocupes porque todo se arreglara.

El lobo se fue a la cama sin cenar... Más pasado un rato, llamó a Blanca para que entrara al dormitorio; ella se rehusaba, pero él vociferó amenazante:

¡O entras por las buenas o te meto de una ostia!


Ella, aterrada, accedió ingresar y sin decir más nada; se dejó violar por el lobo que, enfurecido, descargaba en ella todo su odio y frustración.

A la mañana siguiente Blanca determinó que no podía continuar más; y por la noche, al llegar el lobo se lo informó, él en respuesta la golpeó en el rostro... Al punto que sus ojos estaban tan amoratados e hinchados, que no podía ver más allá de su nariz.

Blanca, desconsolada y sin saber qué hacer, llamó a su mamá y le dijo:

Mamá te pido que nos acojas en tu casa, papá lobo se ha vuelto malo, nos trata mal y me ha pegado varias veces.

El abuelo lobo al enterarse de lo sucedido, se enfureció enormemente, y cogiendo un gran bastón que colgado tenía detrás de la puerta, salió.

Con lágrimas en los ojos, abordó su vehículo y se dirigió hacia la casa de su hijita querida; manejaba con una ira tremenda, y cuando llegó al frente de la casa, de un solo pisó los frenos; bajó del vehículo y bastón en mano timbro a la puerta.

Mama Blanca abrió la puerta y asustada, preguntó:
¿Papá qué haces aquí?

Coge a los lobitos, recoge algunas cosas que te sean indispensables y súbete al coche. 
¡Pero papá! ...-Sin peros. ¡Haz lo que te ordeno!

Blanca salió con todos los niños y se subieron al coche.

El abuelo les dijo: Esperen un momento... que vuelvo enseguida... ¿Vale?

Papá lobo estaba sentado en la mesa sin atreverse a decir nada; quizás arrepentido de lo ocurrido la noche anterior.

El abuelo puso el bastón en lo alto la mesa y a él se dirigió:

¿Qué pasa contigo? 
¿Te crees muy hombre maltratando y pegándole a una mujer?

El lobo apenas quiso pronunciar una palabra cuando el abuelo ya le había metido el bastón en la boca... rompiéndole cuatro dientes. El lobo feroz ya no parecía ser tan valiente, ahora solo se quejaba porque  sangraba como un cerdo.

El abuelo lo instaba a responderle: ¡Que pasa lobo bravucón! ¡Vamos... demuéstrame lo que tienes para dar!
El lobo lo miraba con respeto y desconfianza, pues temía le diera otra paliza.

El abuelo le puso el bastón sobre los ojos diciéndole:

Si tan solo te atreves a volver a mirar a mi hija o a rozar uno de sus dedos con malos modos... ¡Te juro que te mato cabrón asqueroso!

Ella te ha dado todo a lo largo de tu puta vida, ¡y no será así como se lo pagarás!... ¡Vil y asqueroso gusano!
Todo esto sucedía mientras el abuelo hundía el bastón sobre su hombro, obligándolo a agacharse cada vez más... Hasta tenerlo de rodillas.

¡Ya estás advertido! ¡Si la vuelves a tocar te mato! Y si vuelves a beber te mataré por igual... esto lo juro por lo más sagrado de este mundo.

Ahora le diré a tu familia que entren todos en la casa... Y pegando un gran bastonazo sobre la mesa que partió una de las esquinas... Se marchó.


El abuelo era de complexión pequeña, pero con muy mala ostia cuando le tientan a sus seres  amados y mucho más tratándose de forma tan salvaje.

Desde este mismo día, el lobo feroz jamás volvió a mirar a su mujer de forma inapropiada y mucho menos volvió a faltarle al respeto.

Después de unos días, el lobo le comentó a Blanca lo ocurrido con su trabajo, y acordaron que ambos trabajaran arduamente para sacar a la familia adelante; y acordaron que todo lo sucedido quedaría en el pasado y continuarían con sus vidas, tal cual lo habían hecho en años pasados.

Con paciencia y el apoyo de su mujer, el lobo volvió a ser bueno; busco un nuevo empleo y de nuevo reinó la paz en su hogar.

Por las tardes, al regresar a casa, ya nadie tenía miedo, los lobitos esperaban a su padre en la puerta de la casa, llenos de felicidad... Y él, en recompensa les expresaba su amor lamiendo sus mejillas y haciéndoles cosquillas por doquier.


-Fin-




*Derechos Reservados*
Enrique Nieto Rubio
 Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.

..La vida de Syntiá de Enricostro.(cuentos)



 
 

En Inglaterra, allá por los años 30, en una mansión inmensa, vivía una linda chica llamada Syntiá Bragúe.

Tenía por entonces dieciséis años, ella era hermosa, esbelta y con unos cabellos rojizos y piel blanca como la leche, vivía en esta mansión con sus abuelos, adinerada gente de la realeza.
Syntiá, era muy soñadora, fantaseaba con todo lo que veía, sus abuelos dedicados a los negocios, y a las relaciones con grandes personajes, tenía poco tiempo para dedicarle a la princesita del palacio.
Por lo tanto, ella estaba libre de obligaciones, aparte claro, de las doncellas que la cuidaban en cada instante... sobre todos sus profesores, que cada día la atosigaban con toda clase de estudios.
Pero su pasión eran las clases de música, Syntiá era muy romántica y sensible, y el arpa la volvía loca, a cualquier hora cogía su instrumento y se iba cerca de los abuelos para atormentarlos, asiéndose notar de esta forma.

 

Su abuelo de estos de grandes bigotes y con su pipa siempre encendida decía:
¡Esta niña, nos va a volver locos!
Syntiá gritaba, asomándose por un gran balcón interior que tenía la mansión, ¿quieres dejar de tocar? ¡Me estás volviendo loco!, acaso no es bastante grande el palacio para ti, anda, sal fuera y que te dé   el aire. Niña loca… balbuceaba en voz baja.
Syntiá marchó al jardín y allí había esta isleta con techados de las cuales las dedicaban para sus romanticismos o tomar el té.
Allí sentada, en el centro, tocaba Beethoven o Juan Sebastián Bach. A ella le daba lo mismo, pero era un cielo haciéndolo, iluminaba y le daba vida a todo el jardín y el palacio.
La primavera fue maravillosa, llegó el verano con visitas de todas clases; familiares, amigos … De todo fue un verano estupendo también.
Pero llegó el invierno, un invierno crudo y tosco; las nieves desbordaban todo palacio, los carruajes apenas si se podían conducir.
Syntiá se aburría mucho, estaba en una edad difícil y sus fantasías eran cada vez más intensas.



Syntiá soñaba muchísimo con el rostro de un cuadro que colgaba en uno de los grandes salones, era de un chico bien parecido, guapo y con una mirada que te seguía a todos lados… y terminaba dejando eclipsado a cualquiera.
Era la foto de un primo lejano, que al parecer murió en las montañas de nieve que por encima de ellos existían.
Syntiá parecía estar loca, nunca estaba quieta; los profesores la regañaban, los abuelos también, hasta su institutriz lo hacía.
Una mañana, en su tormento, la chica se metió en su dormitorio, y no paro de llorar en todo el día. No bajo a almorzar ni a cenar. Los abuelos estaban preocupados por la niña.
La abuela por la noche decidió aporrear la puerta del dormitorio preguntando:
¡Syntiá hija mía! ¿Estás bien? ¡Ábreme cielo, te lo suplico!
Syntiá bajo las súplicas de la abuela, abrió la puerta… y la anciana le preguntó:
¿Qué te pasa cielo mío?
Abuela me siento triste y sola, no sé qué me pasa… ¡Todo lo hago mal!
¡Ya mi niña, no te preocupes! Todo pasará, es este invierno tan duro y pronto marcharás a Londres e irás a una academia que te gustará.
Ese es un bello lugar, y allí conocerás muchísimas personas de tu edad, y entonces verás como todo te cambiará.
¡Gracias abuela! Tú sí que me comprendes.


Después de colmarla con besos y caricias, le preguntó si deseaba comer algo.
¡Sí, abuelita! Después de conversar contigo, se me ha abierto el apetito.
¡Vale! Le diré a la chacha que te suba algo de comer, ¿sí?
¡Gracias abuela! Te quiero mucho.
Mientras le traían la cena, Syntiá se dirigió a su armario y se puso uno de sus vestidos de fiesta; era blanco, con mucho vuelo y escotado, con un collar de perlas, y mientras se observaba sentada frente al espejo… tocaron a la puerta con los nudillos.
¿Sí? ¡Pasa adelante!
Te traigo la cena, exclamó la chacha.
¡Gracias! ¡¿Me puedes ayudar a hacerme el moño? ¡Yo sola no puedo!
¡Pero mi niña! ¿A dónde vas tan guapísima?
¡Me voy a una fiesta!
La mujer no salía de su asombro, así que le respondió:
¿No me digas que es que tienes un admirador?
¡Si chacha, se llama Wuartes!
Creo que me suena ese nombre.
No sé chacha, pero él me quiere mucho.

 

Mientras la chacha le hacía el moño, ella se maquillaba frente al espejo. La chacha sabía que no existía tal fiesta, pero guardaba silencio y la dejaría ir para no quitarle la ilusión.
Ya terminada de arreglar y vestir, quedó preciosa… lucía, hermosa de verdad. Comió algo y al instante sus pensamientos cobraron vida.
Syntiá se dirigió hacia una de las puertas, imaginado que detrás se estaba llevando a cabo la fiesta.
La chacha que curiosa era, se dispuso a espiarla un rato por la mirilla de la cerradura, pero cuál fue su sorpresa que cuando Syntiá abrió aquella puerta… vio con sus propios ojos la cantidad de personas que allí se encontraban, y todos estaban bailando.
Se le cayó la baba al verlo y no lo podía creer; así que bajó las escaleras atónita sin encontrar explicación alguna.
Buscó a la abuela de la niña y le dijo:
Señora ¿Sabía usted que en el cuarto de invitados hay una fiesta tremenda?
La señora dijo: ¿Has bebido o qué?
Se lo juro, señora, lo he visto yo misma.
¡Venga! ¿Qué te pasa?
Si no me cree, venga usted a ver, señora.
Se dirigieron al salón de baile, y cuando abrieron la puerta no había tal fiesta o gente bailando… todo en completo silencio y normalidad.
¡Tú no estás bien! Termina de recoger todo y te vas a descansar.
¡Sí señora! No entiendo qué sucedió, quizás estaré un poco destemplada…. Y se marchó a dormir.
Mientras Syntiá andaba por en medio de todas las parejas que bailaban un vals, cuando de pronto se le acercó un joven príncipe, con exquisita vestimenta, con sus encajes alrededor de su solapa y sus mangas, cuellos dorados. Le preguntó:
¿Aceptarías bailar conmigo una pieza?

 

Syntiá lo miró, era guapísimo, él la tomó de la mano y con la otra rodeo su pequeña cintura y empezaron a moverse.
Ella se sentía como en una nube, quedando enamoradita de ese chico; pues además de oler maravillosamente, ella cerró los ojos poniendo su cabeza sobre su pecho, y así paso toda la noche maravillosamente.
Sobre las cuatro de la madrugada, Syntiá ya se notaba algo cansada… pero los brazos de su amado príncipe, la sostenían hasta el amanecer.
A la mañana siguiente, Syntiá se encontraba dormida en un sillín … Cuando la despertó la chacha.
¡Syntiá, Syntiá despierta que ya son las diez!
¡Ay chacha, déjame un poquito más!
¡No niña! Que está el profesor te está esperando.
¡No chacha que estoy muy cansada!
¡Nada niña! ¡Venga! A bañarte que hueles mal.
La chacha le preparó el baño y desnudo a Syntiá, pues ella estaba cansadísima… la baño la vistió.
Bajaron a la planta y el profesor comenzó la clase… pero Syntiá no atendía nada, los ojillos se les cerraban; el profesor enojado terminó dejándola.
Fue con la abuela y le dijo:
¡Señora me retiro! Pues Syntiá se duerme en la clase, y no atiende nada… es como si hubiera estado toda la noche de fiesta. ¡Hasta mañana! Y se marchó.
La abuela fue donde estaba Syntiá y la encontró encogida en el sillón, y la anciana hizo un gesto con la mano diciendo:
¡Ya que descanse! Para ver este día de perros… qué más da.
Y allí, la dejó tranquilita, pues igual, el día era gris y medio oscuro, con unos nubarrones de aúpa, que parecía que se disponía a diluviar… al cabo de un rato de pronto empezó a llover intensamente… definitivamente era un día malísimo.
Al cabo de una hora despertó Syntiá… se dirigió al jardín y se dijo: ¡Va a hacer un día precioso… mientras en la distancia contemplaba los hermosos árboles que se divisaban!

Vio cómo su joven príncipe levantaba la mano, la incitaba a reunirse con él. La chica también respondió con un gesto de mano… y salió corriendo a reunirse con su amado.
¡Hola Wuartes! ¿Cómo estás?
¡Muy bien! ¿Y tú?
Me siento muy cansada de la fiesta de anoche.
¿¡Así! ¡Pues yo no!
¡Tú eres un hombre!
Quizás tengas razón. ¿Gustarías pasear?
¡Sí, me encantaría!
Pasearon largo tiempo por los hermosos alrededores, pues hacía un día espléndido. Syntiá le preguntó:
¿Te gustará ir de pícnic?
¡Si me gustaría! Contigo hasta el fin de los días.
Bueno, si es así… espérame, que vuelvo enseguida.
Syntiá corrió hacia la casa y llegó a la cocina ordenando:
¡Chacha! Prepárame comida para dos, pues iré de pícnic.
Pero mi niña, como vas a ir de pícnic, si está lloviendo a mares.
Syntiá volvió la cabeza hacia la ventana, y tan solo veía un sol radiante.
¡Anda chacha! No seas tan negativa y fatalista.
Cogió la cesta y hasta que no se la llenó de comida no estuvo satisfecha.
Syntiá agradeció a la chacha y acto seguido salió corriendo.
Cuando encontró al príncipe buscaron una sombría debajo de un hermoso sauce, y allí comieron tan ricamente.
Después jugaron sobre una manta en el suelo, y se revolcaron jugando hasta encontrarse sus labios… sus respiraciones se hacía cada vez más rápidas, y se besaron muchísimo; y compartieron juntos toda la tarde.
Al atardecer ella decidió volver a casa… despidiéndose de él le dijo:
¡Te quiero!
Y él le respondió que también la quería, y que agradecía por el delicioso festín que habían compartido.

 

Entró en casa y los abuelos estaban preocupados, pues con tan mal tiempo… cómo era posible que venía de la calle.
¡Syntiá, hija! ¿Dónde andabas?
Abuela me fui de pícnic.
¿De pícnic con toda la lluvia que está cayendo?
Syntiá no puso mayor atención al comentario, y se marchó a su dormitorio.
Se dejó caer en la cama con mucha alegría pensando:
¡Qué feliz me siento! Mi príncipe es tan guapo, que apenas puedo creerlo.
Como no tenía amigas en el lugar, tomó su diario y comenzó a escribir todo cuanto estaba viviendo… hasta quedarse casi dormida.
Ya de madrugada, se abrió una puerta de enfrente de la cama, y con mucha luminosidad salió una chica, prima suya:
¡Syntiá, Syntiá!
Syntiá levantó la cabeza y le preguntó:
¿Qué quieres?
¿Te apetece una fiesta de pijamas?
¡Por supuesto que sí!
La chica se levantó y pasó a una habitación donde se encontraban varias chicas reunidas; jugaron por muchas horas en las camas, se hicieron cosquillas; se contaron sus aventuras, y cuando le tocó su oportunidad a Syntiá.
Ella contó que estaba muy enamorada de un chico guapísimo… y disfruto de lo lindo toda la noche.
A la mañana siguiente la chacha fue al dormitorio, y al no ver a Syntiá se asustó muchísimo, abrió el ropero y allí estaba Syntiá durmiendo echa un rollito.
La cogió en brazos y la recostó en su cama, y como era fin de semana la dejo descansar un poco más pensando para sus adentros, que la niña se encontraba fatal.
Así Syntiá vivía dos vidas paralelas, una de realidad y la otra que a todos parecía de fantasía.

 

La época de lluvia terminó, pero con ello dio inicio a la de frío. Una mañana Syntiá se levantó y se dirigió al dormitorio de la abuela.
¡Hola abuela! ¿Cómo estás?
¡Bien! ¿Cómo es que te levantas tan contenta niña, si hay tanto frío?
Abuela es que soy tan feliz, porque he conocido un chico guapísimo.
La abuela, para no deprimirla, le siguió la corriente… ¡Ah sí! Me alegro mucho, hijita… pero cuéntame, ¿De dónde es?
¡Aiii abuelita! Ahora sí que me has pillado, porque no le he preguntado de dónde es.
¡Ya niña! No tiene importancia. Anda ayúdame a levantarme ¿Sí?
¡Sí abuela, te quiero mucho!
¿Yo también, a ti cielo mío?
Syntiá pasó el resto del año, cultivando su relación con su novio.
Ya llegando diciembre para la época de Navidad, Syntiá anunció que se casaría con su novio. Tal cual siempre todos hacían, de nuevo le siguieron la corriente… sin importarles incluso que la chica vistiera de novia.
El día de Navidad alguien llamó a la puerta, y cuando abrieron vieron a un cochero muy elegante, quién extendiendo su mano a Syntiá la invitaba a salir de la casa… ella sin dudarlo subió a una bella carroza engalanada con adornos de oro y plata.
Los abuelos sorprendidos le dijeron:
¡Pero Syntiá espéranos! No vas a ir sola, y se subieron los tres.
La carroza marchó hacia la Catedral… todo era como un sueño de hadas.
Cuando llegaron, los abuelos con sorpresa encontraron que la catedral estaba abarrotada de gente. Los ancianos no daban crédito a lo que veían con sus ojos.
Cuando se percataron que todo era real, y conocieron al novio, quien era un guapísimo príncipe… quedaron alucinando.

 
Los jóvenes se juraron amor eterno y después de finalizada la ceremonia; partieron para otra mansión donde celebraron un convite grandísimo para muchísimas personas… todo fue espectacular.
A la mañana siguiente, la chacha despertó a los ancianos, diciéndoles que la chica no había regresado a dormir a casa… los abuelos no entendían lo que sucedía, pues no podían recordar nada de la boda.
Buscaron por todos los alrededores y más allá, pero toda búsqueda fue infructuosa… pues nunca volvieron a saber nada de ella.





Enrique Nieto Rubio
Derechos Reservados.
Colabora en imagenes,
Silvia Regina Cossio Camara.

..Caracol de Enricostro.




Como un caracol en salsa,
 que en mi plato yo le vi; 
y chupándome los dedos,
 en mi boca les sentí. 
¡Ay Caracol delicioso.!
cuánto placer tú me has dado! 
Que todavía tengo el gusto,
 de haberte dado el bocado. 


¡Ay caracol exquisito.!
que tú me has hecho muy feliz! 
Que ya pasó una semana,
 y aún... yo me acuerdo de ti. 
Hoy te busco y te he encontrado,
 en el centro del placer; 
deseando cada día;
 verte de nuevo para comerte otra vez.

¡Este amor será eterno! 
¡Entre el gusto de mi boca y el placer! 
Enrique Nieto Rubio 
*Derechos Reservados*

..Vida de un barrendero de Enricostro.18, años.


Vida de un barrendero.de, Enricostro,
. El contenido de este escrito es para mayores...18 años.
...todo empezó con mi rutina, en mi circuito de trabajo. En una zona de casitas adosadas, de una planta. En una de estas calles al llegar al número 45, me cerraban las persianas siempre de golpe. Eso me llamó la atención mucho, pues eso me pasaba solo en este número.

 
Un día, al volver la esquina, vi, de lejos que estaba barriendo la puerta dicha


persona, aligere el paso,



Para verle la cara. Pero ella corría para meterse en la casa,  antes de que yo llegara.
 Tenía una bata blanca.

Ella por correr se le enganchó la bata, en el pestillo de la puerta, con tan mala suerte, que cayó al suelo quedando completamente desnuda.
 Corrí para socorrerla, cuando ella se giró alzando la pierna para darle una patada a la puerta y cerrarla. Al levantar la pierna, se quedó todo a la vista. Yo, encandilado por aquello, me quedé paralizado. Como estaba de hermosa, y que cosa más bonita tenía abajo.
Me dio, con la puerta en la cara y me pilló la mano,  cayendo de espaldas a la calle. Bueno se me hinchó la mano y la cara un Chichón grandísimo. Pero me fui alucinando en colores. Me dieron la baja unos días.
Pues tuve que decirle a mi capataz,  que me pille la mano con un contenedor. 

En los días que estuve de baja. Otro compañero iba por allí, y  esta señora le preguntó al nuevo;
¿Y el otro barrendero, ya no viene.?
le dijo;
¡¡mi compañero, le dijo: si es que ha tenido un, acídente, se ha pillado la mano, y se ha dado en la cara.!!
¿Vaya.?
Dijo la señora;
Al cabo de unos días, volví por allí y al llegar a este número. Se me vino a la cabeza, ese pedazo de cuerpo,  tan hermoso. De pronto salió la señora, y me pidió¿qué por favor; Entra un momento.? 

Yo entré y me dijo;
¿Siéntate por favor, mira quiero pedirte perdón, por pillarte la mano y lo de la frente? Es que medio mucha vergüenza, de que me vieras desnuda y quise cerrar la puerta, ¿no pensé que te pudiera dar.?

Le dije; ¡¡no fue  nada.!!
me preguntó; ¿cómo puedo  pagarte el daño, que te he hecho?
¡¡bueno con lo que vi!! Estoy bien pagado.!!
¿así... muchas gracias.?
se me fue acercando hacia mí y cuando estaba pegadita a mí, se volvió a abrir la bata. Creía morirme. Olía como los Ángeles a jazmín, como estaba sentado,  todo el pubis en mi cara, quedó rozando mis labios, me lo comí todo y toda ella. Hicimos el amor frenéticamente. Quedando como pollo remojado. Terminamos de hacerlo. 

Y me fui soplando y soplando, por la calle. Estuve todo el día soplando.  No me lo podía creer,  como me había pasado eso. 

A los dos días,  siguientes, yo cortado,  volvía a pasar por allí.  Pero volvió a salir, con ese aroma tan delicioso,  que llevaba me dijo; ¿Quieres un  café?  
¡¡Vale, le dije!! Ya eran las diez, hora del bocata.
Entre en casa, y me dijo; ¿con leche.? 
Le contesté; ¡¡sí.!! Y acercándose me dijo;  
Abriéndose la bata, que empezara por la leche. 
Nos pusimos guarritos de placer. Ya desde entonces, todos los días se inventaba algo para abrirse la bata. Cada vez que lo hacía me Moría de emoción. Era maravillosa, tan espontánea y tan elegante, y preciosa, que era. Así estuvimos mucho tiempo. Hasta que un día, nos casamos, pero ella, aún casados, seguía sorprendiéndome, con sus maniobras sexuales.
Era tan feliz, que jamás hombre alguno, lo habría sido, en todo el universo.
Así pasaron algunos años, tanta felicidad me asustaba.
Más yo le dije; que no sería bueno, tener tanta felicidad.
Aunque ya han pasado cinco años.
Le he preguntado; a mi amor, que si está bien, esta mañana, pues tenía mala cara. Me he levantado temblando y sudoroso, algo iba a pasar, era mi día negro seguro.
Amor pareja besándose en la cocina Foto de archivo - 5610092


Ella me ha dicho que no pasa nada,
mientras se desplomaba en mis brazos.


Yo, temblando de miedo, la llevé al hospital. Más iba muerta.
 Los médicos no se explicaban lo que había pasado. Les han hecho la autopsia y no les han sacado nada, dicen que es muerte súbita.



Más yo me estoy muriendo de pena. Tanto amor era imposible, los Dioses me han castigado. Son envidiosos y ladrones. Me han robado mi vida y mi amor.
Más ya no siento ni frío ni calor. Me han robado la ilusión de vivir. Me han enterrado vivo, son malos y rencorosos.
Estoy perdido en este mundo, vagando con  mi soledad. Nada ni nadie me satisface, ya no siento nada. Vivo errante por la vida, llorando por los rincones. Con una angustia que me ahoga, me falta hasta el aire, cuando estoy en mitad del campo.
 Sueño todas las noches, con ella, y me levanto llorando,  porque no está a mi lado. Deseo mi muerte, pues esta vida ya no la quiero.

En mi sillón sentado,  espero mis días finales. Pues vivo de sus recuerdos, que estos sí son inmortales. Pues quiero ver a los Dioses, para poder preguntarles, porque me quitaron el alma mía, mis sueños y mis cantares. Pues siendo tan poderosos, como envidia me tenían.
Ya la siento venir por el pasillo, se acerca y me alarga la mano, para llevarme con. Ella....... Fin
derechos de autor.
Enrique Nieto Rubio.

d.ym.doyc.yo.oo.pm.
Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.

..El conde dracula de Enricostro.(novela)



Cuenta la leyenda, que el malvado Conde Drácula, allá en Pensilvania, en esas noches tan largas, que en esta comarca se presentan.
 Él visitaba las casas del pueblo... Succionando la sangre de las doncellas, más bellas que allí había.

Todas las noches, se emperraba con la misma, hasta que la mataba... Más él no se daba cuenta de eso.


Paso mucho tiempo, más cuando no quedó ninguna doncella, el Conde Drácula tuvo que emigrar.

En su coche fúnebre, y acompañado de sus cocheros, y en su hermoso ataúd, recorrió toda Europa, y se dirigió a España... Se adentró en los bosques de Andalucía, y se instaló en un castillo cerca de Espejo, en Santa Cruz, exactamente.



Aquí empezó de nuevo con sus hazañas;  las doncellas más bellas morían pálidas... Pues nadie se explicaba qué estaba pasando, ya que en España, esto no se daba.

Pasaron los meses y luego años incluso.

El aspecto del Conde Drácula, era de unos veinte años; guapísimo, un hombre varonil como ninguno. Siempre vestido de negro con su capa negra y roja por dentro.

Visitó y deambulo por todos los pueblos de Andalucía.

Por último, se asentó en la Torre de la Calahorra, en Córdoba. En el sótano de la torre empezó a formar su hogar. Esta torre se comunica con la mezquita de Córdoba cruzando el río Guadalquivir por debajo del agua... Pues existen unos subterráneos que comunican con la Córdoba antigua; así que esto hacía imposible, que le persiguieran en caso de ser descubierto.


En Córdoba las muertes han empezado... Pero el Conde, por las noches de luna llena, se ha enamorado de Córdoba; pues es la ciudad más bella conocida por él.

Empezó a caminar, por sus calles empedradas y estrechas; llenas de magia y muy acogedoras. La luna brillaba y su reflejo rozaba el suelo, por donde pasaba, y rebotaban iluminando su rostro; era como si al cruzar las calles, el viento reinante pareciera abrasarle... Era subyugante y hermoso.

Él gustaba mirar por las ventanas iluminadas; viendo cómo las personas, llevaban una vida muy agradable y eso empezó a estremecerle.

Entró en la hermosa calle del Cristo de los Faroles, una pequeña plaza apenas iluminada 

Postales: ANTIGUA POSTAL, CORDOBA, CRISTO DE LOS FAROLES. - Foto 1 - 15136771
Por las farolas, y quedó maravillado, con su luna llena; que reflejaba el Cristo y un hermoso cuerpo de mujer, allí de rodillas, se encontraba.
Eran las diez de la noche, se acercó a la chica tapándose la cara, como sintiendo vergüenza del Cristo. 
Ella tenía dieciocho años, más o menos.


Ella estaba rezando al Cristo de rodillas, en el suelo... y él se acercó y le dijo:

- ¡Buenas noches!
Ella con una carita jamás vista por él... Dulce y bellísima... Vestida de negro, ojos grandes, labios rojos pronunciados, escote grande y con una mantilla negra, por encima de la cabeza. Morena y de cabellos negros sainó. Que brillaban con el reflejo de las farolas de gas, y de piel muy blanca.
El conde la miró a los ojos y le agregó:
- ¿Cómo puedes ser tan preciosa?
¿No te duelen las rodillas, con estas piedras?
Ella le respondió:
Más me duele mi corazón, pues mi madre se muere.
Ella, comenzó a incorporarse, y el conde le alargó la mano, ayudándola, a levantarse... Este le preguntó:
-¿Le importa que Le acompañe un rato?
Ella muy segura de sí misma, le dijo:
¡Está bien, por mí, no hay problema.!
El conde la acompañó hasta su casa, sin quitarle los ojos de encima.
El conde le confesó que era la noche más hermosa y nunca vista por él... Pues todo el paisaje era bellísimo y como si esto no fuese ya suficiente... Él se preguntaba cómo era posible, que existiera un ser tan perfecto como ella.

Al llegar a su casa, el Conde preguntó:
- ¿Me permites que vea a su mamá?
Ella buscando consuelo le dijo:
¡De acuerdo.!  ¡Pase por favor!

¡El conde se acercó, hasta el aposento de la madre y le tomó la mano, de pronto la madre abrió los ojos y lo miró; su color empezó a ponerse rojizo y las ojeras pronunciadas por tener la muerte encima; se le desaparecieron de los ojos.! ¡Y su rostro en general empezó a cambiar.! ¡No había duda, se había curado!

La muchacha feliz y sin dudarlo, por un instante abrazo al conde; y él, al sentir ese cuerpo delgado, lleno de vitalidad y con un aroma a canela... Tan solo cerró los ojos y su corazón se iluminó.
El Conde se asustó de aquella sensación extrañísima, pues jamás sintió nada igual.
Salió corriendo de la casa, y fue desapareciendo en la mitad de la noche... Ese día se acostó sin morder y/o beber la sangre de nadie.

A la noche siguiente, el Conde rondó por casa de la chica, con la excusa de ver a su encantadora amiga... Llamó a la puerta y ella fue quién le abrió.
El conde la saludó:- ¡Hola! ¿Cómo está tu madre? Pasaba por aquí y decidí visitarte.
Ella le respondió:
Está perfecta, llena de alegría y con muchas ganas de vivir.
Ella, con confianza, le alargó la mano... cogiéndolo y tirando de él y acto seguido, le echó la mano por la cintura.
Ella preguntó:
- ¿Cómo lo hiciste... acaso eres médico?
Él volvió a estremecerse, pero en esta ocasión él la miró, con unas ganas locas de morderla. Sentía que moría por hacerlo.

La madre al verlo... le dio las gracias; le ofreció cenar con ellas, pero el Conde, declinó la invitación inventando una excusa cualquiera.
Salió con ella, de la casa, abrazándolo, él se atrevió a besar su escote; deseando morderla... Pero no pudo, porque para ese momento, su corazón se había entrelazado, con el de ella.




A la tercera noche, él estaba débil; así pues, tuvo que dedicarse a chupar la sangre de los animales; no sabía qué le sucedía, el caso es que ya no podía morder a las chicas... Algo estaba cambiando en él.
En la tercera noche, caminando por la penumbra de la calle, en el interior del portal, él se desvivía por ella... La abrazaba y besaba con ansias y pasión... Con locura, pues su amor era perfecto.
Ella, por igual, se moría en sus brazos de placer y deseos; él la cobijó entre su capa... y él sintió como el cuerpo de la joven vibraba, hasta sentir un placer nunca descrito por ser humano alguno.
El Conde Drácula, perdió la magia de ser un vampiro, ya que, desde entonces, se amoldó a las comidas de las personas regulares; y determinó quedarse con su bella damisela por el resto de su vida,
desde entonces hacían el amor todas las noches en aquel portal de su casa.

Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Rejina Cossio Cámara.