viernes, 31 de octubre de 2025

..Hoy tengo ganas de ti de Enricostro.

 Hoy tengo ganas de ti. 

*

Que no me sienta solo,

que tú estés conmigo, 

que si yo no soy tu amante,

 déjame pues,

 ser tu amigo. 

*

hoy tengo ganas de ti,

 de ser tu fiel amigo, 

de desear, ese cuerpo tuyo, 

y besarte asta tu ombligo, 

*

hoy tengo ganas de ti amor, 

y de ser tu hombro perdido, 

que no te sientas sola

 que yo seré tu amigo.

para darte mil sonrisas, 

para darte mil suspiros, 

y que pasemos, 

esta noche, 

abrasados junto a tu nido. 

*

Enrique Nieto Rubio. 

Derechos reservados. 

A.J.DOIV.C,OO.98.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Dos universos paralelos de Enricostro.



https://www.youtube.com/shorts/qQYab2tHFHg

 Dos universos paralelos

uno naciente y el otro,

A punto de desfallecer.

Se junta como una estrella,

Para vivir juntos un nuevo amanecer.

*

Viven muy pegaditos, uniendo en su pasión.

Viajando por la vida,

 Hasta que se apague su sol.

*

El uno lo vivirá todo; el otro ya lo vivió.

Y mientras caminara un mismo rumbo,

Hasta que los separe Dios.

*

El uno necesita de él;

 El otro brinda su protección.

Y mientras su música va sonando.

Y repartiendo todo su amor,

*

Y en ese amor que nos dejan,

Encienden nuestro corazón.

*

Enrique Nieto  Rubio.

derechos de autor.

Inspirado en anciano y chiquillo.

Compitiendo en una música de ilusión.

viernes, 10 de octubre de 2025

Hoy “La muerte no se guarda. La muerte camina. De Enricostro”




Hoy “La muerte no se guarda. La muerte camina. De Enricostro
Aquí, en mi cementerio, hace un montón de años, mataron al guarda de este cementerio. A las 11 de la noche varias personas que saltaron la muralla con unas escaleras, le dieron tal paliza que lo dejaron muerto y en una fosa vacía. Allí lo tiraron, le echaron tierra simulando el fondo que por la mañana a primera hora. Lo enterraron y nadie se dio cuenta, han pasado los años y se ha muerto ahora la señora de aquel difunto que fue enterrado aquí. La han querido enterrar en la misma fosa que su esposo y al sacarlo a él para meter a ella y después posar los huesos de él en cima de la caja de ella y han descubierto que había otro cadáver. En la autoría han descubierto que fue el guarda del cementerio llamado don Antonio. Cuando lo han sacado ha salido una ola de vapor como si de una nube fuera y a todos los que allí estaban sintieron un escalofrío que los dejo asustadísimos. Desde entonces han crecido las viviendas junto al cementerio, y hay vecinos asustados, pues muchas noches se ven ciertas luces extrañas y muy flácidas andando por aquellas calles del cementerio. Muchos vecinos sospechan que es el guarda y miran de reojo a través de las cortinas de las ventanas, y con mucho recelo. Pues ahora el fantasma del cementerio es don Antonio, guarda del cementerio. Y es seguro que nadie entrara a robar nada. En estos tiempos de cambios en todo el mundo, alguien del extranjero está pensado en volver a robar el cementerio. Pero es de seguro que una guadaña maldita rondara en el cementerio y si alguien cae seguro desaparecerá.




Una noche de octubre, cuando el viento soplaba con fuerza y las hojas secas bailaban sobre las lápidas, llegó al pueblo un hombre de acento extraño. Decía llamarse Víctor, un investigador de fenómenos paranormales. Había oído hablar del caso del guarda Don Antonio y quería comprobar por sí mismo si los rumores eran ciertos.

Víctor se instaló en una casa frente al cementerio, justo donde los vecinos decían que las luces se movían como almas errantes. Llevaba consigo aparatos extraños, cámaras térmicas, grabadoras de sonido y un cuaderno de cuero donde anotaba cada detalle. La primera noche no ocurrió nada. La segunda, escuchó pasos. La tercera vio una figura entre las tumbas, alta, encorvada, con una capa que parecía hecha de niebla.

Los vecinos, al enterarse de su presencia, le advirtieron: “Aquí no se juega con los muertos. Don Antonio no perdona.” Pero Víctor no se detuvo. Al contrario, cavó más hondo en los archivos del pueblo, descubriendo que Don Antonio había sido enterrado con una llave antigua, una que habría una cripta olvidada bajo tierra, sellada desde hacía más de cien años.

Una madrugada, Víctor decidió entrar al cementerio con su linterna y su cuaderno. La niebla era espesa, y el silencio, absoluto. Al llegar a la fosa donde habían encontrado el cuerpo del guarda, notó que la tierra estaba removida. Al tocarla, sintió un frío que le paralizó la mano. De pronto, la linterna se apagó. Y en la oscuridad, una voz ronca susurró su nombre.

Desde entonces, nadie ha vuelto a ver a Víctor. Su casa quedó vacía, sus aparatos intactos, y su cuaderno abierto en la última página, donde solo se leía:

“La guadaña no perdona. Don Antonio vigila.”

Años después de que Clara sellara la maldición, el cementerio volvió a ser un lugar tranquilo… hasta que llegó Elías, un joven arqueólogo obsesionado con los secretos ocultos bajo tierra. Había leído sobre la desaparición de Años después de que Clara sellara la maldición, el cementerio volvió a ser un lugar tranquilo… hasta que llegó Elías, un joven arqueólogo obsesionado con los secretos ocultos bajo tierra. Había leído sobre la desaparición de Víctor y la leyenda de Don Antonio, y estaba convencido de que aún quedaba algo por descubrir.

Elías no creía en fantasmas, pero sí en reliquias. Su objetivo era encontrar la guadaña maldita, convencido de que era una pieza de poder ancestral. Una noche, armado con mapas antiguos y sensores de movimiento, entró al cementerio. Lo que no sabía era que Clara, ahora guardiana del lugar, lo observaba desde las sombras.

Al llegar a la cripta, Elías encontró la tumba vacía. La guadaña ya no estaba allí. En su lugar, una inscripción nueva había aparecido en la piedra:

“La muerte no se guarda. La muerte camina.”

De pronto, el suelo tembló. Las lápidas comenzaron a crujir. Y entre la niebla, una figura se alzó, más alta que cualquier hombre, con ojos como carbones encendidos. No era Don Antonio. Era algo más antiguo. Algo que había estado esperando ser liberado.

Clara corrió hacia la cripta, gritando a Elías que saliera. Pero él, hipnotizado por la figura, no se movía. La criatura levantó una mano, y el aire se volvió hielo. Elías cayó al suelo, y la guadaña apareció flotando sobre su cuerpo.

Desde esa noche, el cementerio ya no tiene un solo guardián. Tiene dos. Y ambos vigilan que nadie vuelva a perturbar el descanso de los muertos.

Y la leyenda de Don Antonio, y estaba convencido de que aún quedaba algo por descubrir.
Elías no creía en fantasmas, pero sí en reliquias. Su objetivo era encontrar la guadaña maldita, convencido de que era una pieza de poder ancestral. Una noche, armado con mapas antiguos y sensores de movimiento, entró al cementerio. Lo que no sabía era que Clara, ahora guardiana del lugar, lo observaba desde las sombras.

Al llegar a la cripta, Elías encontró la tumba vacía. La guadaña ya no estaba allí. En su lugar, una inscripción nueva había aparecido en la piedra:
De pronto, el suelo tembló. Las lápidas comenzaron a crujir. Y entre la niebla, una figura se alzó, más alta que cualquier hombre, con ojos como carbones encendidos. No era Don Antonio. Era algo más antiguo. Algo que había estado esperando ser liberado.

Clara corrió hacia la cripta, gritando a Elías que saliera. Pero él, hipnotizado por la figura, no se movía. La criatura levantó una mano, y el aire se volvió hielo. Elías cayó al suelo, y la guadaña apareció flotando sobre su cuerpo.
Desde esa noche, el cementerio ya no tiene un solo guardián. Tiene dos. Y ambos vigilan que nadie vuelva a perturbar el descanso de los muertos.

Lo extraño y terrorífico es que uno de estos vigilantes ha abierto la reja del cementerio y ahora vigila desde afuera se topa con los viandantes aunque no ataca a nadie que no vean sospechosos no parece hacer daño, pero este ser no anda, pues, flota en el suelo y todo el que lo ve sale aterrado de aquella zona.

Las autoridades alertadas toman cartas en el asunto, pero ese ser no entiende nada, sus ojos color fuego les aterran a todos.

El ayuntamiento forja a todo su alrededor una vaya, dejando a este ser dentro y en este trance ha entrado otra vez en el cementerio y las puertas están selladas.

Enrique Nieto Rubio

y CopiloT i.a.

Reservados los derechos de autor.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

..Dónde estarás cariño mío. de Enricostro .

 



¿Dónde estarás?
 qué tanto pienso en ti,
que si mucho amor tenía, 
él se marchó de mí. 

¿Dónde estarás Pues?
 que mi esperanza se nubló... 
Y si yo no te vuelvo a ver...
¿Qué será de mi pasión?


Un día decidiste alejarte...
sin decirme ni un adiós, 
y la amistad que teníamos,
 ¿Dónde, coño, se marchó? 
*
Que nunca me dejarías,
 ese fue tu sentimiento, 
ahora sé que todo fue mentira...
que tu amor no era cierto.

Tantos años, en que vivimos,
 un amor apasionado; 
 ahora me doy   cuenta...
 Que tu amor todo era vano. 
*
Me decías que me querías,
  que te morías por mí, 
y al otro, que también lloraba,
 también le decías que sí. 

Que lista fuiste mujer...
 Jugando con dos amores... 
Dos amores a la vez,
 y los dos te mandan flores. 
*
¿Acaso eran para mi entierro no?
 o quizás para él, de él, no? 
Pues debimos de morirnos,
 muchas flores te mandé.

¿Tú, yo y el hombre aquel?
qué bonito era aquello? 
Un juego de amor que fue,
pero solo jugabas tú,
y nosotros, nosotros que.
Aquellas lágrimas vertidas,
 encima de aquel ayer; 
están dentro de mí,
 y por siempre en mi querer. 
Ya se ha pasado el tiempo,
 y nada se puede hacer. 
Quizás fue que moriste,
 o té marchantes con él... 

Así pues...no sufras por mí,
 que sin ti yo viviré. 
¡Buscaré otro amor sincero!
 y a ti... ¡Te olvidaré!

Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.    

lunes, 22 de septiembre de 2025

.Cáncer de mama en poemas. de Enricostro.

 



Ella será mi cruz...
Que con amor yo llevaré,
que un cáncer traidor,
se le ha clavado en la piel.
Ella será mi cruz,
que con gusto llevaré,
y los clavos de mi dolor,
que me harán no fallecer.
Ella será mi cruz,
mi angustia y mayor pesar,
que si por ella me muero,
y por ella yo quisiera penar.

Que me penetren a mí los clavos,
y que ella no tenga nada.
Virgencita del Camino,
te imploro ¡Apiádate de mi amor!
Que no sea su destino,
vivir atrapada en tanta desolación.



Virgencita del Camino,
apiádate de ella y siente mi sentir.
Que siendo ella,
madre como tú...
Que no merezca sufrir.


Virgencita del Camino,
no me hagas padecer más este dolor.
Que cuando la miro a los ojos,
y el llanto en su rostro está;
se me derrumban los cielos...
Y hasta imposible me es respirar.
Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*


Posdata:
Todo esto es una pesadilla,
y para colmo la mala fortuna,
nos ha alcanzado,
en vísperas de Navidad.
*
¡Lástima de mí, lástima de mi soñar.!
Pues se rompieron las cadenas,
¡de toda ilusión y felicidad!
Enrique Nieto Rubio
derechos de autor.
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

..Benjamín Netanyahu, Cuando Jesús, de Enricostro.

   Yo oro por la paz en El Salvador - Y JESÚS LLORÓ. Se narra en el Santo  Evangelio que en varias ocasiones Jesús llora. Ante la ruina espiritual de  Jerusalén, ante la


Cuando Jesús, hijo de Nazaret,

Mirando la tierra está,
y en su casa, tierra santa,
matándose continúan ya.
*
A la derecha de Dios padre,
él no para de llorar
sus lágrimas que derrama,
es el agua que nos llueve,
intentando que nos mojen,
para calmar nuestras fiebres.
*
Fiebres de odio y riñas,
fiebre del desamor,
fiebres por estas guerras,
que causan tanto dolor.
*
Fiebres de ese odio,
que no conseguimos aplacar,
y él llora mucho,
por lo que nos pueda pasar.
*
Pues su padre está muy enojado,
por lo malo de este mundo,
y discute con su hijo,
quiere mandar otro diluvio.
O quizás algo peor,
una piedra muy grande,
que nos destruyan a todos.
*
O quizás un rayo fugaz,
que venga de otra estrella,
que un día destruyo él
por las malas personas que eran.
*
Y desde entonces, esa estrella desprende,
rayos mortales en todas direcciones,
y quizás nos manden uno,
para sembrar los horrores.
*
De vivir el mismo infierno,
delante de nuestros menores,
que ninguna culpita tienen,
de que seamos unos cabrones,,,,,,,,,,,,,
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
*
No sé si es profecía,
o una mala intuición,
pero si seguimos así.
Pueda que lleve razón.

Brited Díaz de Navidad de Enricostro (cuento) .

 Brited  Días de Navidad, un niño.

Brited era un niño pobre venido de otro país.
Él vivía en las calles y en estas Navidades. Con doce años ya no creía en nada, y sus padres han muerto en Jerusalén por los ejércitos de Israel. Este chico vagó en un barco hacia Francia y aquí se formó su historia.
Es un niño de estos que tantos millones hay en este mundo invisible, pues a estos nadie los ve.
Él sabía que Papa Noé no vendría ni los Reyes, tampoco. Él era consciente, miraba mucho los televisores encendidos de los escaparates, y tenía unos sueños de estos de soledad y amargura.
Rebuscaba en los contenedores y conseguía zapatos y ropas en lo cual se vestía y se calzaba.
Él pidió en la cocina de un restaurante, creyendo que no les darían nada, pues tenía la fe perdida.
Pidió un pequeño bocadillo, y un señor grande y con barba espesa y blanca le dijo.
Chico, espérate un momento.
Él creía que se reirían de él como otras veces hicieron, pero en unos minutos salió este señor, con un bocadillo,ufff, juro que era tan grande que este chico no tenía manos. Para sostenerlo era de calamares calentitos en una gran Viena llenito de mayonesa y una Coca-Cola fresquita.
A este niño se le aflojaron las piernas y tuvo que sentarse en el suelo, así como cogió el gran bocadillo.
uffff sus lágrimas eran ríos de tantas penas atrasadas.
Comió y comió. Madre dijo, mirando al cielo, decía: ¡Qué rico está, Ufff! Llamó otra vez en la puerta, que era de estas grandes de hierro, para darles las gracias a este señor, no sin antes guardarse más de la mitad del bocadillo para los días siguientes.
Pero solo salió un chino así, vajillo. Él le preguntó: ¿Podría usted avisarle al señor ese grandote con barbas blancas que me ha regalado el bocadillo?
El chino le contestó: Yo no entender, aquí estoy yo solo, uff, niño, que no tengo mucho tiempo.
ufff este niño se dio la vuelta y se dijo: Verás si Papa Noel va a existir todavía.
De pronto, se vio frente a un inmenso árbol de Navidad, enjambrado de luces, que hasta calentaba la calle y, harto de comer, seguía con su Coca-Cola que parecía que nunca se vaciaba.
Eran las once de la noche, del día cinco de enero, y eclipsado por las luces. Ahora sí, era feliz.
Se sentó en este banco, cerca del árbol de las luces, como él decía, y sus ojos les brillaban como si tuviera la estrella de Belén.
Él recordó en su tierra que aún seguían cayendo bombas en sus calles.
Y otra lágrima rodó.
Se acercaron dos niños pobres, más estos eran un español y su amigo francés, que se fugaron de un orfanato.
Ellos miraban las luces con esos ojillos de asombro.
Brited les dijo: —Tenéis hambre, y ellos contestaron: —Sí, mucha.

Sacó su gran bocadillo, que aún estaba calentito, y lo partió por la mitad, dándole a cada uno, y cogió dos vasos de plástico, que en el asiento había, y los llenó de coca-cola fresquita. Así estuvieron comiendo hasta hartarse, y cantaron algunos villancicos en francés y en español.
Enfrente había una inmensa tienda de juguetes que era de galerías preciados, y en su escaparate un señor vestido de rey observó a ese chico, que estaba solo y que ahora compartía ese bocadillo tan rico.
Salió y le preguntó al chico que dio su bocadillo que sí conocía a los otros dos.
Él contestó que no, que como tenían hambre les dio su bocadillo.
Viendo un gesto tan bonito en Navidad, aunque era el dueño de aquella tremenda tienda, se dio cuenta de que la Navidad seguía muy viva y reluciente.
Al ratillo se llenó a todo su alrededor de cientos de personas, cantando a la vez que estos tres chicos.
Que desde este día comenzaron a ver que aún había esperanza para este cruel mundo.
El señor Este sacó un montón de juguetes para ellos y de paso regaló balones a todos los que allí había.
Más, esta noche vendió todos los juguetes que tenían...
Desde este día, estos chicos comenzaron a ver la vida de otra forma, que al poco tiempo fueron adoptados por unas personas maravillosas.
Os lo digo porque este niño era yo. Cuento de
Enrique Nieto Rubio. Derechos reservados.