miércoles, 24 de septiembre de 2025

**Dónde estarás cariño mío. *

 



¿Dónde estarás?
 ¿Qué tanto pienso en ti?
Que sí, mucho amor tenía. 
Él se marchó de mí. 
*
¿Dónde estarás, pues?
 Que mi esperanza se nubló... 
Y si yo no te vuelvo a ver...
¿Qué será de mi pasión?


Un día decidiste alejarte...
Sin decirme ni un adiós, 
Y la amistad que teníamos,
 ¿Dónde, coño, se marchó? 
*
Que nunca me dejarías.
 Ese fue tu sentimiento. 
Ahora sé que todo fue mentira...
Que tu amor no era cierto.

Tantos años en que vivimos,
 Un amor apasionado. 
 Ahora me doy cuenta...
 Que tu amor todo era vano. 
*
Me decías que me querías.
  Que te morías por mí. 
Y al otro, que también lloraba,
 También le decías que sí. 

Qué lista fuiste, mujer...
 Jugando con dos amores... 
Dos amores a la vez.
 Y los dos te mandan flores. 
*
¿Acaso eran para mi entierro, no?
 O quizás para él, de él, ¿no? 
Pues debimos morirnos.
 Muchas flores te mandé.

¿Tú, yo y el hombre aquel?
¿Qué bonito era aquello? 
Un juego de amor que fue,
Pero solo jugabas tú.
Y nosotros, nosotros qué.
Aquellas lágrimas vertidas,
 Encima de aquel ayer; 
Están dentro de mí.
 Y por siempre en mi querer. 
*
Ya se ha pasado el tiempo.
 Y nada se puede hacer. 
Quizás fue que moriste.
 O te marchas con él... 

Así pues... no sufras por mí.
 Que sin ti yo viviré. 
¡Buscaré otro amor sincero!
 Y a ti... ¡Te olvidaré!

Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.    

lunes, 22 de septiembre de 2025

**Cáncer de mama en poemas.*

 



Ella será mi cruz...
Que con amor yo llevaré.
que un cáncer traidor,
Se le ha clavado en la piel.
Ella será mi cruz.
Que con gusto llevaré.
y los clavos de mi dolor,
¿Qué me harán no fallecer?
Ella será mi cruz.
Mi angustia y mayor pesar,
Que si por ella me muero,
Y por ella yo quisiera penar.

Que me penetren a mí los clavos.
Y que ella no tenga nada.
Virgencita del Camino,
Te imploro: ¡Apiádate de mi amor!
Que no sea su destino.
Vivir atrapada en tanta desolación.



Virgencita del Camino,
Apiádate de ella y siente mi sentir.
Que siendo ella,
Madre, como tú...
Que no merezca sufrir.


Virgencita del Camino,
No me hagas padecer más este dolor.
Que cuando la miro a los ojos,
Y el llanto en su rostro está.
Se me derrumban los cielos...
Y hasta imposible me es respirar.
Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*


Posdata:
Todo esto es una pesadilla.
Y para colmo, la mala fortuna
Nos ha alcanzado.
En vísperas de Navidad.
*
¡Lástima de mí, lástima de mi soñar!
Pues se rompieron las cadenas.
¡De toda ilusión y felicidad!
*
Enrique Nieto Rubio
Derechos de autor.
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

**Benjamín Netanyahu, Cuando Jesús, *

   Yo oro por la paz en El Salvador - Y JESÚS LLORÓ. Se narra en el Santo  Evangelio que en varias ocasiones Jesús llora. Ante la ruina espiritual de  Jerusalén, ante la


Cuando Jesús, hijo de Nazaret,

Mirando la tierra está.
Y en su casa, tierra santa,
Matándose continúan ya.
*
A la derecha de Dios Padre,
Él no para de llorar.
Sus lágrimas que derrama,
Es el agua que nos llueve.
Intentando que nos mojen,
Para calmar nuestras fiebres.
*
Fiebres de odio y riñas.
Fiebre del desamor.
Fiebres por estas guerras.
que causan tanto dolor.
*
Fiebres de ese odio,
Que no conseguimos aplacar.
Y él llora mucho.
Por lo que nos pueda pasar.
*
Pues su padre está muy enojado.
Por lo malo de este mundo,
Y discute con su hijo.
Quiere mandar otro diluvio.
O quizás algo peor,
Una piedra muy grande.
Que nos destruyan a todos.
*
O quizás un rayo fugaz.
Que venga de otra estrella.
que un día destruyó él
Por las malas personas que eran.
*
Y desde entonces, esa estrella desprende
Rayos mortales en todas direcciones.
Y quizás nos manden uno.
Para sembrar los horrores.
*
De vivir el mismo infierno,
delante de nuestros menores,
Que ninguna culpita tienen.
De que seamos unos cabrones,,,,,,,,,,,,,
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
*
No sé si es profecía,
o una mala intuición,
Pero si seguimos así.
Puede que lleve razón.

**Brited Díaz de Navidad. (cuento) .*

 Brited Días de Navidad, un niño.

Brited era un niño pobre venido de otro país.
Él vivía en las calles y en estas Navidades. Con doce años ya no creía en nada, y sus padres han muerto en Jerusalén por los ejércitos de Israel. Este chico vagó en un barco hacia Francia y aquí se formó su historia.
Es un niño de estos que tantos millones hay en este mundo invisible, pues a estos nadie los ve.
Él sabía que Papá Noel no vendría ni los Reyes, tampoco. Él era consciente, miraba mucho los televisores encendidos de los escaparates, y tenía unos sueños de estos de soledad y amargura.
Rebuscaba en los contenedores y conseguía zapatos y ropas con los cuales se vestía y se calzaba.
Él pidió en la cocina de un restaurante, creyendo que no les darían nada, pues tenía la fe perdida.
Pidió un pequeño bocadillo, y un señor grande y con barba espesa y blanca le dijo.
Chico, espérate un momento.
Él creía que se reirían de él como otras veces hicieron, pero en unos minutos salió este señor, con un bocadillo; ufff, juro que era tan grande que este chico no tenía manos. Para sostenerlo, era de calamares calentitos en una gran Viena, llenito de mayonesa y una Coca-Cola fresquita.
A este niño se le aflojaron las piernas y tuvo que sentarse en el suelo, así como cogió el gran bocadillo.
Ufffff, sus lágrimas eran ríos de tantas penas atrasadas.
Comió y comió. Madre dijo, mirando al cielo, decía: ¡Qué rico está, ufff! Llamó otra vez en la puerta, que era de estas grandes de hierro, para darles las gracias a este señor, no sin antes guardarse más de la mitad del bocadillo para los días siguientes.
Pero solo salió un chino así, vajillo. Él le preguntó: ¿Podría usted avisarle al señor ese grandote con barbas blancas que me ha regalado el bocadillo?
El chino le contestó: Yo no entiendo, aquí estoy yo solo, uff, niño, que no tengo mucho tiempo.
Ufff, este niño se dio la vuelta y se dijo: Verás si Papá Noel va a existir todavía.
De pronto, se vio frente a un inmenso árbol de Navidad, enjambrado de luces, que hasta calentaba la calle y, harto de comer, seguía con su Coca-Cola que parecía que nunca se vaciaba.
Eran las once de la noche del día cinco de enero, y eclipsado por las luces. Ahora sí, era feliz.
Se sentó en este banco, cerca del árbol de las luces, como él decía, y sus ojos le brillaban como si tuviera la estrella de Belén.
Él recordó en su tierra que aún seguían cayendo bombas en sus calles.
Y otra lágrima rodó.
Se acercaron dos niños pobres; más estos eran un español y su amigo francés, que se fugaron de un orfanato.
Ellos miraban las luces con esos ojillos de asombro.
Brited les dijo: —Tenéis hambre, y ellos contestaron: —Sí, mucha.

Sacó su gran bocadillo, que aún estaba calentito, y lo partió por la mitad, dándole a cada uno, y cogió dos vasos de plástico, que en el asiento había, y los llenó de coca-cola fresquita. Así estuvieron comiendo hasta hartarse, y cantaron algunos villancicos en francés y en español.
Enfrente había una inmensa tienda de juguetes que era de Galerías Preciados, y en su escaparate un señor vestido de rey observó a ese chico, que estaba solo y que ahora compartía ese bocadillo tan rico.
Salió y le preguntó al chico que dio su bocadillo si conocía a los otros dos.
Él contestó que no, que como tenían hambre les dio su bocadillo.
Viendo un gesto tan bonito en Navidad, aunque era el dueño de aquella tremenda tienda, se dio cuenta de que la Navidad seguía muy viva y reluciente.
Al ratito se llenó a todo su alrededor de cientos de personas, cantando a la vez que estos tres chicos.
Que desde este día comenzaron a ver que aún había esperanza para este cruel mundo.
El señor Este sacó un montón de juguetes para ellos y de paso regaló balones a todos los que allí había.
Más, esta noche vendió todos los juguetes que tenía...
Desde este día, estos chicos comenzaron a ver la vida de otra forma, que al poco tiempo fueron adoptados por unas personas maravillosas.
Os lo digo porque este niño era yo. Cuento de
Enrique Nieto Rubio. 

Derechos reservados.

jueves, 28 de agosto de 2025

**Los pipas.*

 


En un pueblo cerquita de Córdoba, había un pequeño pueblo donde el paro laboral no existía. Todos sus habitantes trabajaban, por lo que el lugar era próspero y moderno... nada faltaba.

Pero no todo era color de rosa, pues la población tenía una gran espina clavada en su corazón; pues allí vivían tres chicos que aún no habían cumplido mayoría de edad, quienes con sus fechorías mantenían a todos los habitantes en jaque.

Ellos eran unos delincuentes que ejecutaban todo tipo de fechorías. Asesinaban, robaban coches, motos, casas; incluso entraban al centro comercial, golpeando a diestra y siniestra a quien les venía en gana.

La policía los detenía, pero siempre por alguna razón; ellos siempre se salían con la suya, ya sea por falta de evidencias o porque nadie contaba con el valor suficiente para denunciarlos; así pues, a los pocos días salían libres... y, por supuesto, volvían a lo mismo.

Eran tan perversos que acorralaban a mujeres vulnerables, sin que para ello importara la edad... hostigándolas para que estuvieran con ellos; si estas no aceptaban, las golpeaban sin misericordia.
Todos los habitantes del pueblo comentaban, entre unos y otros, la abominación que sentían contra los jóvenes criminales; no obstante, nadie se atrevía a tomar la ley por propia cuenta, pues temían terminar presos.

Día a día, se iban convirtiendo en seres más despiadados y salvajes, pues con el tiempo sus delitos eran mucho más violentos y sanguinarios. Comenzaron a abusar de mujeres vulnerables; entre los tres las violaban y, si estas se oponían, las mataban, sin importarles que hubiese más personas presentes.

Como eran tan temidos por la población, sabían que nadie trataría de enfrentarlos. Y tal cual sucedía siempre, las autoridades los capturaban... pero igual a los pocos días se encontraban libres de cargos.

Un buen día, un tranquilo barrendero trabajaba cerca de las vías de la estación del ferrocarril. Se percató cuando el tren se acercaba, a baja velocidad... pues antes de arribar había una curva prolongada.

De pronto los vagones comenzaron a colapsar, y los cristales a reventar. La locomotora quedó anclada en ese mismo instante, por lo que los pasajeros despavoridos y aterrados evacuaban a toda prisa del tren.

Se podía observar que el último vagón se encontraba envuelto en llamas, y el barrendero que se encontraba en el lugar, inesperadamente, sintió como unos cristales, como lluvia... cubrieron el espacio donde se encontraba.

Cuando el barrendero logró mirar hacia el interior de uno de los vagones, entre los cristales rotos, advirtió a los chicos que tanto daño infligían al pueblo... y les dijo:
-¡Basta de fechorías!... Ya vale, ¿no?
Ellos saltaron por las ventanas, y cuando el barrendero quiso reaccionar, uno de los malhechores lo amenazaba con un gran y filoso cuchillo.
Uno de ellos le vociferó... ¡Qué te has atrevido a decir! ¿Quieres morir?
El barrendero se quedó erguido, mientras en su mano sostenía unas tijeras grandes, para podar... Más en ese preciso instante se escuchó una gran explosión, procedente del vagón en llamas; por lo que los criminales volvieron la vista al lugar del estruendo... incluyendo al que le amenazaba con el cuchillo.

 
El barrendero, que temía por su vida, hizo uso de sus tijeras con una rapidez tremenda, cortando la cabeza de dos de los maleantes... y al tercero le hundió las tijeras hasta el fondo del estómago, diciéndole:
¡Llegó tu final, capullo, no volverás a hacer más daño a nadie!
El jovenzuelo aún en ese momento miraba al barrendero fijamente, y con los ojos que casi se le salían de las órbitas, sin siquiera respirar... parecía querer fulminar a su ejecutor con la mirada.
El barrendero, quien temió que el delincuente quedara con vida, no dudó en utilizar de nuevo las tijeras, decapitándolo también. Cuando el pobre hombre se percató de lo que había hecho... no pudo dejar de lamentarse por lo sucedido.

Sin embargo, nada podía hacer; así que inmediatamente desnudó sus cuerpos; las vestimentas las echó en una bolsa, dentro de un cubo. Acto seguido, se dirigió a los cuerpos de los tres individuos, cortó todos sus dedos... los cuales, junto con las vestimentas y cabezas en el cubo, colocó.
Seguidamente, los restos de los individuos, de una patada, empujó hacia las vías, tirándolos por la estación, tal cual si de basura se tratara.
Recogió sus herramientas de trabajo, limpió rastros de permanencia en el lugar... tomó los cubos con las evidencias y se retiró en dirección a su cuartelillo.

AL llegar y sin decir nada, vació el contenido en una bolsa negra, la cual amarró muy bien... la introdujo en la cajuela de su coche y se dirigió a su casa.
Él vivía en una cutre parcela, llenita de trastos por todos sitios; así que excavó un gran agujero, lugar donde usualmente tiraba la maleza, y enterró la bolsa.
Debido a la explosión y el pánico generado en la estación, nadie prestó mayor atención a las formas en que se habían encontrado los cuerpos. La policía recogió los restos, esperando de alguna forma encontrar los cuerpos o dedos, y así poder identificar a las "víctimas".
Lo único que tenían como pista era la gran cantidad de oro que portaban los cuerpos; pues los tres tenían en el cuello gruesas cadenas de oro y un medallón en el cual, con diamantes, estaba impreso el nombre de: "Los Pipas".
Se realizaron las investigaciones correspondientes por parte de la policía... mas nunca encontraron pista alguna. Sin embargo, los residentes de esta población encontraron por fin la paz y tranquilidad que por tanto tiempo habían añorado.



Quien a hierro mata, a hierro muere.
Enrique Nieto Rubio.
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

domingo, 17 de agosto de 2025

**Mira qué pequeño.*

 ERNESTO CORTAZAR - Romantic Piano Love Songs - Greatest Hits

Mira qué pequeño puedo ser.

que si me tomaras en tus brazos,

Me convertirías en un bebé. 

*

Mírame, no me quieras arrullar.

Que en tus brazos, mujer,

Mi cuerpo desacelera.

*

No, no me quieras tú mimar.

No me sientas en ti.

Pues si así lo hicieras,

Entonces yo moriré por ti.

*

Pues el sentir que tú desprendes,

Ese será mi sentir.

Y entonces viviría siempre contigo.

Y siempre dentro de ti. 

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

Inspirado en esta preciosa música. 

**Guárdame, Señor, por tanta insolencia.*

 Guárdame, Señor, por tanta insolencia, que brota sin freno de mi corazón, por palabras duras, por mi indiferencia, por no ver tu luz en la humillación.

Perdona mi orgullo, mi vana osadía, mi lengua que hiere, mi juicio sin paz.

 Hazme humilde, manso, en cada agonía, que tu misericordia me vuelva a abrazar.

Guárdame del fuego que yo mismo enciendo, de la sombra amarga que suelo sembrar. Hazme instrumento de amor, no de estruendo, que en mí arrepentir te pueda encontrar.

Y si caigo, Señor, no mires mi falta, sino el clamor sincero de mi alma rota. Que tu gracia, como lluvia que exalta, me limpie, me sane, me vista con ropa de paz y de vida, de fe y de perdón. Guárdame, Señor, en tu corazón.

 Señor, que mi fe es ridícula ante el abismo de tu amor inmenso. No alcanzo a entenderte, no sé cómo mirar tu rostro cuando el dolor se multiplica en Palestina, tierra de tu Hijo, donde aún se llora y tú no logras calmarlo.

¿Será que no nos entiendes, Dios, por tu gran omnipotencia? ¿Será que el dolor humano es tan pequeño desde tus alturas que no lo ves?

Pero nuestras almas mueren, sin consuelo, sin paz, como hojas secas en un viento de guerra. Mira a tu hijo, Jesús, cómo llora por los inocentes, por los niños sin nombre, por los cuerpos sin tumba.

¿No ves, Dios todopoderoso, cómo otros se creen dueños del mundo y siembran muerte donde tu hijo sembró amor?

Si seguimos así, lloraremos todo, hasta el último brote de esperanza. Y quizás este sea el fin del amor que tu hijo dejó como semilla para todos.

Acaba, Dios, con estas malditas guerras que no sirven para nadie, que solo destruyen lo que tú creaste.

Ay, Diosito… he vuelto a caer en mi propio pecado. Perdóname.

Señor, sabemos que nuestra fe a veces se tambalea, que parece pequeña frente a tu inmenso amor. Pero aun así, venimos a ti, porque no entendemos el dolor que nos rodea, el sufrimiento que hemos creado con nuestras propias manos.

Mira, gran Dios, la tierra de Palestina, la tierra donde nació tu Hijo Jesús, y donde hoy se llora sin consuelo. Él, que vino a sembrar amor, ahora llora por los hijos que mueren, por las madres que gritan, por los hogares que se desvanecen en el polvo.

¿Nos entiendes, Dios? ¿O tu grandeza te impide ver la pequeñez de este planeta que tú mismo creaste? ¿Será que desde tus alturas no alcanzas a oír el clamor de los inocentes?

Pero nosotros sí lo oímos, y nuestras almas se rompen. Nos duele cada guerra, cada injusticia, cada acto de odio que contradice tu mensaje.

Por eso te pedimos, gran Dios: acaba con estas guerras malditas, que no sirven para nadie, que solo destruyen lo que tú amas.

Mira a tu hijo, Jesús, cómo llora por nosotros. No permitas que su sacrificio se pierda en medio de tanta indiferencia.

Y si hemos pecado, si hemos caído en el egoísmo, en la ceguera, en la comodidad… perdónanos, Diosito.

Haznos instrumentos de tu paz. Haznos sembradores de tu amor. Haznos dignos de tu perdón.

Amén.

🌌 El Todo y el Amor

Dios (El Todo): Yo soy el principio, la chispa que encendió el universo, el silencio antes del tiempo, la voz que no necesita palabras.

Yo soy el que es, sin forma, sin límite, sin fin. El que sostiene galaxias y escucha el suspiro de una flor.

Jesús (El Amor): Y yo soy tu reflejo en la carne, la lágrima que toca la tierra, el abrazo que sana, la palabra que se hizo pan.

Yo soy el puente, la herida abierta por compasión, el hijo que camina entre los hombres para enseñarles a mirar hacia ti.

Dios: Tú eres mi ternura hecha cuerpo, mi misericordia con rostro humano. Donde yo soy fuego, tú eres llama suave. Donde yo soy eternidad, tú eres instante redentor.

Jesús: Y tú eres el Todo que me envuelve, el Padre que no abandona, el misterio que me sostiene cuando el mundo me clava su cruz.

Ambos: Juntos somos el susurro y el trueno, la justicia y la gracia, el origen y el camino, el Todo y el Amor.

Copilot y Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados.