jueves, 23 de enero de 2020

**El hombre invisible. (novela)solo para mayores.



Aquí, en Bielorrusia. Se está llevando a cabo un gran experimento; se trata de hacer un ejército de hombres invisibles. Bueno, el caso es que ya se están creando estos soldados, que están programados a través de unos cascos; pero bueno, os diré quién soy yo.
Yo soy el chico de la limpieza; yo trabajo a partir de las diez de la noche en este centro.

Cuando estaba limpiando cerca del túnel de invisibilidad, he tropezado cayendo dentro. Esto me ha convertido en invisible; he escrito una carta de despido a la empresa, no quiero que se entere nadie.



La verdad es que esto es maravilloso; me he marchado en coche a casa, pero antes he entrado en la casa de mi vecina, que siempre me ha tenido enamorado. Ella está leyendo en el salón; es un cielo de mujer.
Ahora se va a la ducha y la estoy siguiendo; me he metido con ella, quiero ver qué hace una mujer en su intimidad. ¡Madre mía, qué cuerpo! Es hermosísima en pelota, está que se rompe de buena, no me voy a poder aguantar, la voy a enjabonar... Y ella ha empezado a gritar.

- Le he tenido que tapar la boca.
¿Quién eres...? me ha preguntado.
- Soy el hombre invisible, que quiero hacer el amor contigo.
¡Y una mierda!... ¡Suéltame!

¡Hacer el amor, ni hablar!
La he cogido por detrás, con las manos en los pechos; ella me las quiere quitar.
He llegado antes a ella, ¡oh! La tengo apretujadita a mí, y me ha dicho:
¡Guarro, suéltame!
- Bueno, la he soltado, era broma, le he dicho.
-Soy yo, tu vecino de enfrente, que tantas veces me he metido contigo... Sabes que me tienes loquito.
Ella ha cedido... Pero me ha dicho:
¡No me hagas daño!
- Bueno, no pensaba hacerle daño.


Con el agua me estoy viendo en el espejo, parezco como de hielo; se ve que la humedad no me va muy bien. Ella me está viendo también, se ha quedado alucinada; me está tocando todo el cuerpo.
Mi piel se siente suave como el cristal. Hemos salido hacia el dormitorio; se ha dejado hacer de todo. ¡Hemos gozado los dos!
¡Me ha encantado hacerlo, con alguien invisible! Susurró la chica.
Le he preguntado:
¿Quieres que venga otra vez?
¡Siiii!
- Bueno, ahora tengo que sacarle a todo esto el beneficio... Puedo viajar, aunque iré de balde en todo. ¡Joder!

En este momento, voy a espiar en la comisaría para ver qué hacen estos perrones. Ha salido una patrulla; me he metido detrás. En el coche, no me he equivocado, se han echado a dormir.


En cuanto hemos llegado a una calle oscura, es de vergüenza; les voy a dar un susto; pulsaré el botón de la sirena. ¡Oh! Se han cagado de susto, se han puesto a patrullar. Se les ha quitado las ganas de dormir... ¡Esto no lo harán más!
Estoy cansado... Cuando han parado y han salido, me he ido a mi casa; pronto me acostaré. Pero cuando iba calle arriba, en un piso hay alguien pegando a una mujer, pues escucho gritos. He llamado al timbre y me ha abierto un vecino, que me dice:
¡Está loco, que le está pegando a la mujer una paliza tremenda! ¡Llame a la policía!

- ¡Sí... a la policía verá este!

He arrancado un hierro de una baranda del parque; esta desaparece cuando la toco. Bien, se va a enterar este tío; he subido a su piso, he llamado al timbre; me he apartado a un lado.


Se asoma a las escaleras y he entrado a la casa. Nada más entrar, le ha roto la nariz a la mujer, de un puñetazo, diciéndole:
¡So puta!
Con la barra... no me lo he pensado, le he reventado la cabeza.

Ella está en el suelo, cubriéndose la cara en un charco de sangre.

Él ha caído redondo; me parece que lo he matado; mas no me importa; lo he sacado a las escaleras, y se ha caído por el hueco de ella.

Me he marchado con mi hierro. Al día siguiente he aparecido por allí; este está en el hospital, no ha muerto.
He ido al hospital, está semiinconsciente; me he pegado a su oído diciéndole:
- Como la vuelvas a pegar... ¡Te mataré! Este se ha cagado cuando me ha oído.

Ahora me gusta pasear por las noches. Por las calles veré qué puedo solucionar; me he fabricado un buen garrote; este me servirá para protegerme de los intrusos.

Aquí, cerca de un Pub, hay cuatro tíos metiéndose con una chica; le están toqueteando, ella está gritando, pero nadie la oye... o mejor nadie se mete por medio.

¡Estos se enteran! Al primero le he roto la cara, y ha caído piloto; a otro en la cabeza... a este se la he abierto; quedan dos.


Estos no se dan cuenta de que hay dos amigos caos en el suelo; entre los dos que quedan, uno se la está metiendo a la chica, mientras el otro la agarra. Le he reventado la espalda y al otro la cabeza.
La chica está llorando; se acabó la historia.
Suuuu, le he dicho al oído. Ella mira a todos sitios, pero no ve a nadie. Yo le he dicho:

¡No mires hacia atrás! Aunque yo estoy delante de ella.
- ¡Vete a tu casa y no mires atrás! ¡Yo te seguiré para que no te pase nada! ¿Vale?
- Sí... Pero, ¿quién eres?
¡No te preocupes! Como verás, la noche no es para chicas solas.
Hemos ido a su casa; ha encendido la luz de su dormitorio, mirando a ver si me ve por la ventana. Le he gritado:
¡Ay, no digas nada, o te acusarán de haber matado a alguno!
- ¡Sí! Respondió ella.
La verdad es que esto mola, me siento como un superhombre, haré muchísimas cosas buenas y malas.

Voy a visitar a mi amiga, son las once de la noche y tengo ganas de echar un buen polvo. He llegado a su portal, y he llamado al timbre cinco veces; ya por fin me ha contestado.
¿Quién es?
- Soy yo, tu amigo, el hombre invisible. ¡Jajajajajaja!
¡Ahhh, vete, es muy tarde!
- Oye, si no me abres, estaré toda la noche con la mano en el timbre; ya verás cómo los vecinos van a tu casa a pegarte que no.
¡Bueno! ¡Bueno, ya te abro!
Me ha abierto y he entrado a su casa; no he hecho ruido alguno, no sabe dónde estoy.



¡Venga, ya es muy tarde! Te puedo oler que quieres.
- Quiero acostarme contigo y echar un buen polvo.
¡Qué fino eres! ¡Es que es muy tarde!
 será rápido... ¿Vale?
¡Bueno... ¡Venga! Espérame en la cama, me daré una ducha.
 y me quedaré a dormir contigo, ¿no te importa?
¡Buenooo... ¡Venga!
Ya en la cama lo hemos hecho; la verdad es que se me duerme la niña; bueno... Ya ha empezado a sentir el placer de vivir.
¡Oh, sí, sí, sí, ooo!
- ¡Me ha clavado las uñas! ¡Es una fiera! ¡Jajajaja!
Me he quedado dormido.

A la mañana siguiente... ¡Tonto de mí! Nunca debí quedarme dormido con nadie. Ella, cuando dormía, me ha buscado las manos y me ha amarrado de pies y manos. Cuando he abierto los ojos, la tengo encima; me ha dicho:
¡Anda, superhombre! ¿Ahora qué?
- Me la ha cogido, tirando un montón.
¡Ay, ay, ay! ¡Que me haces daño!
¡Ahhh! Sí, bueno, y... Si te la corto, ¿ahora qué?
¡Porfa, no! ¡Déjame... no te molestaré más! Te lo juro.

¡Ahhhh, sí! Y eso ahora, ¿no me molestarás más en? Bueno, bueno... Y si llamo a la policía, ¿qué me creerán, cuando te toquen?

¡No, por favor! Me sueltas y no te molesto más.

Y mientras seguía tirando, la verdad es que me estaba
Empalmando.
¡Qué guarro! Te has empalmado ahora; te vas a enterar.
Yo creía que iba por las tijeras, pero se las ha metido en la boca.
¡Ahhh, me ha dado un mordisco! ¡Niña que es mía, joc!
Se ha subido encima de mí, moviéndose lentamente; ha apretado el ritmo hasta que se ha corrido.
¡Ohhhh!
¡Y yo también!

Me ha soltado y me ha preguntado:
¿Quieres salir conmigo? No puedes hacerme esto, de llegar a las tantas.
- Sí... ¡Vale! Pero tengo que robar un banco.
¡No me digas! ¿Qué vas? ¿A robar un banco?
¡¡Seguro que sí!! ¡¡Jajajá!!
Se ha reído: ¡Jajajaja!... Yo también.
Verás... esta mañana, ¿tienes que hacer algo?
¡Esta mañana no! ¡Luego, más tarde sí!
¡Vale! Vente conmigo, pero no me hables, ni nada. ¿Vale?
Hemos llegado a la puerta del banco.
¡Espérame aquí en la esquina!

He entrado al banco. En el cajón del cajero, tiene un montón de billetes grandes; este se ha levantado... pues todos los papeles detrás de él, se los he tirado al suelo. Se ha agachado para recogerlos, y le he quitado todos los billetes a él.
A otro cajero le he hecho lo mismo, también se los he quitado; he salido por lo menos con cuatro mil euros. Ya afuera le he dicho a mi chica.
¡Ven! ¡Vayámonos! ¿Qué te quieres comprar hoy? ¡Di lo que más te guste!
¡Venga! ¡Sal de aquí, so guarro! ¡Sal!
Me he salido, pero cuando la dependienta estaba descuidada, le he cogido cinco vestidos más.

Nos hemos ido a casa; estos vestidos se los he soltado en lo alto de la mesa del salón. Cuando lo ha visto, me ha dicho:
¡Qué malo eres! En menos de una hora ya has cometido dos delitos.
Hemos empezado con el morreo y hemos terminado en la cama otra vez.
Le he soltado todos los billetes en la cama; ella se ha quedado alucinada cuando ha visto tanto dinero; junto a ello, ha empezado a gritar como loca... Y yo:
¡Siiii! ¡Cállate, los vecinos!
- Mañana iré al barrio este, donde se vende la droga; tenía ganas de darles un escarmiento a esos traficantes, les robaré toda la pasta, en sus propias narices. ¡Me encanta ser malo!

He ido, y casa por casa, le he mangado todo el dinero; hasta un lingote de oro que tiene uno, no sé de dónde lo habrá sacado. Otro chulo de mujeres malas la está calentando a ostias, en la casa donde ella hace sus cosas.
Con mi garrote le he abierto la cabeza, y le he quitado toda la pasta que lleva en el bolsillo; es un montón de billetes. El barrio está todo en guerra; por los robos todos se culpan, hay hasta tiros por las ventanas. La policía viene en camino y... ¡yo me piro!
Esto en secreto. ¿Saben? Quiero ir a América y mataré a todo el que haga daño a alguien; me da igual la edad que tenga... ¡Lo mato y fuera!


Yo seré la ley y todo será infraganti, para no equivocarme; ahh, y me gustará espiar a los políticos corruptos; a esos les daré la mayor paliza de su vida.
Muchos como yo arreglaremos el mundo, este de mierda; robaré todos los diamantes que pueda y los enterraré donde me dé la gana. Mataré a todos los mafiosos que explotan a las criaturas en África; y ayudaré a todo el que lo necesite, seré como un Robin Hood.

Esto será un juego para mí; robaré a los ricos y se lo daré a los pobres. Son tantas las cosas que me gustaría hacer, que me faltaran horas. He hecho tantas cosas buenas y malas que Dios lo tendrá difícil para juzgarme.

Cuando abrazo a una mujer, ella también desaparece, mientras yo la tenga cogida. Hay una chica aquí en Manhattan que es muy morbosa; le he dicho que haré el amor con ella en la misma plaza. ¡Hemos salido totalmente desnudos!

Vamos por los pasillos; están plagados de gente. Ella mira a todos, pero como la llevo agarrada a mí, a ella no la ven tampoco, y hemos salido a la plaza. Allí mismo lo hemos hecho, pero ella chilla mucho; y todo el mundo está mirando por todos lados, mas no nos ven. ¡Es muy emocionante!

Pero ella se ha soltado por un segundo, quedándose totalmente en pelota; delante de algunos ha chillado, y la he agarrado tapándole la boca.

¡Ven, ven! ¡Cállate! Que estos crean que ha sido una alucinación.

Nos hemos ido de allí, a la oficina; se ha vuelto majareta, y la he dejado en la oficina para que se vista.

Sigo persiguiendo a maltratadores por la ciudad, llevo una vida intensa; ya he hecho de todo, ya no sé a quién joder. Pero cerca del agua, ni hablar; iré a los países, estos donde los maltratos con menores están a flor de piel.

Me subo en un avión, me marcho a un país hispano; mas no diré su nombre, para no discriminar.


Y todos los países estos, aquí me necesitan mucho; he matado a muchas personas malas, solo al bajar del avión. Hay un barrio a pocos kilómetros; aquí hay un tipo en una aldea que tiene cerca de veinte menores, de doce hasta veinte años.

A las niñas les obligan a hacer todo lo que quieren los gordos asquerosos, estos.

He entrado de habitación en habitación, y me dan ganas de llorar; son crías. Se las chupan a estos; incluso han matado a más de una, esforzándolas por no decirlo más. . A lo bestia, ¡es tremendo!



Muchas están llorando. ¡Dios mío! Una no quería; este le ha pegado con la correa en la cara; le está diciendo que se acerque y chupe la verdad. Estoy tan mal que juro haré una masacre en este sitio. He empezado por el dueño y sus compinches. Una mujer cómplice de este tío, he ido a por unas tijeras de podar, de esas curvas; eso lo corta todo.

¡Ohhh, no! ¡He vuelto a entrar este cerdo, con la polla tan larga! Verá, he retirado despacito a la niña... ¡Y con los testículos y todo! Chaz.

Se la he cortado; chilla como un cerdo. La niña está aterrorizada de lo que ha visto, con los testículos en el aire flotando; ella está toda llena de sangre, está aterrada. Le he dicho a la niña:

¡Toma esto! ¡Entiérralo donde no lo encuentre nadie, y no vuelvas más!

Ella no la quería coger... Le he dicho:

¡Te la tendrás que comer entonces!

¡Y lo ha hecho! Enterrándola en una maceta.

He ido habitación por habitación, haciendo exactamente lo mismo con todos, y dándoselas a las chicas, la que no quiere.

Les he dicho que si no lo hacen, se la tendrán que comer.

Así que todas corriendo despavoridas, he limpiado todo el garito; ya las tienes en el jardín de enfrente; todas escarbando en cueros, enterrando testículos y penes a montones.

Esperemos que no críen.

A este y a la fulana, les he hecho que se coman la del patrón; lo siento, pero les he tenido que dar algunas hostias antes de matarla. Ella era la cazadora de niñas.

A mí, que una prostituta gane dinero haciendo eso con los demás, no me importa en absoluto. Pero las menores debieran ser sagradas para los adultos.

Otra cosa es que dos menores hagan el amor, doce o trece.

Años lo hacen en las esquinas, pero son de las mismas edades y por su propia cuenta.

Yo no me meto en este antro, es un valle de sangre. La prensa ha encontrado a todos los hartos cargos sin sus atributos; algunos se han desangrado y han muerto.

Otros se quedarán sin polla para los restos de su vida. Nadie se explica cómo ha pasado esto; yo me he largado de aquí.


Estoy lleno de sangre de estos cerdos; me iré a duchar. Buscaré a una chica de confianza para ir a su casa, para bañarme en la intimidad; pues con el agua soy vulnerable.

Estoy caminando por la calle; un tío está pegando a otra chica. Lo he arrastrado hasta un sitio oscuro, pues ya es de noche aquí.

Detrás de la esquina, con una cuerda, que se la he liado en el cuello; y lo he estrangulado sin querer.

Le he quitado todo lo que lleva en el bolsillo; es muchísimo dinero. La he llamado, y se ha acercado a la esquina... Le he dicho:
¡Vuélvete de espaldas! ¿Tienes casa?
- ¡Sí. . ¡Sí!
¿Y tienes ducha?
¡Sí!... ¿Por qué?
- ¿Te importaría llevarme a tu casa? Quiero darme un baño... ¡Te lo pagaré! ¿Vale?
- ¡Sí vale!
Camina tú delante, pero no te vuelvas, porque estoy aquí.
Es que tengo cinco niños, y no tengo que darles.
¡Pues este no volverá a pegarte jamás!

Ha abierto la puerta de la casa; allí los cinco chiquillos:
¡Mamá! ¡Mamá! Una de dieciocho años llorando en un rincón; la madre se ha dirigido a la niña, esta le ha contado lo sucedido, era una de las que yo he liberado; se han puesto a llorar las dos.
Me he acercado a ella, que está en el suelo abrazadita a su hija, y le he dicho al oído:
¡Llévame a la ducha! ¿Vale?
Ella se ha levantado y ha acostado a los niños. Le he dicho:
¡Soy producto de un experimento! Esta mujer es preciosa, me está tocando la cara, está alucinando. Cuando ha apartado las manos de mí, se las ha llenado de sangre; ha ido al lavabo a lavárselas.


Yo me he desnudado, pero ya con el vapor, mi cuerpo se va transformando, como si fuera de cristal; ella se ha quedado fijando en mí. El baño no tiene cortina, y ella se ha acercado a mí, pasando sus manos por todo mi cuerpo.
Está alucinando en colores, ha cogido una esponja y me ayuda a quitarme la sangre, y alucinada y diciendo:
¡Madre mía! Qué cuerpo más bonito de cristal. ¡Eres precioso!

Se ha revolcado conmigo en la ducha, pero no hemos hecho nada, solo le he dicho:
¡No podrá hablar jamás de esto! Además, que no te creerán... ¿Cierto?
- ¡Sí! ¡Sí!
Mi ropa quedó en el suelo, toda llena de sangre. Le he pedido:
¿Tienes algo de ropa para mí?
- ¡Claro que sí!
Ella me ha vestido con la ropa de su marido, que ya no vive con ella, desde hace tiempo.

En el suelo, con la ropa, aparece el garrote y una mochila con diversas armas, y las tijeras; todo lo ha vaciado ella... diciéndome:
¡Te lavaré la bolsa!
Ha caído también un gran montón de billetes en el suelo; se los he regalado a ella, pero le he dicho:
¡Ser prudente! Y no gastes más de lo habitual, o levantará sospechas. Por detrás, con una bandeja tremenda con de todo, he entrado en la casa, he puesto la mesa; eso olía que te mueres.
He llenado la mesa de cosas riquísimas; cuando ha salido de la ducha y ha visto la mesa, se ha girado. Jamás vio tanta comida junta y tan riquísima; se le ha caído hasta la toalla, quedándose desnuda.

¡Vaya cuerpo que tiene ella! Como no me ve, ni se tapa siquiera, nos hemos sentado y hemos comido como reyes. Ella me ha preguntado:
¿Te quedarás a dormir en casa?
- Yo le he dicho: Bueno, no tengo dónde dormir.
Me ha dicho: Tendrás que dormir conmigo, no tengo más camas.
- ¡Sí vale!
La verdad es que yo no me fiaba mucho de ella; pues una mujer que tiene relaciones con muchos, las enfermedades están al día. Ella me dice:
Yo tomo precauciones en las relaciones; por si quieres algo, te lo daré con gusto.


Bueno, nos íbamos a la cama cuando ha salido la mayor.
- ¡Mamá, tengo hambre! No he comido nada desde esta mañana.
Cuando ha visto tanta comida que hay en la mesa, ha dicho:
¡Mamaaa!
- ¡Anda, hija! ¡Cómete lo que quieras! Y apaga la luz y te acuestas.
Ella se ha metido en la habitación y se ha acostado. Ella es tan hermosa y huele maravilloso; está para comérsela, y la verdad es que me la he comido toda.

Al amanecer he recogido todas mis cosas y me he largado a seguir con mi historia. Le he escrito una nota de agradecimiento por esta noche de calor y de amabilidad.

He seguido jodiendo a los mafiosos; llevo la mochila a rebosar de dinero. He pasado por un suburbio; jamás pensé que hubiera tantos indigentes allí. He ido repartiendo diez billetes a cada uno, sin que se den cuenta.
Una madre que pasaba con tres hijos para el colegio, he jugado con ella un poquito; he puesto diez billetes de cien dólares en el suelo; ella al verlo... ¡Madre mía!
Qué cara mirando hacia todos lados; se ha tirado de boca al suelo, cogiéndolos y guardándoselos sin mirar siquiera.


De pronto, al levantar la cara, le he dado un beso en los labios; se ha quedado de piedra; ha dejado a los niños en el colegio. Y se ha marchado a casa asustada por tener tanto dinero.
Me ha hecho mucha gracia: un hombre que pasa por mi lado, le he metido en la chaqueta un montón de billetes. También este se ha creído que se ha enganchado con algo la chaqueta, se ha metido la mano en la chaqueta sacando cantidad de billetes, ha dicho:

¡Madre mía, de mi alma! ¿Qué es esto? Ha salido para su casa; también que se las pela, ya tiene el sueldo ganado. Me he escondido detrás de unas cajas, con una abertura delante; y he llamado a un chico que hay aquí enfrente.


¡Niño! Ehh... ¡Ven! ¿Sí?
Aquí en las cajas estas... mira, tengo este montón de sobres. Si los repartes por todos los buzones del barrio, te doy cincuenta dólares... ¿Qué me dices?
- ¡Sí! ¡Sí!
Pero te diré una cosa: Si encuentro algún buzón sin sobre, no te daré nada. ¿Vale?
- ¡Sí! ¡Sí!
Bueno... Mira, te subiré a cien dólares hace.
¡Te espero aquí a las dos! ¿Vale?

Mientras haré algunas cosas por la ciudad, así ha pasado el tiempo; más me acordé del experimento militar, me he dado cuenta de que esto es peligroso para la humanidad. Tengo que sabotear esto, ya son las dos, ha llegado el chico... Le he dado el dinero.
¡Mira, me tengo que ir! Pero tengo esta caja llena de sobres; te llevará algún tiempo repartirlos. ¿Estás dispuesto?
- ¡Sí! ¡Sí, lo haré!
Pero el último sobre será para ti... Este tiene una equis grande escrita; lo cogerá… Es el último. ¿Vale?
- ¡Sí... ¡Gracias!
¡Bien, muchacho! ¡Serás un campeón!

He cogido un avión para Rusia. He entrado en el laboratorio y he puesto tantos explosivos que, cuando esto eche a andar por la mañana, la explosión se oirá hasta en España.
He puesto cargas por todos sitios; no sé qué pasará con estos hombres, pues ellos sí dependen de las máquinas para vivir así.
Que me largo de esta ciudad corriendo, a la mañana... La explosión ha sido tan grande que el temblor de tierra ha supuesto un terremoto en la escala cinco de Richter.


Ya han muerto algunas personas, pero esto era muy peligroso para el mundo. Lo que yo no sabía es que, de alguna manera, yo también estaba conectado a ellos.
Paseando por la calle me he ido transformando; estoy normal... Y con muchísimo dinero en la mochila. He vuelto a casa y hoy vivo como una persona, como cualquier persona.
He visitado a mi vecina, y me he encontrado que tiene un niño de cinco años, pero está viviendo con otra persona... (Eso me ha dicho).

¡Te he esperado mucho tiempo! Creía que te había pasado algo, pues... ¡Nunca me llamaste!
- La verdad es que lleva razón, el tiempo ha pasado volando.
¿Ya no te pones invisible?
- ¡No! ¡Ya no!
¡Ahhh... pues así, sí que me ponías!
- Bueno, quién sabe, a lo mejor algún día. ¿Y este quién es?
- ¡Este es tu hijo!
¿Mío? ¡Vaya! ¿Cómo se llama?
- Juanito.
¡Ohhhh! ¡Es precioso!
Mi pareja está en paro y se queda con el niño.
- ¿Pero lo quiere?
En un principio sí, pero discutimos mucho. Él no se quiere quedar con el niño.

- ¿Y por qué no lo dejas?
No lo dejó, porque tiene un carácter muy violento.
- ¿Pero te ha pegado?
¡No! Pero sí me asusta un poco.
- ¡Lo siento! Pero mi niño, no se quedará con un gilipollas. ¡Échale!
Está acostado.
- ¡Échale!
Me tengo que ir a trabajar.
Lo ha llamado para que se quede con el niño; se ha liado a darle voces.
He cogido mi porra favorita, y no me lo he pensado nada, le he roto la espalda y le he dicho:
¡Yo soy el padre del niño! Si te vuelvo a ver en esta casa... ¡te mato!

Ha salido corriendo, que se las pela. Ella me ha dicho:
¡Pero tú estás loco! ¿O qué?
- ¡Yo me quedaré con el niño! Y tú te irás a trabajar.
¡Lo que me faltaba! ¡Otro que no trabaja!
 ven, dame un beso... ¿Vale? Nos casaremos si tú quieres. Tenemos que dar los apellidos al niño, ¿vale? Mira, cielo... ¡No vas a ir más a trabajar!
¡Ahhh, sí! ¿Y de qué comemos?
¡Lo verás! ¿Sabes a dónde vivo?
- ¡Sí!
¡Bueno! Toma las llaves, abres y verás lo que te encuentras, pero no vayas a gritar; que los vecinos están muy sensibles.
- ¡Vale!
Ha bajado para la calle y va para mi casa. Cuando llegue, verá que toda la casa está llenita de billetes, por todos sitios. Chillará seguro; así mismo ha sido el chillido... Pues se ha oído hasta en comisaría. ¡La madre que la trajo!



Me he asomado por la ventana, y viene pegando saltos y chillidos; ha subido cuando ha abierto la puerta, ha encontrado al niño flotando en el aire.
Me he acercado a ella y le he dado un chupetón en la cara. Ella se ha enganchado a mí, y los tres en el suelo revolcándonos... es un amor y nos querremos.
¡Esto será así, para siempre!



- Fin -




Enrique Nieto Rubio

Todos los derechos reservados.

martes, 21 de enero de 2020

**Viaje de vacaciones. para( mayores.)

Viajaba en una gira por Perú, en un autobús. Era un regalo de empresa que nos habían dado a todos los trabajadores. Íbamos dieciocho personas; todos tenían pareja menos yo. Quizás seré el más feo; da lo mismo.

Estaremos una semana en cada pueblo aproximadamente.

Un día paramos en una aldea, pues el autobús había tenido una avería, por lo que deberíamos parar dos semanas por lo menos. Allá en el poblacho paramos en una pensión muy humilde, pero acogedora.

Las personas de allí eran superamables; además, se desvivían por servirnos de todo. Una tarde, después de tomar el almuerzo, salí fuera... y observé enfrente de la pensión a una chica desastrosa y muy sucia. 


Ella vestía con ropa muy vieja y sucia en la entrada de una casa, y en su rostro se observaba que era muy infeliz.
Como llovía a mares y me dio mucha pena. 

Me acerqué a ella y le pregunté: "¿Qué te pasa?".

Ella, sin mirarme siquiera, respondió:
¡¡Es que me ha echado a la calle mi mamá y mi padrastro, dicen que soy fea y muy floja, que nunca hago nada bien!!

¿Y no tienes zapatos.?
¡¡No, no tenemos dinero y además mi padrastro me pega mucho y mi mamá también, dice que yo lo enfado y es que él es un borracho malo y tonto.!!

¿Y cómo tienes tantas heridas en los pies?
¡¡Es que yo duermo en unos trapos en el suelo y hay ratas, me dan bocados y mi mamá no me escucha!! ¡Un día, me voy a ir! Ella quiere que me muera; muchos días ni me da de comer.

Ya te veo, estás muy canija, ¿quieres comer algo? ¡¡Claro!!
¡Espera, pégate a la puerta y cuando te haga una señal entras, ¿vale?

Esperé a que el conserje estuviera de espalda y le hice señas con el dedo, la subí a mi habitación y la escondí; le dije:
¡Tienes que lavarte bien y tomar un baño!

Ella no quería, pero yo insistí; además, la iba a curar. Ella aceptó, pues estaba muerta de hambre y de frío. Puse una bañera con agua caliente y se metió; solo tenía el vestido y nada más.

¿Quieres que te ayude?
¡¡Sí!!

Esta niña no conocía la vergüenza siquiera, era muy inocente; la he enjabonado bien, se queja un montón, pues está demasiado dañada en su piel.

Luego de bañarse, le he puesto una bata y la he peinado. Tiene un pelo precioso y una carita linda, linda.
Me ha dado mucha pena, le he dado de comer y se ha puesto morada; ella no para de mirarme.
¿Y qué, cómo te encuentras?
¡¡Estoy muy bien!!

Con la bata y saltando en la cama, revolcándose en ella, estaba como loca; parecía una niña chica, no se tendrá como diecisiete o dieciocho más o menos.
Yo le decía:
¡No des gritos!

La ventana de mi cuarto daba frente a su casa, mas parecía que poco o nada les importaba la chiquilla. 

Le he dicho:
¡Espérame aquí no salgas para nada! ¿Vale?
¡¡Si vale.!!

He ido a la habitación de mi compañera Concha, que es la que más confianza tengo, y le he pedido:
¿Conchita tiene algo de ropa para una chica y unas braguitas?
Me ha dado de todo, y se ha echado a reír a carcajadas.
¡Gracias, eres un sol! Le di un fuerte abrazo en agradecimiento y feliz regresé a mi habitación.


He vuelto y la chica se ha quedado dormida en mi cama, hecha un rosquito con los pies encogidos; claro, se ha dejado el toto, que se le ve todo. La verdad es que tiene un toto precioso (ya saben lo de abajo).

Bueno, ahora que está durmiendo, le estoy curando con yodo, por todas las heridas... Ella ni se ha dado cuenta; se ve que ha sido maltratada continuamente. Le he puesto las braguitas y la he tapado. 

Es preciosa durmiendo, además de tener un tipo muy bonito.

No la dejaré que vuelva a pasar por esos malos tratos. Mi compañera me ha contado que ya esta mañana la han tirado de una patada sobre todo el barro. Se quedará conmigo seguro. Ya ha llegado la noche y en su casa les da igual que aún esté en la calle.

No la quieren... Mientras pensaba en qué haría con ella, la chica se ha despertado.

Me ha dicho que tiene hambre.

Yo ya estaba preparado, le tenía de todo, hasta fruta, así que inmediatamente se ha puesto a comer.

¡¡Ohh!!
¡Despacio, niña, tranquila, come despacio o te sentará mal!

Parecía una leona comiendo, con su ropa interior puesta y para ella es como si estuviera en cueros; le ha dado igual. Bueno, está bien, ha comido muy bien... Pronto parecerá otra persona.

La verdad es que así ya es otra; la chica me mira mucho y me abraza, es muy buena y cariñosa. Tiene un pelo largo moreno y es muy viva y lista.

Hemos estado las dos semanas jugando en el cuarto; lo hemos pasado bomba; es traviesa, se esconde debajo de la cama para asustarme.

Le he dicho que me llame Toni... y ya para estos momentos soy su Toni, me quiere un montón y yo a ella también, y la sacaré de ese país pase lo que pase, o me quedo yo.


No me separaré de ella; hoy nos vamos ya. Así que la he sacado conmigo de la mano y nos hemos subido al autobús. Lo malo es que ella no tiene papeles, pero me da lo mismo. 



Solo mis compañeros se han dado cuenta y se han quedado boquiabiertos de lo preciosa que es ella.

Todos me han apoyado, así que se viene con nosotros. Mis compañeras me han dejado perplejo cómo la están tratando, con tanto cariño que hasta me han hecho llorar de alegría.

Todas la han abrazado como si de una hermana se tratara. Es maravilloso este trato que les han dado y ella está feliz como nunca. 

Se siente encantada de venirse con nosotros en el viaje... Ya la tengo otra vez saltando como loca, pues no se está quieta ni sin querer; las demás me dicen que ya voy arreglado con ella.
Está supercontenta, va y viene del autobús y no para de darme besos; ya hemos cruzado la frontera y ni nos han molestado para nada; la verdad es que esta zona está tranquila de problemas.

Ahora nos disponemos a embarcar en un avión; es un vuelo Chéster de estos aviones pequeños; solo les han dado a los agentes todos los documentos nuestros, y a nosotros ni nos han mirado siquiera; nos hemos subido al avión.

Hemos despegado, todavía no sé cómo se llama; la tengo agarrada, pues se quiere ir por ahí a caminar, y yo le digo:
¡No, no! Y ella inmediatamente hace caso a mi pedido.

Le he preguntado bajito:
¿Cómo te llamas?
¡Rosa María! 

Se me ha echado sobre mí y se ha quedado dormida; son muchas emociones juntas. El vuelo ha transcurrido muy bien; entramos después de unas horas ya en España.

El aterrizaje se hará directamente en Córdoba; solo faltan dos horas más o menos. La llevaré a mi casa y vivirá conmigo; por ahora no la tocaré, la trataré como si fuera mi hermana.

Rosa María tiene mucho que aprender; la tendré en casa y solo saldrá conmigo o con alguna amiga mía, pues no quiero que le pase nada. Le pondré un profesor para que aprenda lo que tenga que aprender.

Ya por fin estamos en casa; ella está la más contenta de tener de todo... y le he dicho:
¡Me voy a bañar!
¡Está bien, vale!

Me he metido en la bañera y momentos después, aparece desnuda y se ha metido en la bañera también.
¿Pero dónde vas?
¡A bañarme!

Joeee, bueno, me ha mirado mis cosas, y me ha contado que su padrastro ponía a su mamá a cuatro patas, como un perrito, y después le metía eso por detrás; y que su mamá se reía mucho y la tenía en un rincón, y que le decía que un día le iba a dar a ella también si se escondía.

Era una bañera grande y ancha, así que se puso a mi lado y nos echamos agua por encima; luego me echó la cabeza sobre mí y yo la enjaboné suavemente por todas sus partes, pues se me está haciendo imposible contenerme.

Ella se giraba con la suavidad con que yo la estaba tratando, mas la tentación era muy grande; sus pechos, aunque no eran demasiado grandes, eran preciosos.

No quería precipitarme con ella, quería darle tiempo para que supiera la realidad del deseo y del amor; yo la quiero mucho, así que le he bajado la mano, esta vez, sin esponja por medio de las piernas, despacito; ella sigue con la carita en mi pecho.

Tiene cara de felicidad... Sigo frotando en sus partes, se está excitando, pero no se atreve a moverse, para que no se le vaya la excitación, no sé.

 Yo sigo y sigo; se le escucha gemir una y otra vez, al punto que se está corriendo mientras me aprieta fuertemente.

Se me ha quedado toda relajada a lo largo de la bañera, y yo he seguido enjabonándole por los muslos y por su culito; ya el agua se está poniendo fría. 

Nos hemos salido y ella por toda la casa desnuda; dice que así está mejor. Bueno, a mí no me importa, mientras no se asome a las ventanas. Y así, fresca y satisfecha, se ha tendido en la cama.
Le he advertido para que nunca lo haga porque es peligroso. Ya es de noche y hemos cenado y estamos viendo la televisión; un rato ella se ha sentado sobre mí y me ha preguntado: "¿Me quieres?".
Le he dicho... ¡Con toda el alma!

Ella me ha dado un abrazo muy apretado con todo su cuerpo; luego nos hemos ido a la cama... Ella quiere dormir conmigo, por lo que ella, desnuda y abrazada a mí, se ha acercado y así nos quedamos toda la noche.

Sobre las cinco de la madrugada la sentí gemir...

¡Hey! ¿Qué te pasa?
Es que soy tan feliz, que apenas lo puedo creer, pues ayer vivía como un perro, y tú me tratas como a una reina. ¡Te quiero mucho!
¡Anda tonta, ven aquí no pasa nada!

Al día siguiente yo quería enseñarle lo que se podía hacer y lo que no, sobre todo en la calle... Bueno, así hemos pasado el día. Por la tarde ella me ha pedido que vuelva a hacer los de la bañera, pues le ha gustado mucho.
Le he dicho que está bien, pero que esto no se cuenta a nadie, será secreto entre ambos, ella será mi chica y yo se lo haré. Luego nos hemos ido a la cama; ya tiene que aprender todo; aunque la verdad es que ya lo ha visto todo en su casa.

Con mucha delicadeza he ido besando sus pechos, son deliciosos; lentamente he ido bajando la cabeza dándole bocaditos por todo su cuerpo.

Ella, con los ojos cerrados y con sus manos suaves, parecía guiar mi cabeza por donde más placer le iba dando; seguía para abajo, abriéndose de piernas completamente, y llegué hasta su tesoro más preciado...

Y como no deseo ser más pervertido, todo lo demás lo dejaré a vuestra imaginación... solo diré que hemos hecho el amor apasionadamente y ha sido maravilloso.

He tomado precauciones por si acaso, pues somos demasiado jóvenes para quedar en estado; ambos nos quedamos fritos y sin fuerza alguna... Ya al rato me dice:

Toni, eso es placer y sexo, ¿verdad?
Sí, mi amor, eso es, siempre que uno u otro no sea forzado, ¿lo entiendes?
¡Sí! Te quiero tanto que, si me dejaras sola, me moriría.
¡Venga, mi niña! Que nunca te dejaré, ¿vale? ¡Ven, dame un beso!
¡Noooo! ¡Te daré diez besos! ooo.unn ¡te quiero!

Así nos quedamos toda la noche; pasaron y pasaron los días y un día decidimos casarnos.

En mi empresa se alegraron mucho; yo era el hombre más feliz del mundo, y mi niña parecía una reina. Lucía hermosa, toda de blanco y con un velo largo... pues tenía el cuerpo más bonito que mujer alguna pudiera desear.


Su rostro reflejaba todo el amor que por mí sentía, así como la felicidad nunca antes soñada, que hasta los mismos ángeles la envidiaban. Era tanta la hermosura que pareciera salirse de su vestido, y yo a su lado, entrando en la iglesia, parecía su príncipe encantado.
Después de la boda dimos nuestra gran fiesta, para festejar con familiares y amigos... la dicha de habernos conocido y por nuestro compromiso de amarnos por siempre.

Hicimos grandes locuras en la cama día tras día... nunca nos cansamos, lo nuestro era amor y pasión. 

 Han pasado muchos años, y hoy ya mayores... muy mayores; tenemos tres hijos que ya son adultos.

Rosa María les cuenta cómo su vida se convirtió en un paraíso de felicidad, pero nunca contó sus deseos sexuales... 
Aún hoy, que ya somos mayores, sigue diciéndome:
¡Toni! Hazme lo de la bañera... ¿Sí?

Y yo, ni lerdo ni perezoso, estoy pronto a satisfacer sus deseos, pues es lo que siempre le ha gustado... y para mí un hermoso recordatorio de esa expresión que vi en su hermoso rostro... la que jamás se me olvidará.

Hoy, mis recuerdos de felicidad, me hacen llorar de alegría; pues ella hoy en día, ¡lo más grande e importante de este mundo!




- Fin -


Enrique Nieto Rubio
Derechos reservados.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara. 

C

lunes, 20 de enero de 2020

**Muerte de una novia.


Vivo en un pueblecito en la sierra; acá siempre estamos con una niebla que apenas si se ve.
En este acantilado hoy he quedado de encontrarme con mi novia... Esto es un mirador desde el que en verano se divisa toda la ciudad, además de mi pueblo, y es un sitio muy bonito.
Ella ha querido que fuera aquí, porque fue donde nos conocimos, mas no sé por qué hemos quedado en este lugar.
Hoy ha sido un mal día, porque yo siempre he sido una persona que ha estado en contra de los malos tratos; es más, he odiado a aquellos que golpean o tratan mal a las mujeres.

Para rematar y en este momento, mi novia me ha terminado, diciendo:
¡Ya no te quiero! ¡Eres feo y tonto!
Llevamos cinco años de novios, cuatro haciendo el amor todos los días, y ahora me dice que quiere a otro.
Ella buscaba la excusa para romper conmigo, y me ha alzado la mano para pegarme. Le he parado el golpe, pero en el rebote... se me ha caído por el acantilado. ¡No he podido evitarlo!
He corrido hacia abajo... arrastrándome por la montaña, he llegado enseguida, aunque muy malherido; ¡ella está muerta!
Mi vida se ha terminado... ¡Estoy perdido! ¡Ya no quiero vivir!
Jamás pensé que esto me pudiera pasar a mí... Ella era mi vida y mi sangre, ¿qué nos pasó?



Lo teníamos todo: tierras y una casa maravillosa en mi rancho. Todo listo y comprado, incluyendo los muebles, porque nos íbamos a casar este fin de semana. ¿Qué pasó?
He caminado desorientado y perdido en la niebla... ¡No quiero salir de ella!
He llamado por el celular a sus padres, diciéndoles lo sucedido e indicándoles dónde su cuerpo encontrarán.
Yo tan solo anhelo morir; no quiero que la luz del día me vea. Quiero estar en eterna oscuridad, y que nunca jamás amanezca. ¡Quiero que mi mundo sea el infierno!
¿Cómo es posible? Que con tanto amor como yo le tenía, se me fuera en aquel maldito acantilado.

¿Por qué me quiso pegar? ¡Esta angustia me ahoga! El aire me asfixia, mi vida lentamente y dolorosamente se extingue.
Ella tan solo tenía veinte años; le quedaba una vida entera por vivir.
He lanzado el celular al mar... Me encuentro furioso y lleno de impotencia. ¿Qué mal he hecho yo para merecer esto?
Las autoridades me buscarán porque soy un asesino de mujeres; seguro eso van a decir... ¡Pero me mataré antes de verme en la cárcel! De todos modos, no quiero vivir.
Así he seguido andando y he tropezado con una rama muy grande que hay en el suelo, pues no se ve nada en absoluto. Parece como si la niebla quisiera esconderme por asesino. ¡No sé... estoy tan perdido!





Más adelante hay una barca en la orilla del río y la he puesto a flote; me he tirado en ella. En esta barca hacíamos el amor en nuestras escapadas.
Solo pienso en ella, tengo las manos llenas de sangre, pues me he manchado al momento de ponerla derecha... Tenía la cabeza rota, pues había caído boca abajo.
La corriente me ha llevado a una pequeña isla donde íbamos mucho; teníamos una cueva secreta tapada con ramajes.
Nadie la conoce, solo ella y yo. He entrado a buscarla, mas no la puedo encontrar... Sigo avanzando, veo una luz porque al fondo he llegado; solo es una vela que allí teníamos.
He decidido esperarla... mientras tanto, me he tumbado en la arena, y sus fotos las tengo por todos sitios. Es tan bella que casi se me sale el corazón mirándola.

El tiempo parece no correr; tengo sus fotos clavadas en la pared de la cueva, yo las miro y no puedo dejar de llorar... Ella es lo más bonito del mundo.
En las fotos, ella está sonriendo y mirándome, y así me he quedado dormido... soñando con ella, que ha entrado en la cueva y se ha posado al lado mío.
Ella viste un vestido color celeste, muy largo y ancho; y con muchos vuelos... lleno de encajes, con un escote pronunciado mostrando la belleza de sus grandes senos... y perfectamente maquillada, sus labios color carmesí como el fuego que realzan la belleza de sus bellos ojos azules.
Ella me dice:
¡Te amo mucho, y viviremos aquí en esta cueva para estar siempre unidos!
Me acaricia y nos besamos... Se ha sentado a mi lado, echándole el brazo por encima; nos hemos quedado.



Ha sido tan real, que ya no sé si ha sido un simple sueño... Es otro día, y ella no está. ¿Habrá ido a por comida? ¡Yo no me puedo levantar!
Así pues, permanezco tumbado; la espero todo el día; y de nuevo ya está oscureciendo.
Creo que ¡ya viene!, veo la luz de la vela que trae en su mano; le he dicho:
¡Tengo hambre!
Ella ha respondido:
¡¡Antes me tienes que comer a mí.!!
Nos hemos vuelto locos haciendo el amor, y nos hemos quedado dormidos.
Ya no puedo pensar... Ha pasado el tiempo, no sé cuánto, pero sigo esperando que ella venga.

Apenas la veo, pero... ¡Sí, sí! ¡Ya entra! Veo la luz y es más fuerte esta vez. Seguramente viene para llevarme con ella... Se ha abierto una luz fuerte por encima... estamos subiendo unas escaleras de cristal luminosas; ella me lleva agarrado de la cintura, puedo sentir su cuerpo calentito, pues el mío está helado. ¿Estaré muerto?
¡Ya no lo sé! He pasado aquí tanto tiempo que ya no recuerdo por qué vine. Y por fin me marcho con mi amada, que es lo más bonito de este mundo.
¡Ella, coqueta, me sonríe!

(Notas necrológicas en la prensa)

Después de quince días de la desaparición del novio de Elena, la chica que encontraron en el fondo del acantilado y muy malherida... se ha recuperado y recobrado la memoria.
La chica se ha presentado ante las autoridades para conducirlos hasta una extraña cueva, donde asegura que hacía el amor con su novio... y efectivamente, allí tumbado en esa cueva fría y abandonada, putrefacto, se encontraba el cadáver de su novio.



Derechos de autor
Enrique Nieto Rubio
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**La góndola maldita. (relatos)

Hace poco más de cien años, en una ciudad ubicada al noreste de Italia, vivió un hombre a quien se le consideraba el mejor gondolero del lugar.

Trabajaba de sol a sol; pero esto no le importaba, puesto que no había otra cosa que lo llenara tanto como complacer a los turistas.

Ya era bastante mayor y solo tenía a una niña, quien por esa época tenía quince años. La chica sentía pena por el padre, puesto que era evidente que el gondolero, con el paso del tiempo... El arduo trabajo lo sobrepasaba, por lo que decidió ayudarle.
La joven se llamaba Laura, y en los últimos cinco años, aprendió a maniobrar el timón perfectamente; mientras tanto, su padre se sentaba en la parte de atrás, dirigiendo y corrigiendo los fallos de la chica.

El padre era muy caprichoso y orgulloso de su góndola, por lo que le había labrado unos puntales de oro, así como infinidad de adornos en la embarcación. 

La góndola era admirada y considerada la más hermosa por todos los lugareños, así como los extranjeros que gustan de visitar regularmente la hermosa Venecia; así pues, para abordarla debían hacer reserva con días de anticipación.
El tiempo transcurrió, y una mañana el hombre no pudo salir más de casa, pues se había convertido en un anciano enfermizo. Laura lo tranquilizó, expresándole que no debía preocuparse, pues ella podría desempeñar a la perfección el trabajo.

Laura contactó a su vecina para cuidarlo, quien era madre soltera y de cinco hijos. 

La mujer inmediatamente acudió en su ayuda, puesto que el gondolero siempre le había ayudado a alimentar y a vestir a sus pequeños, quienes consideraban al anciano como un padre.

El día transcurrió sin novedades, y Laura volvió a casa a las nueve de la noche; más, al llegar al pie de la cama de su padre, se percató de que el estado de salud de su padre era muy delicado, y que serían pocas horas lo que le restaban de vida.
El gondolero, quien también presentía la llegada de su fin, llamó a la chica y le dijo:
-Hija, ya no puedo más... ¡Siento que me muero!
Te dejo la góndola y todos mis bienes. Debes saber que debajo de la cama encontrarás varias cajas de zapatos, repletas de billetes.

No tengo idea de cuánto dinero he ahorrado, pero es muchísimo... Y con él debes prometerme que ayudarás a María, nuestra vecina, pues sabes que a sus hijos los quiero, tal cual si fuesen mis hijos. <Esto último se lo dijo irónicamente y con una sonrisa picarona.>
¿Lo sabes, verdad?
Luego cerró sus ojos y se volvió a quedar dormido.

Laura, quien se encontraba agotada, también se retiró a descansar.

Tan pronto amaneció, la joven se dirigió a ver cómo estaba su padre, y se encontró con que él había muerto.

 Después de llorar desconsoladamente por unas horas, le informó a María lo que había sucedido... Y la voz corrió rápidamente por toda la región.

Al entierro acudieron cientos de personas... Inclusive del extranjero, pues había muchos que cada vez que visitaban Venecia lo buscaban para requerir de sus servicios y amena compañía. 

El sepelio fue muy emotivo, pues muchas personas lo adoraban.

Después de terminados los actos fúnebres, Laura decidió comenzar a trabajar de inmediato y así, en la medida de lo posible, divagar su mente del recuerdo de su padre.

Transitaba por los canales y siempre había clientes esperándola... Pues era amable y encantadora como su padre.

 Así pasó mucho tiempo; todo era color de rosa, pues recibía muy buenas propinas... Por lo que, para honrar la memoria de su padre, continúo engalanándola con todo tipo de ornamentación onerosa, gastando fuertes sumas de dinero en ello.
Además, gustaba limpiarla a diario... Acariciando su madera, tal cual si se tratase de una persona... Pues la amaba casi de una forma irracional.

Una mañana, después de recoger a una joven pareja con su pequeña hijita de cinco años... La góndola fue atacada por unos maleantes, quienes mataron a golpes a los turistas y a la pequeña.

Laura luchó a muerte contra los vándalos, pero eran demasiados... Así que casi nada pudo hacer por ellos. 

Uno de los hombres le acertó un golpe, que la hizo caer de espalda, quedando clavada en uno de los puntales, quedando así la góndola llena de sangre. La chica, boca abajo, apenas alcanzó a frotar su mano empapada con sangre en el suelo, exclamando:
¡Observad cómo me han dejado!

Acto seguido, exhaló un último suspiro y murió con el rostro casi desfigurado por el dolor y con los ojos abiertos.

Los hombres asustados huyeron sin llegar a robar nada.

La góndola siguió a la deriva hasta que chocó con otra góndola; el dueño de la otra embarcación, al ver lo sucedido, se echó las manos a la cabeza gritando:
¡Dios mío, que alguien me ayude! ¡Qué desgracia!

Las autoridades se presentaron inmediatamente y evacuaron a todos de la barca.

 A los turistas los repatriaron y a Laura, la enterraron junto a su padre. Toda Venecia lloró su muerte y declararon tres días de luto.

En los días sucesivos, se veía la góndola vagando por los canales y parándose en cada esquina... Como renunciando a relucir su majestuosidad, y oró por todos los canales de Venecia.

La barca continuaba llena de sangre... Y para todo aquel que no la conociera... Podría suponer esta pintada de rojo.
Los atracadores volvieron a aparecer, y merodeaban el muelle... Dispuestos a saltar sobre la góndola para robar todo de ella; y así lo hicieron... Más para su horror, la barca parecía tener vida propia, pues se dirigió a medio canal; y allí mismo se dio vuelta completamente... Atrapando a los hombres. 

Ellos luchaban por su vida, respirando el aire que contenía el vacío de la góndola... Y después de angustiantes minutos, de su interior salió un aire fétido... Asfixiando a todos en el acto.

Al rato, la embarcación volvió a girar en torno de sí, saliendo a la superficie limpia y reluciente. Los ladrones fueron encontrados hasta el día siguiente, flotando en el canal.

En días sucesivos los niños abordaron la góndola, jugaron con ella y se pasearon por los canales de la ciudad; y cuando cansados se sentían, se marchaban a casa... Sin maltratar o robar nunca nada.
Sin embargo, lamentablemente, no sucedió lo mismo con los adultos... Pues muchos de ellos trataron de robarla... Y la historia se continuó repitiendo: ¡Los ha vuelto a sumergir a todos!

 Esta historia se repitió a lo largo de un año entero... Sin importar las diferentes estrategias que muchos bribones pusieron en práctica a fin de atracar con éxito la nave.

Se cuenta que la góndola desaparece en enero, sin dejar rastro alguno... Pero todos los años vuelve en octubre... Y permanece hasta finales de diciembre, período de tiempo en el cual navega por los canales, haciendo gala de toda su majestuosidad... Y nunca falta quien desee asaltarla, corriendo con la misma suerte que sus antecesores.

Aún hoy en día, muchos afirman que se le ve paseándose en medio de los canales de Venecia... En búsqueda de eliminar de ese lugar paradisíaco a todo aquel que busque agenciarse de los bienes ajenos.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**El secreto de las bermudas.(relatos Ficción.)


Resultado de imagen de postal el triangulo de las bermudas

Es bien sabido de grandes desapariciones de barcos y aviones, pues aunque las autoridades lo tienen muy en secreto, la verdad es que en el centro del triángulo hay una gran base a varios cientos de metros, en la profundidad del mar.
Los más de 50 barcos y más de 20 aviones, y algunas miles de personas desaparecidas; testigo, solo un perro.
Aunque aparecieron algunos barcos a la deriva, personas ninguna.

En enero de mil novecientos ochenta y uno, el pescador Carlos Dobar y su hijo Francisco Dobar fueron de pesca al norte de la isla La Torre de Trono, y así lo cuenta.
 Eran las cinco de la mañana, estaba todo muy oscuro, no había luna. Todo muy negro, pero aquí no se meneaba nada.
 Más la mayoría de las personas de aquí no creemos en estos cuentos.
No creemos que estos casos sean reales, sino que el mar en esta zona es muy alborotador. Bueno, el caso es que esta noche estaba muy en calma; nosotros queríamos que nos amaneciera pescando. 
Pero de pronto se levantó una ola de las de diez metros, por lo menos; nos agarramos como pudimos y, como el acontecimiento fue tan cerca, vimos perfectamente cómo cinco naves redondas y grandísimas salieron del agua. No tenían luces ningunas, pero una especie de cabina en lo alto sí tenía unas luces dentro; se veía perfectamente cómo seres o personas estaban moviéndose. Estas naves volaron muy alto, parecían unos platillos volantes tremendos, y cuando se alzaron algunos metros, provocando a su vez. Una inmensa niebla, que ni nos veíamos. Mi padre me decía. 

 ¿Agáchate?
 Pero yo no quería perderme nada; estas naves volvieron antes del amanecer, pero no se percataron de nosotros.
Mi padre, como era un buceador nato y le gustaba el submarinismo, decidió bajar con su traje de buzo. Encontró debajo de un arrecife una compuerta, la abrió y entró dentro. Bajo como doscientos metros, era como una ciudad; había unas personas de media altura, con unas cabezas algo grandes, pero llevaban como unas escafandras.
Además, había muchas personas, pero parecían como si estuvieran hipnotizadas. Su forma de andar era muy rara; había muchos tubos, echando como burbujas verdes. Estos seres tienen como unos pequeños rayos en los ojos y cuatro dedos. Este sitio es inmenso, unos pasillos tremendos.
Hay mujeres y niños, pero todos caminan muy lentos. Mi padre dice que están como esclavos.
Estos seres salen de noche con sus naves, seguro que a por alimentos, y vuelven de noche. Mi padre ha abierto una puerta y ha visto cómo meten en unos quemadores a personas que han muerto. Este sitio está debajo de la tierra, pues no hay luces que se vean en el mar.
Son las ocho de la mañana, y mi padre ha salido, pero no está muy bien. Esto le ha afectado mucho; ha tenido que ver algo más, pero no me lo ha dicho.
Han pasado algunos días y mi padre ha empezado a beber; va de bar en bar comentando lo que ha visto. 
En el bar, donde habitualmente va Con Tanto, comenta el tema: alguien, según sus amigos, ha llamado por teléfono esa noche. 

Iba yo a recoger a mi padre; cuando llegaba al bar, un coche negro atropelló a mi padre y se dio a la fuga. 

Mi padre, antes de morir, me dio un sobre y me dijo: 
Huye de este país, vete a España; allí abrirás el sobre. Huye, hijo, huye.
Salí corriendo; mi padre había muerto.

Ya en España me he puesto en contacto con un periódico; se han pasado veinte años entre llegar aquí y lo que tuve que tardar en ganar dinero para venir y situarme en este país. 
He abierto el sobre, y lo que hay dentro son los presidentes de estos países, y altos cargos y muchos ricos. 
Pone esto.
¿Es una secta con extraterrestres, que en unos grandes salones he visto cómo hacía el amor con menores, y estos seres tan bien lo hacen?
Pero ellos no se podían quitar la máscara; era una orgía tremenda, por eso mi padre salió horrorizado. Además, cuenta que menores de edad están desapareciendo de estos países; todo lo tienen en secreto. Indemnizan a las familias mientras la policía les dice que no se preocupen, que se está investigando. 
Toda la policía está implicada; a mi padre lo han matado por hablar aquí. 
En España se han enterado altos cargos, y lo quieren tapar todo, pero hay un juez, el señor Baltasar... Este juez ha dicho que lo investigará, que no parará hasta descubrirlo; es el juez que más cojones tiene de España, y el mejor, y lo hará seguro. 
Yo tengo protección policial y me van a cambiar de nombre. Me darán un domicilio secreto y aquí viviré, con mi madre.
Ya han pasado cinco años, y nada se sabe.
En las noticias, no sale nada; conseguiré mucho dinero y pagaré una investigación y volveré más adelante; sé dónde está esa entrada y descubriré todo.
FIN.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.