lunes, 12 de octubre de 2020

..Quién eres mujer.

 


¿Quién eres mujer, de velo de seda?
¿Por qué escondes tu bello rostro? 
¡Si Dios te formó para embellecer este mundo!
 
¿Por qué te escondes mujer? 
¿Acaso las bellas flores? 
¿Se esconden bajo sus pétalos? 

¿O la belleza del colibrí? 
Ronda en la oscuridad, 
para que, ¿no se vea su hermosura? 

¿Acaso la perla más hermosa? 
Que luce una princesa;  
deba de guardarse en una caja 
para que no envejezca? 
¿Por qué te escondes mujer? 
Si Dios te creó, para el amor de los hombres. 
Pues sería como esconder,
 las estrellas y la luna... 
¡Sí! Así como el sol, que nos da la vida… 
¿Acaso Dios, no lo puso todo? 
¿En este mundo, para nuestro deleite? 
Pues sí, así hubiera sido... 
¿Por qué, no nos creó ciegos? 
¿O quizás, no fue cosa de Dios? 
Si no de los hombres... pero... 
¿Qué mal hombre, esconde a su madre? 
¿Para que nadie la vea? 
¿Como así Dios? 
Si tú creaste todo lo hermoso,
 de este mundo… 
¿Tapas a la mujer? 
¿Acaso se tienen que avergonzar de algo? 
¡De qué pues! 
Si María, madre de Jesús, llevaba velo. 
¿De qué se escondía? 
¿Acaso se avergüenzan de algo? 
¡De qué pues! 
¿O acaso somos los hombres? 
¿Quiénes las obligamos? 
Para humillarlas y degradarlas... ¿O no? 
¡No sé! Dímelo tú... ¿Sí? 

Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.

..Quiero estar por ti de Enricostro.

 





Quiero estar por ti... siempre;
 y morirme junto a tu amor. 

Quisiera fundirme en ti;
 para convertirnos en uno solo. 

Exclusivamente vivir por ti...
para entregarte mi sentir. 
Saber que eres mía...
me llena de profundas sensaciones.
Mi sentir por ti, no sé describir;  
pues es como olas de pasión. 
Es por eso que, en las noches,
 me cobijo... junto a tu querer. 

Y aunque el mundo entero,
 se desplome... feliz contigo sería;  

pues llegaste a mi vida para llenarla;
 de luz y bellos colores.




Tal vez no sea, del todo...
amor del bueno, o quizás sí lo sea; 
ya que tu, me lo has dado todo,
 aunque yo no me lo crea... 

Sé que no eres plenamente feliz;
 pues la pasión quedó lejos; 
sin embargo, sabes que sin ti;
 nunca saldría, de las tinieblas.
Porque tu, Rafi amada;
 eres mi vivir...y toda mi ilusión... 
por muchos años que transcurran,
 siempre serás mi amor. 

¿Sabes mi amor?
 Llevamos treinta años de matrimonio... 
y cuando observo el calendario....
¡Cuánto nos hemos amado! 

Es una vida entera a tu lado, 
disfrutando de este gran amor; 
con la bendición de Dios,
 hemos tenido abundancia en todo. 

Tres espléndidos hijos me has regalado,
 y cuatro bellos nietos... 
Contamos con una nuera y un yerno;
 quienes son los mejores.
Nuestro chico benjamín,
 siempre ha sido nuestro orgullo;  
contamos con la suerte de tener, 
una hija dulce y amorosa; 
Y el último de la camada...
el menor; quien es un querubín; 
estudiante fabuloso;
 quien siempre nos hace... muy felices. 


Nuestro último retoño, 
nos hace viejos y se lleva lo mejor; 
un fabuloso mundo nuevo...
lleno de rosas y todo el amor... 

Por lo tanto; amada mía,
 madre, amiga y esposa a la vez; 
tú me has brindado el regocijo...
de atesorar todo a mis pies. 
Rafi, solamente me resta decirte;
 que muero por tu querer. 
Te amaré con todo lo que soy,
 hasta el término de mis días. 

Y si mi sentir por ti, no es amor...
que venga Dios y lo confirme. 
Puesto que, como este;
 no existen dos,
 ¡Ni por dentro ni por fuera! 
Enrique Nieto Rubio 
*Derechos Reservados* 

viernes, 9 de octubre de 2020

..La novia de Internet

 

Hoy me encuentro muy enamorado de una linda chica, 

ha sido por Internet; ella me tiene loquito, pues es un amor. 
Su foto refleja a una chica preciosa, de unos 20 años; 
habla como los Ángeles, ella con dulzura me llama mi niño. 
Y me dice que se muere por mí, pues conmigo es muy feliz. 
Al lado de ella, los minutos pasan volando y siento dichoso. 
El tiempo ha transcurrido, y ya llevamos seis meses juntos; 
nuestro amor me edifica... pues cada día es mucho sólido. 
Ella me ha descrito todo su cuerpo... centímetro a centímetro;  
me pone muy cachondo, cuando susurra palabras de amor... 
Me dice que está en la cama, sentada sexy sobre sus piernas, 
y frente al ordenador... y que está desnuda completamente. 
Mi imaginación se dispara hasta bloquearme, siento calor...
Me turbo y aunque lo desee, una palabra no logro a pronunciar. 
Me dice que se introduce el dedito, mientras chatea conmigo... 
Ella provoca en mí espasmos y hasta temblores en las piernas.


La verdad es que la añoro, y sueño con ella todas las noches... 
Estamos en una cama los dos juntos, la veo más que hermosa;  
ella es dulce, cariñosa, hacemos el amor, y no quiero despertar. 
Me despierto y sigo soñando... ¡Me ha calado dentro del alma! 
Yo la incito para que se coloque de pie frente a un gran espejo, 
y se míre desnuda; y que me vaya diciendo cómo es su cuerpo... 
Y cuando entre suspiros ella me responde... me muero de gusto. 
Ella es un monumento de mujer, pues fresca y tersa luce su piel. 
Luego, desde la distancia, nuestras almas se funden en una sola;
yo le digo que sus manos son las mías, y las mías son las suyas. 
Nos sugerimos que debemos de hacer, y nos acariciamos todo; 
e igual nos besamos todo. La verdad, llegamos a excitarnos.

¡Solo con las palabras... esta mujer logrará que pierda la cabeza! 
El día de hoy es funesto; me he llevado una ingrata sorpresa, 
mi chica ha cambiado la foto de perfil... y ahora estoy muy triste. 
Lo cierto es, que me siento desconsolado y tengo ganas de llorar. 
¡Siento un nudo en la garganta; apenas me permite respirar! 
Tiemblo de dolor y de miedo...me ha dado la muerte Súbita. 
Nunca nos dijimos la edad... más ella no parecía tan joven;  
y nunca nos hemos visto por cámara; pues la mía, averiada, está. 
En la primera foto lucía de veinte años, y ahora de trece o catorce. 
¡Madre mía! Pienso las palabras tan gordas que hemos dicho.
Ahora estoy avergonzado, por los momentos de intimidad... 
Le he insistido en que me diga la edad... y ella entre sonrisas, 
con voz entrecortada, me ha dicho: Tengo trece años de edad.

¡Sí! Trece años. ¿Cómo una niña, sabe tanto detalles del sexo? 
¡No se inmutó, cuando yo le decía:! ¡Mi tranca es muy grande!
Todo lo contrario, pues respondía: ¡Con placer la comería toda! 
Toda esta situación me está matando... ¡No sé qué hacer ahora! 
Tengo treinta y cinco, estoy abrumado; y muriendo de pena. 
La chica se quiere morir también, pues de mí, se ha enamorado. 
Me dice que lamenta... que yo sea un hombre mucho mayor. 
Aparte de miserable; también me siento solo, y abandonado. 
¡Es menor! Imposible es continuar la relación. ¡Lloro de pena!
¿Cómo un amor tan hermoso; colmado de momentos de pasión? 
¿Puede morir sin esperanza? Más la razón debe prevalecer.
¡Sí! La razón que hoy me deja moribundo, pues me roba la ilusión.

Ahora que será de mí, no tengo el ánimo de volver a sonreír. 
La angustia es grande, siento que ¡Estoy muriendo de dolor! 
Ella continúa escribiendo, más decido que no puedo responder. 
La chica sigue enganchada al Messenger y yo, moriré de pena. 
Mi alma se siente contrita... ¡Me siento como un violador! 
Mis queridos amigos; si quieren saber, de qué color es la pena... 
De una joven deben enamorarse, y "su vida será  una quimera". 
Hoy me encuentro perdido... por un bello cuerpo y un alma pura. 
¡Un amor que mi mente marchitó, y mi cuerpo igual destrozó! 

- Fin - 

Yo la busco y no la encuentro más... en mi eterna soledad. 
En mi tristeza estoy muriendo, en este mi largo caminar. 
Pues yo a ti te sigo queriendo igual... ¿Qué culpa tengo yo? 
De haber cumplido esta edad, si por ti amor, yo me muero. 
¿Cuándo se apagará mi pesar? 
¡No sé, no sé...no sé! 
 

Enrique Nieto Rubio 
*Derechos de Autor*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.

..La rosa de los misterios de Enricostro.

Enrique era un muchacho de esta mi ciudad; estudiante excelente y muy modesto. Romántico pero muy cortado con las chicas. Pues en la Universidad nunca se atrevió a relacionarse con nadie. 

Un día, a principios de primavera, le otorgaron un premio al mejor en los exámenes, y este premio fue un maravilloso viaje a China, pues él dominaba el idioma a la perfección.

Se montó en su avión y allá marchó.

Estuvo en una gira por toda China, solo eran quince días pero fueron maravillosos.

En la última semana, vio una preciosa muchacha, de refilón, entre los jardines del parque.

Aquello fue un flechazo tremendo, corrió a verla de más cerca, pero le fue imposible, solo quedó un hermoso aroma en el aire que lo dejo superenamorado.

La buscó por todos sitios en aquel barrio, pero todo le olía a ese aroma tan especial. Enrique no podía dormir por las noches obsesionado con aquella hermosa muchacha.

Una noche hacía un calor tremendo, y decidió salir del hotel a dar un paseo por esas casas modestas pero con un encanto especial.

Pasaba por una calle cuando le vino otra vez ese aroma que hasta se les aflojaban las piernas, así como los conejos olfateando, llegó a una ventana semi obscura, pues de allí salía ese olor tan divino.

Con las cortinas no conseguía ver nada, pero esta vez fue atrevido y con los nudillos tocó el marco de la ventana, una voz suave y cálida respondió:
¿Quién es, quién llama.?

Él se asustó al oír esa voz, pero ya no había marcha atrás y dijo:
¡¡Soy yo, por favor no se asuste!!

Solo es su aroma que me disloca. Conocí ayer una señorita en el parque y es el mismo aroma que el que ella llevaba y no he podido resistirme.

Ella, asomada entre la cortina para no enseñar nada, miró a este chico y le dijo:
¡Sí!! Supongo que era yo la de ayer... ¿Qué deseas?
¡¡Me dejaste enamorado y la verdad es que no me quiero ir a mi tierra, sin antes conocerte!!
¡Eres muy atrevido tú!
¡¡Ni creas... que soy bien cortado!!, pero esta noche, de luna llena, me está eclipsando.
¿Así? Qué bien... a ver mírame.

Ella asomó más su cabeza por la ventana, y su gran mata de pelo negro descolgó sobre ella, él se acercó y viendo su gran belleza le dijo:

Si eres tú, estoy enamorado de ti desde que te vi, eres la mujer más preciosa de este mundo.

Ella movió la cabeza un poco diciendo:
¿Así? ¡¡no me digas!!

Y en ese mismo instante su pelo acarició el rostro de Enrique, quedando tan embobado que ya no fue capaz de expresar una sola palabra más y se sentó en mitad de la calle.

Así quedó el resto de la noche, tumbado en el suelo y mirando a la luna.

Ella, echada detrás del quicio de la ventana, quedó enamorada, al ver que él quedó allí en el suelo tumbado y sin expresar palabra alguna. Así que decidió tumbarse en su cama hasta el amanecer.

Al día siguiente Enrique no sabía bien qué ventana era la de su amada y volvió a perderse, así en sus últimos días en su salida con el grupo, esta vez, entró a la floristería de un señor muy mayor y este le dijo:
¡Tú eres el chico enamorado! ¿Verdad?
¡¡A, pues si soy yo!!, y ¿usted cómo lo sabe?

Amigo, pues lo sabemos todos en esta ciudad, qué piensas... este lugar es pequeño y aquí se sabe todo.

Tú lo que necesitas es la Rosa de los Misterios, no es una rosa cualquiera, es mágica. ¿Sabes?, si la cuidas bien, tu amor será eterno; pero si la descuidas, tu vida será triste y amarga... así que tú mi amigo decides.

¡Sí, si por favor déme una!! La cuidaré con todo mi amor.


Así debes de hacer, pero recuerda de regarla de vez en cuando, si no morirá como tu amor.

Enrique salió de lo más de contento, pues de allí salían todas sus ilusiones.

Nada más salir de la puerta de esa misteriosa tienda, la rosa empezó a abrir sus pétalos soltando ese aroma que a él tanto le enamoraba, cuando de pronto mirando esa flor, tropezó con esa hermosa muchacha que él tanto adoraba.

¡¡Oh perdón, señorita, fue sin querer!!
¡¡Aj sí!! Dijo ella... ¿Ya no me conoces?
¡¡Sí eres tú!! ¿Quieres que te acompañe?
¡¡Si vale!! Voy a realizar solo unas compras.

El chico se sentía profundamente enamorado e imposible le era quitarle la vista de encima. Le preguntó:
¿Cómo te llamas?
¡¡Me llamo Louchin!!
¿Y tú, cómo te llamas?
¡¡Enrique!! Y estoy superenamorado de ti... ¿No tendrás novio, verdad? ¡¡Si es así, me matas.!!
¡¡Já, já, já!! No tengo novio... ¿Qué vas a hacer tú?
¿Yo? Que más podría hacer, que pedirte que seas mi novia... estoy por ti, y no me marcharé de aquí sin ti.

¡¡Bueno chico!! Apenas nos conocemos, no crees que ¿estás corriendo demasiado?

¡¡Lo sé muchacha!! Pero para mí, es como si te conociera de toda la vida. Tu dulce aroma, tu pelo tan precioso, tus ojos hermosos, tu boca color carmesí... ¡¡todo de ti!!, me tiene muy enamorado.

Me quedaré aquí, hasta que tú me digas que sí.
¡¡Vale!!, te digo que sí... y ahora ¿qué? Já, já, ja.

Luego la chica con una coqueta sonrisa se despidió... salió corriendo y se metió en su casa.

Enrique quedó fuera en la calle y allí se tiró toda la mañana... hasta que decidió volverla a llamar.

Llamó a la puerta y en esta oportunidad salió una anciana.
¿Qué quiere usted?
¿Yo, yo? Tartalilleando.
¡Quiero a la princesa de esta casa!
Pues la princesa de esta casa, ¡¡solo soy yo!!, ¿me quieres a mí?

El chico no supo cómo reaccionar y guardó silencio, a lo que la anciana agregó:
¿Cómo se atreve?... ¡¡márchese!! Porque en este lugar nada se le ha perdido a usted.

Louchin, detrás de la puerta, junto con su abuela, se reían a más no poder ¡Já, já, já, já!, pues ya se lo había contado todo.

Enrique quedó cortado sin saber qué hacer, y cuando se disponía a darse la vuelta para marchar, la abuela abrió la puerta y siseando lo llamó, ish ish ish. Con el dedo le hizo una seña invitándolo a ingresar.

Louchin saltaba de la alegría y se abrazó a él. Desde entonces ya no se separarían jamás, y para no dejar sola a la anciana, que era la única familia de la chica, se quedó a vivir en China para siempre.

En los veranos, viajaban de vacaciones a Córdoba, España, y Enrique siempre se llevaba la rosa de los misterios, junto con ellos.

Se casaron y fueron inmensamente felices, y la Rosa de los Milagros le permitió vivir mil años... o quizás un poco más... ni se sabe siquiera.

Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
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