jueves, 28 de mayo de 2020

**La muerte engalanada.(poemas)



En un rincón, 
Está la muerte engalanada. 
En una plaza céntrica,
A las doce de la noche.
Como buitre carroñero, 
Esperando a su presa está. 
¿Quién es un indigente desahuciado?
Que la vida se le va.

Entre plásticos y cartones...
Su cuerpo yace ya;  
con un olor extraño;
La muerte disfrutando está.
*
Solo le queda apenas un hilito...
Hilito de libertad, 
Para entrar en el paraíso...
Paraíso de paz celestial. 
Nadie por él derrama lágrimas...
Nadie con él está. 
Solo con sus cartones.
y algunas monedas a sus pies.
Ya camina hacia la gloria... 
Para estar juntito a él,
La muerte se lo ha llevado.
Cómo se lleva a un marqués. 
¡Con toda clase de honores!
¡Y los sueños del ayer!
Enrique Nieto Rubio.

*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

** Se que estas enamorada. (poemas).


Sé que estás enamorada.
Mas tú no lo quieres decir. 
Yo me asomo despacito a tu ventana.
Solo para verte sonreír.
Tú me dices que me quieres...
¡Y yo me muero por ti!
Y entre esas cuatro paredes,
Contigo me gustaría vivir.


Porque estar contigo...
Me haría el hombre más dichoso.
Sería muy feliz.
 de poder sentir tus besos. 
Con pasión y frenesí.

Y si dices que me quieres...
Cásate, mi niña, tú conmigo.
Que yo seré tu esposo.
Tu amante y tu amigo.


Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**Llorando están las estrellas. (poema)

Llorando están las estrellas.
Porque ella se marchó.
Llorando está mi corazón.
 Porque el tuyo le dejó.
*
Solo queda un gran vacío.
 Dentro de mi sentir.
Solo me siento perdido.
 Porque no te tengo en mí.
Mira si he sido incauto.
 Que mi vida te entregué.
Y ahora se rompe el cántaro.
 Que con agua fresca yo llené.
Hoy yo te sigo pensando;
 Aunque un año se me fue.
Mis labios te siguen nombrando. 
Sin motivos ni por qué.
Las noches las voy deseando.
 Para soñar con tu querer.
Mira si estoy por ti. 
que las voy haciendo realidad.
*
Por tantas noches pasadas,
 Tú... solo tú vives en mi soñar;
Y no quiero despertar.
 Para tenerte en realidad.
Y siempre yo ser tu amigo. 
Y poderte desear,
 y poder vivir contigo.
Sueños llenos de fantasía.
 Por toda la eternidad,
 Amiga de mi soñar.
Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**Si un Angel me olvido. (poemas)



Si un ángel me olvidó...
La culpa únicamente ha sido mía;
Pues entre tanta tontería...
Su cariño me entregó.
Y se me pasa la visa.
Sin darle mi corazón,
Pero la sigo pensando.
Con todita la pasión.
 

Que aunque sea princesa,
Yo sigo siendo ladrón.
Y me paso la vida entera.
Robándole el corazón.
Que, aunque ella,
 Me haya olvidado...
La llevo dentro de mí.
Y aunque se resista, 
Sé que existió nuestro amor.
Pues conozco sus deseos...
 Sus angustias y su desamor.
No me olvides nunca, mi dulce niña. 
Que me rompes la ilusión.
*Derechos reservados*
Enrique Nieto Rubio.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**Cintia en el país de los deseos. (cuentos )



Cintia en el país de los deseos de Enrique (cuentos)
Cintia tenía cinco años, hermana de cinco hermanos; su mamá, una chica descarriada, de veinticinco años, abandonada por todos, en un barrio de miseria y desechos humanos.
Con personas sin escrúpulos.
E hijos de cualquier persona, y bastante tocada en su cabeza, despreciada por los hombres.


Terminó desahuciada y en la calle, lloviendo estrepitosamente y expulsada de la vivienda por un usurero ricachón, que durante mucho tiempo abusó de ella cuanto le dio la gana.
Hasta que la mujer de este se dio cuenta, y la echaron a la calle.

Como digo, llovía a mares, eran las once de la noche, y no tenía adonde ir.

Caminó sin rumbo fijo, durante largas horas, hasta terminar en los soportales de la corredera, un lugar céntrico pero algo sombrío y desolador.
Ella, ya cansada y enferma, se acurrucó en un rincón mientras sus hijos la miraban, con tristeza y muertos de hambre y frío.



Todos terminaron durmiendo junto a su mamá, pero Cintia se quedó con los pies descalzos, cayéndole el goteo de una canal desbocada, y no podía dormir, pues sus piececitos les dolían tremendamente.

Cintia se puso de pie y empezó a caminar, hasta perderse en la oscuridad de la noche.
Su madre, viendo que poco podía hacer por ella, la dejó marchar.

Ya había escampado.
Cintia, viendo los adornos navideños en los escaparates, sonreía.
Al lado de los adornos navideños había un maniquí con los brazos de frente, como si la estuviera esperando, y tenía unas alas preciosas.

Cintia le dijo:
¿Mamá?
De pronto, el maniquí le contestó:
¡Dime, hija mía!
¿Tengo mucho frío?
La maniquí le dijo:
¡Pues pasa, hija, no te quedes ahí!
Alargando la mano, la metió a través del cristal del escaparate, y diciéndole:
¡Qué cómo te encuentras ahora!
¿Sí, mamá, ahora me siento mejor?
Y desde entonces la niña Cintia se quedó en el escaparate para siempre.
Aquella misma noche, su madre había muerto en compañía de sus hijos queridos.


A los pocos días, por delante de la tienda, pasaron cuatro niños, y el mayor los llevaba de la mano, y el más pequeño les dijo a sus hermanos.
Mira, mira, ¿no parece esa nuestra hermana?
Y dice otro:
¡O sí, se le parece mucho!
¿Pero no ves que es una muñeca, so tonto?
¡Ah, sí, pero se le parece!

Y mientras tanto, Cintia, sin poder moverse, le dijo a la maniquí:
¿Mira mamá, mis hermanos, ¿mira?
La madre maniquí le dijo:
¡Sí, hija, pero ellos estarán bien, pues han ido a pedir comida al hombre más bueno del mundo, y los acogerá a todos!
¿Sabes?, es el dueño de esta tienda, y pronto estarás con ellos, ¡seguro que sí!
¡Seca esas lágrimas, vida mía!

Efectivamente, el señor tendero les dio cobijo a todos, ropas y camas.

A la mañana siguiente, los instruyó a todos para que limpiaran la tienda en forma de juegos; los niños estaban lo más de contentos, limpiando aquellas dos maniquíes del escaparate.

Ya por la noche, cuando dormían los hermanos, agotados por el largo día y bien comidos.
La mamá maniquí le dijo a Cintia:
Anda y dale un besito a tus hermanos, sí, pero no los despiertes.
¡Mamá, sabes que me hacían cosquillas cuando me limpiaban!
Sí, hija, y a mí también...

Y así lo hizo; Cintia los besaba todas las noches.
Los hermanos siguieron creciendo y, ya mayores, marcharon a la guerra.
Mientras Cintia les saludaba por el escaparate,
Siendo una niñita maniquí, para los restos de la vida.

Al tiempo se casaron los hermanos.
Y el tendero hizo una reproducción de Cintia en chiquito para la tarta de boda de uno de sus hermanos.

Muchos años atrás, habían encontrado a una linda muchachita de cabellos dorados, muerta en un gran charco de lluvia, entre un gran barrizal, delante de una tienda.
Ella era nuestra querida Cintia.
que había muerto antes que su mamá
Colorín, colorito, el cuento más bonito.
Por Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

**Perdido en el tiempo. (poemas)


Perdido en el tiempo estoy,
Y el camino se me hace largo... 
Que aunque pasen los años.
Contigo en mi mente, voy. 
 No sufro por el camino...
No siento pasión ni amor;  
Pero te llevo tan adentro,
Que floreces en mi corazón. 
Perdido en el tiempo voy,
Y con mis alas voy volando... 
Y paso por tu contorno.
Y con tu aroma vas gritando

Y si te oigo, me sonrojo...
Y si te siento, no hablo... 
Pues cuando te hablo, me acongojo.
 Y siento palidecer de miedo.
Sintiendo esos labios rojos.

 Aunque pasen diez mil años,
Yo te miro y me sonrojo. 
Será porque te deseo tanto.
Pues sin tus labios, me voy llorando.
*
Que aunque pasen los años, niña...
¡Yo, chiquilla, te seguiré amando!
Enrique Nieto Rubio. 
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**Mamá está llorando. (poemas)





Mamá está llorando. 
Porque tú no estás aquí.
Mamá está llorando.
Porque lejos estás de aquí.
Mamá sigue llorando.
Porque no te tiene a ti...
Su corazón está sangrando.
Y hasta se quiere morir.
Yo te pido que regreses...
Que no la hagas sufrir.
Pues su cuerpo se enternece.
Cuando habla de ti.
Ella dice que te quiere. 
Que vivir sin ti no puede.
Yo te pido que regreses. 
Para hacerla muy feliz.
Que aunque yo la consuelo,
Ella no me quiere oír.
Solo pide esos besos.
¿Qué le diste tú al partir?
Vuelve, papá, aquí. 
Enrique Nieto Rubio. 
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.