miércoles, 4 de marzo de 2020

..Renaciendo de su tumba de Enricostro.

Renaciendo de Su tumba,
sube por las escaleras,
buscando un sin sentir,
que dejó en la otra tierra.
*
Va pidiendo clemencia,
buscando a su amado,
va `perdida por esta tierra,
más a él, no lo ha encontrado.
*
Vagando se tirará,
 llorando, por los rincones,
con sus alitas abiertas,
y con la muerte, en sus talones.
*
Nada de este mundo, recuerda,
ni por qué de sus temores,
sólo sabe de llantos,
 penas, y desamores.
*
Del porqué de su llegada,
a este mundo maldito,
pues no se marchará,
hasta dejarlo bien escrito.
*
De su venganza partirá,
ese viajar a su mundo,
pero tendrá que recordar,
porque partió de este mundo.
*
Se tendrá que enamorar,
de ese hombre maldito,
que mientras reía, haciendo el amor,
en su cuello dejaba escrito,
un lazo de seda azul,
que dejó, bien amarradito.
*
más su muerte ella encontró,
besándose con su amado. 
*
Han pasado, años y años,
y por fin le recordó.
En su cama se han liado,
haciendo fuerte su amor,
que con premura, ella le hace,
hasta un eterno placer.
*
Con sus alas le rodea,
hasta hacerlo desfallecer.
*
Ya los dos vuelan juntos,
a un mundo siniestro,
pues los dos han pecado,
por asesinos en destierros.
*
A la fosa han bajado, 
y allí yacen sus cuerpos.
*
Enrique Nieto Rubio,
derechos reservados.

..El canario de Enricostro.(cuentos)


Un anciano, tenía un lindo canario, completamente amarillo y muy listo. El hombre sacaba su jaula, todas las mañanas, a su ventana, para que su canario tomara el sol.
El anciano se pasaba las horas mirando, su hermosa avecilla, y escuchando como cantaba.
A su jaula, llegaban, todas las mañanas, unas visitas muy peculiares. Eran un par de gorriones negros, con la cabeza bastante gorda.
El lindo canario les pasaba granos de alpiste de su propio pico. Ellos lo aceptaban gustosamente.
Así eran todos los días. Pero una mañana, pasó algo rarísimo, la visita no se produjo. Y el lindo canario se quedó muy triste.

Ya era medio día, y el canario estaba en el suelo de la jaula encogido. El anciano se acercó a la jaula y le preguntó:
¿Qué te pasa pajarillo.?
Este le respondió:
¡Mis amigos no han venido hoy, y es que si algo les ha pasado, o si no los vuelvo a ver, me moriré de pena! ¡No quiero vivir si no los veo!
El anciano le dijo:
¿Cómo puedo ayudarte? ¡Te abriré la jaula y los buscarás! ¿Pero volverás?
¡No lo sé! ¡Quisiera intentarlo.!
¡Vale! Expresó el anciano, pero sintiendo pesar en su corazón, por la partida de su amada avecilla.
Te dejaré partir... Pero si no quieres volver; al menos ven a despedirte de mí. Aquí tendrás la jaula abierta, y con comida por si quieres venir.


¡Gracias! ¡Vendré!
El canario marchó en busca de sus amigos, subió muy alto y desde las nubes se dejó caer; y se dirigió a un árbol que estaba a las afueras de la ciudad.
Entró en un nido y allí estaba la gorriona; el canario le preguntó:
¿Amiga gorriona, porque no habéis venido a verme, o es que ya no me queréis?
¡No es eso! Es que he tenido huevos, y pronto tendré mis pichoncitos, y los tengo que incubar; o si no cogerán frío, y morirán.

¡Ahhh!, y el gorrión ¡Dónde está!
¡No lo sé! Salió esta mañana y no ha vuelto, estoy aterrada por si le ha pasado algo.
El canario le dijo:
¡No te preocupes! Yo iré a buscarlo.
Volvió a subir muy alto, y desde el cielo divisó algo moverse en una acera de la ciudad.
Bajo en barrena y viendo que era el gorrioncillo, bajo hasta él y le dijo:
¿Qué te pasa? ¿Por qué no regresas a casa?
¡Es que he quedado atrapado! Me atoré en una esponja, de esta, de chuchés, de los niños. No me di cuenta de que se pegaba mucho, y se me pegaron las alas.
¡Ahhh! Intentaré soltarte con mi pico.
Pero era imposible, esa esponja se había mojado toda; y era una trampa mortal para los pájaros.

El canario le dijo:
¡Iré a avisar al abuelo! Seguro que podrá liberarte.
El canario voló rápidamente hasta su ventana, y empezó a trinar. El abuelo lo oyó y le preguntó:
¡¿Qué te pasa lindo canario?
Mi amigo, el gorrión, está atrapado en una esponja. ¿Podrías liberarlo por favor?
¡Sí, iré ahora mismo, tú me guiarás ¿Vale? ¡Vámonos.!
El abuelo salió a la calle, viendo al canario volar delante de él.
Corrió tres manzanas, y allí en el suelo estaba agotadísimo y casi muerto el desafortunado gorrioncillo.
El abuelo lo cogió con sus manos, quitándole la esponja; pero estaba todo pegajoso... Y les dijo:

¡Tenemos que ir a casa! Hay que lavar las alas. El canario subió al hombro del anciano y se dirigieron a casa. 
Todo el mundo iba pendiente de este hombre, con su canario sobre el hombro. El anciano caminaba muy orgulloso, con sus pajarillos. ¡Todos les fotografiaban!
Cómo no hacerlo, si iba con un gorrión en la mano, y un canario en el hombro.
¡Es fantástico! Decía la gente.
Llegó a la casa y le lavo las alitas al gorrioncillo... Y este le dijo:
¡Gracias abuelo! ¡Vendremos a verte!
Así el canario y el gorrión, echaron a volar, y marcharon al nido. A la gorriona le dio mucha alegría.
El gorrioncillo dijo: ¡Quédate con nosotros! Y criaremos a los pichones... ¿Vale?

¡Si lo haré! Nunca he volado tanto en toda mi vida, y me siento feliz. Iré a despedirme del abuelo. 
- ¡Espera! Iré contigo.
Volaron los dos hasta la casa del abuelo, y se posaron en lo alto de la jaula. El abuelo los esperaba en la ventana.
¡Abuelo! Quisiera quedarme con los gorriones, si tú me lo permites; pues sentirme libre y volar es maravilloso. Pero vendré todos los días, y entonaré para ti, el canto más bonito que jamás hayas oído.
El abuelo le dijo: ¡Vale! Como siempre, te dejaré la jaula llena de comida.
El gorrioncillo y agradecido, también le prometió:

Abuelo, cuando tengamos los pajarillos más grandes, vendremos todos; entonaremos para ti, lindas canciones... Pues me siento muy agradecido, por salvarme la vida. 
Luego marcharon a su nido, pero antes se llenaron la boca de alpiste, para llevarle a la gorriona, que estaba muerta de hambre.
Llegaron al nido y le dieron de comer a la gorriona, y le contaron todo lo sucedido; y todo lo que harían más adelante. A ella le pareció estupendo.
Desde entonces, todas las mañanas, el canario llegaba y se metía en su jaula; y le cantaba las mejores de las canciones, durante una hora.

Los vecinos le tenían envidia. El abuelo a todos comentaba lo maravilloso que cantaba su canario.
Así, un buen día, lo grabaron... Y lo enviaron a un concurso de canto de canarios; y ganó el primer premio.
Esa misma tarde la prensa, con sus cámaras, llegaron a la casa del anciano, para grabar al canario. Pero se sorprendieron porque allí no había ningún canario. El abuelo les dijo:
¡Hasta las ocho de la mañana, no vendrá mi canario!
La prensa se quedó sorprendida, de las palabras del anciano, diciendo:
¿Cómo va a venir un canario de la calle? ¡Es imposible!
Bueno, si lo quieren ver, vengan por la mañana.
En la mañana siguiente, la prensa se presentó a las ocho menos cuarto; estaban esperando para ver si era verdad.
De pronto llegó el canario, y entró en su jaula; y comenzó a entonar la más bella melodía, que jamás alguien había oído.
Estos se quedaron estupefactos de lo que habían visto y escuchado. No daban crédito a lo sucedido.
Al abuelo, le dieron otro premio, y un gran saco de alpiste, para su canario.
A los pocos meses llegaron todos los pájaros juntos, eran seis gorrioncillos. El papá y la mamá gorriona, y el canario.

El abuelo dichoso los recibía, y ellos de su mano se alimentaban. Luego gustaban de ingresar a la jaula, y para él entonaban las más lindas melodías.
El anciano estaba superfeliz... Tanto que allí se tiraron toda la tarde; y debes en cuando, revoloteaban por dentro de la casa.
El abuelo se sentía en el paraíso, estaba de lo más feliz del Mundo.

- Fin -


Enrique Nieto Rubio.

*Derechos Reservados*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.

d.yr.d0yy.p.00.98.



En la realidad, una mañana sobre las ocho, rescate un gorrioncillo que se había quedado atrapado en una esponja de chuchés. ¡Sí!

..El agua milagrosa de Enricostro.



Día domingo 2 de enero de 2011 todo empezó, en un pozo de mi propiedad, he llenado una botella de agua, con intención de dejarla en el coche, por si acaso, pero el agua estaba como un poco turbia, o blanquecina.
El caso es que cuando llegue a casa me subí la botella, con intención de cambiar el agua, pues no veía el agua como para beberla, la enjuagué un par de veces, pues el color no se le iba, decidí beber un vaso de la botella.

Cuando me agache al suelo se me cayó el tapón de la botella. La botella no era nada importante, era una simple botella de dos litros de refresco de Cola.



Me levanté con tal soltura, que lo hice varias veces más, yo tengo problemas con los huesos, quizás de no hacer nada en casa, ni en el trabajo, pues estaba de baja.

Me sentía como un chico de dieciocho años, le di un vaso de agua a toda mi familia, pues la gripe se había adueñado de todos.


Cuando echaba agua en el vaso se notaba como una gelatina en forma y tamaño de un cubito de hielo, pero cuando lo tomabas, no se notaba en la boca su sabor.


Era superrefrescante y algo dulzona, y en el fondo de la botella se veía como una silueta de una imagen o algo parecido.

Así casi trasparente, pero había que fijarse muy bien, si no no la veías. A mis dos nietos de dos y tres añitos, mi hija los tenía en casa con fiebre con bronquitis o gripe. Me dirigí a su casa y le di un vaso a cada uno, de inmediato, estaban sanos como peras.

Pero mi curiosidad fue más lejos, me dirigí al hospital Universitario Reina Sofía, y me dirigí a una de estas plantas, de mayor riesgo, donde hay muchos chicos con leucemia y cáncer, y muchos casos infecciosos.


Todo era, en el mayor de mis secretos Le dije a una madre de un niño con cáncer terminal que estaba agonizando.
¿Me deja darle esta medicina?
Ella me dijo: ¡Bueno, ya se está muriendo, no le va a hacer más daño!

Cuando este niño se levantó inmediatamente, se armó un revuelo tremendo, yo me largué inmediatamente, antes de que nadie se fijara en mí.

Me fui a la última planta, en esta planta hay muchas personas con sida y demás, me he dirigido al primer paciente, y en voz baja le he preguntado:
¿Cuánto darías por salir de aquí ahora mismo curado?
Este me ha respondido:
¡Te daría todo lo que tengo!
! Entonces, escríbeme una cantidad, la que me darías!
¡Te doy un millón de euros!
¿Pero los tienes?
¡La verdad es que no!
Entonces lo haremos mejor.


He llamado con un móvil a un notario, que es vecino mío.


Este se ha prestado a venir al hospital. Para algo esta agua, tendría que servir, y no para curar solamente. Haría una fundación, para ayudar a todas las personas de este mundo, pero primero tendría, que empezar por los que más tienen.

Ya ha llegado el notario. Mi botella la llevó en una mochila en mi espalda. Le he vuelto a preguntar al enfermo:
¿Cuánto me das ahora mismo?
El de al lado me ha dicho:
¡Yo te doy 5000,000 euros si me curas.!
¿De veras?
¡Sí!
¡Notario escríbalo! Y que lo firme.

Luego le he preguntado: ¿Cuánto me vas a cobrar notario, por trabajar para mí?

¡Poco... ya hablaremos!

¡Ahora alucino en colores, esto no se lo cree nadie, ni yo viéndolo! Le he dado el vaso de agua, pero sin que sepa que es agua, nadie lo sabrá, diré que es medicina, este se ha levantado más sano que todos.

¡Dios dijo es un milagro!

La planta se ha revolucionado.

He preguntado en la planta a todos:
¿Cuánto darían por salir de aquí sanos?

Se ha armado un buen jaleo. Todos diciendo cantidades astronómicas, hasta pisos y mansiones me han ofrecido.

¡Pues venga todo ante notario, a trabajar!
Le fui dando un vaso de mi medicina, hasta dejar la planta vacía. Era tremendo, todos los médicos estaban revolucionados. Y me he largado rápido.

Mi notario no se daba a vasto... la gente estaba loca aquí, pues hay mucha gente rica. Pero en la planta de antes, hay muchos más niños que me necesitan.

Bajaré abajo mientras mi notario termina con esta planta. Ya lo llamaré por teléfono para que sepa donde estoy.


Hay casos de personas en coma, sus familiares también me han ofrecido cantidades tremendas. Ya en la botella solo me queda un culillo de agua. He ido al baño y la he llenado la botella con agua que sigue turbia.

He probado antes con otro paciente, y es perfecta porque se ha levantado sanísimo.

Me he guardado la botella, y he vuelto a la planta de los niños. Ya estaba el lugar más tranquilo, pero duraría lo justo.

Les he hecho la misma proposición que a los de arriba:
¿Cuánto darían, por tener curados a sus niños, y salir hoy mismo?

Unos me han ofrecido hasta su casa y otros hasta sus vidas. Les he dicho:

¡Poner una cantidad y firmen ante el notario! Aquí lo tenéis.

Todo ha sido redactado, el notario ha hecho copias del documento, a falta de poner la cantidad.


Los niños salen a montones; han llamado a la prensa, vaya lío, solo en estas dos plantas he recaudado millones de euros.

Esto es de locos, los médicos no se atreven a decir nada, se han quedado mudos, en este hospital.


He armado un revuelo que hasta la policía está aquí, no saben si detenerme por escándalo público... pero la gente no lo permitirá, me han traído miles de euros en mano, hasta personas que en su economía apenas tienen nada.

La botella se me acaba, y la cola de gente es tremenda. Le he pedido un agente de la policía.

¿Haga una cola en condiciones, hombre.?

Este agente me ha dicho:
Ayude a mi niña de once años, que tiene cáncer.

Le he dicho: ¿Ponla la primera ahora vengo, voy un momento al servicio.?

Lo que fuera creo que ha dejado la botella, impregnada de esa magia maravillosa, he vuelto, y la cola está perfectamente hecha, y cada uno ha dado lo que ha podido.

Ya las noticias se han comentado, por todo el mundo, se han propagado y solo tengo una botella, no puedo dejar que nadie la toque, no sé por qué funciona.

Mi cuenta bancaria se ha disparado, pronto seré el hombre más rico del mundo, aunque no sé cómo, va a terminar la cosa.


Este hospital está cerrado por falta de enfermos, me he ido a otro hospital, esta vez por roturas de huesos, no lo he probado todavía.

Aquí en el hospital general probaré con uno.

¿Quieres probar esta medicina para ver el resultado.?
¡Vale probaré!
Toma, bébete esto.Este está paralítico, ¡Joder se ha levantado, como si nada!, hasta me ha asustado, del salto que ha dado. Me ha regalado, una casa tremenda en la sierra.


He hecho lo mismo que en el primer hospital.

¿Qué me dais por salir andando de aquí.?

Me han ofrecido todo lo que tienen por salir andando. Así que mi notario lo ha escrito todo.


Una madre, de un chico que está en coma de un accidente, grave. Le han cortado las piernas. Ella me ha venido con todas sus joyas, y las de su marido.

Para que salvar a su hijo... yo le he dicho:
Las piernas no les van a crecer, se quedará inválido de todos modos, la medicina no hace crecer las extremidades a nadie, pero sí se sentirá como nuevo.

¡Bueno, bueno! Me ha dicho.
Vale, ¿guárdese sus joyas, señora? Ella tenía las manos como la nieve.
¿Cuál es su niño.?
¡Ese.! Me señaló.

Le di el vaso de medicina, y el chico se sentó en la cama abrazándose a su madre.

Señora, tome usted esta tarjeta, y a la mejor ortopedia que allá en la ciudad que les hagan unas piernas, al chico. No importa lo que cueste. Ella se me ha abrasado diciéndome:
¡Que Dios te lo pague!

Entre los dos hospitales, llevo más de catorce horas hasta que los he limpiado, todo me he metido hasta en los quirófanos no les ha dado tiempo ni a operar, cuando han salido andando de allí.

Todo el mundo me está aplaudiendo, todos están pendientes de mí, me he marchado a casa, aunque no sé qué me pasa, pero de vez en cuando, cuando tenía sed bebía de mi vaso, y no me siento cansado.

Pero como todo se sabe, han ido a mi casa y alguien ha llamado a la puerta; son las cuatro de la madrugada.

He abierto la puerta y me han secuestrado a punta de pistola. Son un grupo de árabes, me han dicho:
¡Colaboras o matamos a toda tu familia! Coge la medicina y acompáñanos. Estoy aterrado, esto no me lo esperaba.

Ya en varios coches negros, nos hemos dirigido al aeropuerto, de Córdoba y en un avión grandísimo árabe, me han llevado a su país.

Aquí en el avión está el rey de este país, no sé quién es ni lo que quiere.

Una traductora está delante, el rey me ha dicho:
¡Siento haberlo hecho de esta manera! Pero tengo un hijo muy grave, y me lo tienes que curar, o me das la medicina.

Le he respondido: Quizás si le doy la medicina, lo mismo no funciona... y no se cura, solo yo puedo dársela.

Me ha dicho; ¡Si muere mi hijo, le mataré!

Bueno, para que contestar, si no me va a escuchar.


Por la mañana, estábamos en el aeropuerto, cuatro coches llenos de guardias madre mía me han llevado escoltado, por toda la ciudad, hasta su hospital, en el hospital, un despliegue de guardias cada dos metros, por los pasillos.


Me dicen que se muere... así pues, hemos echado a correr.

Los médicos dicen que ya es tarde. Así que de todos modos se la hemos dado a presión, por la boca... no reaccionaba el pasillo, estaba lleno de mujeres con sus velos negros.


Yo estoy más asustado que un perro chico. No me atrevo a moverme del chico.


Le estoy tocando la cara, a ver sí, reacciona, pues de él depende mi vida, yo le seguía dando en la carita- ¡Niño despierta! ¡Niño, venga vamos!

Le puse la manita en su corazón, y notaba sus latidos muy bien.


Todos estaban resignados, ya no creo que me mataran, pues no ha sido culpa mía, me han sacado de la habitación.

El rey Saudí me ha echado el brazo por el hombro, con la cabeza agachada, y cuando salíamos, yo le dije por el pasillo:

El niño duerme tranquilo... Él no me entendía.
Yo dije más alto:
¡El niño duerme tranquilo!

La traductora dio un grito tremendo saltando de alegría. El niño está durmiendo.

Allí se armó otro barullo... me subieron en hombros, y me alzaron hasta el techo. En esta planta, no estaba nada más que el príncipe, pero el hospital estaba lleno.

Todos quisieron que también los curara. Yo les pregunté lo mismo que en España, que cuánto pagarían por salir de allí. Ellos me ofrecieron millones de dólares.

El rey me preguntó:
¿Para qué quieres tanto dinero.?
¡Para calmar el hambre en el mundo!, hambre que ustedes, los magnates del petróleo, no queréis quitar.

Eso no le gusto mucho, pero estaba tan contento por la vida del príncipe que le importo un comino.


Me ha dado un montón de millones para mi cuenta. No he salido del hospital hasta dejarlo limpio de gente enferma y me he extendido a los hospitales de otras regiones de aquí.

Aquí hay muchísimos millones de dólares, estos tienen que pagar toda el hambre de sus pueblos con su salud.

Mientras yo sigo llenando la botella de agua normal del grifo. Creo que en tres días que llevo, tengo más millones que nadie.

Ya está funcionando mi ayuda, humanitaria por todo el mundo, cientos de colaboradores se han prestado a ayudarme, pues el hambre no se cura con medicinas sino con comida. Tengo muchos colaboradores.

Vamos a levantar los pueblos de chabolas, haremos casas para todos, y serán casas bonitas, y quitaremos el hambre; a todos los que podamos.
Este mundo es demasiado intenso. Pero mi agua es milagrosa. Levantaré todos los continentes, espero se me unan algunos gobiernos. Pues también he ahorrado cientos de millones, a los gobiernos por el gasto de hospitalización.

Ahora tengo mucho poder, y todos me protegerán, supongo. Visitaré los hospitales de todo el mundo.

Ya mis abogados velarán por los trabajos y por la fundación, que se llamará "En pie y andando"; así esto será interminable. Creo que mi vida será sacrificada, pues he intentado impregnar otras botellas, pero es imposible.

La magia está toda en esta botella, no puedo dársela a nadie, pues pudiera ser que su uso se desviara para otros sitios, y eso no será jamás.


Daré la vuelta al mundo varias veces si es preciso, pero los farmacéuticos ya están empezando a odiarme, me he tenido que buscar guardaespaldas para mi seguridad.

He decidido desaparecer por algún tiempo, mi vida corre peligro y la de mi familia.


Simularé un accidente de avión, el que se estrellara en pleno océano... pues si nadie muere, el mundo terminará por colapsar.

Amigos hasta aquí mi loca fantasía, de un mundo mejor y más humanitario.



¡Lástima si fuera cierto todo!






Enrique Nieto Rubio.

Derechos Reservados

..Dentro del espejo, de Enricostro. (relatos)



Alfonso, un joven excepcional, y Carmina, una chica hermosa, se conocieron desde muy pequeños; el de ella se enamoró y ella de él.

 Cuando cumplió sus quince años, Alfonso sus sentimientos le confesó. Ella quien también por él se sentía atraída, feliz aceptó. 

Transcurrieron dos años, y como en toda relación, tenían sus altas y sus bajas; sin embargo, Alfonso era quien, en los malos momentos, consentía todo cuanto la joven deseaba, pues la amaba con devoción.

Una mañana lluviosa, Alfonso decidió visitarla para confrontarla, pues últimamente notaba a Carmina distante y muchas veces abstraída en sus pensamientos.

La chica lo recibió en el salón principal de su casa; y cuando Alfonso le cuestionó el porqué de su forma de actuar; Carmina le expresó que deseaba terminar con la relación. El chico, como siempre, trató de calmar los ánimos, no obstante, mientras discutían acaloradamente, ella le dijo:
-¡Lo siento! No puedo y mucho menos quiero continuar contigo, pues ya no te quiero... Pues me he enamorado de Juan. 

Alfonso sintió que bajo sus pies, el mundo se le abría, pues Carmina era todo para él... sin ella, hasta el aire arduo trabajo sería respirar. 

El chico trató de calmarla, expresándole que tal vez solamente estaba confundida; más, Carmina lo invitó a salir de su casa... Propinándole un fuerte empujón, y con muy malos modos,
-¡Carmina! ¡No puedo creer lo que me estás diciendo! ¿Por otro me dejarás?
¡Sí! Por otro te dejaré, ¡quién es un chico mucho más guapo que tú!
-Pues bien, haz de tu vida lo que quieras, por mi parte, de este lugar lárgate, pues en el ambiente, angustia y soledad es lo que se percibe. ¡Maldita seas!

Carmina, en respuesta, con otro empujón hacia la calle, lo lanzó; y Alfonso, al volverse hacia ella, se vio frente a un espejo inmenso, que había en el salón, y vociferó:
-Mírate en ese espejo... Eres igual a él, fría y vacía por dentro, ¡Desearía que por siempre te quedes allí!

Girando en torno de sí, Alfonso a la calle se dirigió, sin percatarse que en ese mismo instante; un brazo larguísimo del espejo salió... Y de un solo jalón, a través del cristal, a Carmina dentro la metió. 


Al siguiente día, cuando la empleada doméstica de Carmina, notó que Carmina no había llegado a dormir; inmediatamente a la jefatura de policía se dirigió; y como la chica era menor de edad, el caso fue tomado muy en serio y de forma inmediata. 

Les cuestionaron a la empleada, sí, quizás el caso podría tratarse de una adolescente, quien con sus amigos de fin de semana partió; más, ella respondió que no existía esa posibilidad.

Los agentes se dirigieron a la casa, para comenzar con la investigación; y constataron que todas las pertenencias de la joven, así como su vehículo, estaban en el lugar; señal inequívoca de que realmente Carmina había desaparecido.

La empleada también informó a los agentes, que el principal sospechoso era Alfonso; pues su patrona le había comentado...de su deseo por concluir la relación; y que ella, un día antes, los había escuchado discutiendo muy alterados.

Los investigadores le expresaron a la empleada, que ese no era un motivo válido, por el cual levantar semejante acusación.


Sin embargo, la mujer molesta agregó:
-¡Estoy segura, que Alfonso está relacionado con la desaparición de mi patrona; porque usualmente ellos tomaban el desayuno juntos.´´! Y mucho más extraño aún; era el hecho de que él, no había llamado tan siquiera vía telefónica, para informar que no se presentaría.

Después de escuchar que el chico estaba actuando de forma irregular, los investigadores temieron lo peor.

Inmediatamente, se designó a un grupo de oficiales, y rumbo a la casa de Alfonso enfilaron; pues habían establecido que también el chico, fue el último que con vida la vio.

Cuando lo interrogaron, el joven confesó que ese mismo día, habían terminado con su relación; y con vergüenza, relato con detalles, todo cuanto sucedió...

Alfonso, en su defensa, únicamente dijo que sin importar que tan alterado él pudiese estar... Él jamás atentaría contra la vida de un ser humano; y mucho menos con Carmina, pues la amaba de verdad.

No obstante la policía no le creyó; y procedieron a detenerlo en ese mismo instante. 
Pasados unos meses fue llevado a juicio; Alfonso negó tener responsabilidad alguna en la desaparición de la chica... Más sin importar que no contaban con evidencias sólidas de su culpabilidad; igual fue condenado a quince años de prisión.

La madre de Alfonso apeló la sentencia; mientras su hijo la pasaba muy mal en la cárcel.


Cuando se llevó a cabo el nuevo juicio, el juez dictaminó que en base a los testimonios, que únicamente cinco años de la sentencia rebajaría; pues reconocía que el chico, desde su primera interrogación, había aceptado que ambos se habían enfrentado de forma inapropiada.


Los padres del chico quedaron devastados... pues toda esperanza de ayudar a su hijo, había desaparecido.

El tiempo transcurrió y Alfonso por fin su condena terminó. Salió en libertad una mañana de otoño; sintiendo que el frío calaba hasta sus huesos. 

Esta era la época predilecta del joven; sin embargo, todo lucía oscuro y tenebroso; el ambiente estaba cubierto por una densa niebla y con una suave llovizna... Las cuales parecían lágrimas en el viento.

Se encaminó a su hogar, y en el trayecto imposible sería no ver la casa de Carmina; cuando llegó alzó la mirada y observó que se encontraba abandonada, con un letrero en el cual se anunciaba que estaba a la venta.

Cuando el chico ingresó a casa de sus padres, estos lo recibieron con mucha alegría; pues sabían que su hijo era inocente, de la desaparición de Carmina.


Luego de prepararle al chico, sus platillos predilectos y de conversar toda la tarde; el chico no se pudo contener, y estando a solas con su madre, le preguntó:

-¿Nunca más escucharon, nada al respecto de Carmina?
No hijo, jamás tuvimos más noticias de ella. La casa se puso a la venta hace algunos años; muchas personas mostraron interés, pero luego de visitarla todas salían huyendo... Como si estuviera maldita. 

-Mamá, yo deseo comprar esa casa, con mis ahorros.
¡Hijo! ¡Cómo puedes desear obtener esa casa! ¿No has sufrido ya suficiente?
-Sí, mamá, pero eso es lo que mi corazón deseó, al momento de pasar por el lugar.
Alfonso, por favor aléjate de todo lo relacionado con Carmina. ! ¡Olvídala ya! 


Alfonso por un instante dudó... Pero luego enfático exclamó:
-¡Lo siento mamá! No puedo olvidarle; pues a pesar de que he sufrido por años encerrado, no logró dejar de pensar en ella. Ni yo mismo, me explico que es lo que me sucede. 

El padre del chico, que algo alcanzó a escuchar, intervino tratando de convencerlo, para que cambiara de opinión... Pero con los mismos fallidos resultados.

La madre, por último, a su hijo, advirtió:
¡La compra de esa casa, será tu perdición!

Alfonso estaba determinado; así pues, contactó a la inmobiliaria que tenía a cargo la venta de la casa; y después de realizar los trámites necesarios, el chico su objetivo consiguió. 

La casa era muy grande, con dos plantas y por fuera era singular, pues tenía dos ventanas... En forma de ojos de gato. 


Cuando ingresó, observó que todo estaba tal cual, la última vez que visitó el lugar. Todos los recuerdos de su bella relación con la chica, se hicieron presentes.

Alfonso comenzó a correr por toda la casa, preguntándose: --¿Qué fue lo que pasó? 
-¿Dónde se encontrará mi dulce Carmina? 

Llegó al dormitorio, y se sentó en el borde de la cama... Y de pronto le pareció escuchar un llanto... Muy tenue y bajito; por lo que se extrañó... Más luego pensó que sería el maullar de un pequeño gato, o un niño en la calle. 

Acto seguido, y ayudado con la luz de su linterna, bajó las escaleras, pues la casa en ese momento no contaba con servicio de luz eléctrica. 

Revisó la planta inferior y nada encontró; a tiempo que iba pensando en todas las reformas que tendría que hacer, para que la casa luciera como él deseaba.
Alfonso se dirigió a casa de sus padres, informándoles que había determinado, irse a vivir a su nueva casa. 


Los padres se sorprendieron, pues para ellos era demasiado pronto, ya que apenas habían vuelto a recuperar a su pequeño; más el chico estaba determinado, así que aceptaron su decisión.

Alfonso lo tenía muy claro, decidió llevarse todas sus pertenencias de la casa de sus padres; ellos tristes y con lágrimas en los ojos lo despidieron... Más este los reconfortó diciendo:
-¡Vamos mis viejitos amados! Mi casa prácticamente está enfrente de esta, por lo tanto, nos veremos en cualquier momento. 
Alfonso, tan pronto como llegó a su casa, se puso a trabajar; más tarde, en un sillón del salón principal, se dispuso a descansar... Cuando, una vez más, escuchó un llanto lastimero y lejano; por lo que se dirigió a una de las ventanas, pero no vislumbro o escuchó nada. 

¡Qué raro! Para sus adentros pensó.

A los pocos minutos, de nuevo escuchó el lamento casi imperceptible; pero era muy claro... Posó su mirada en distintas direcciones, más no descubrió su procedencia.

Por el tiempo que había transcurrido encerrado, pensó que quizás todo estaba en su mente, así que decidió escuchar música, y de esta forma amortiguar los leves quejidos. 


Luego se dirigió a la cocina para preparar un aperitivo, y se sentó en su sillón, dispuesto a ver un programa de televisión.

Transcurrieron algunas horas, y el chico decidió irse a descansar; y lo hizo en la cama que en vida le pertenecía a Carmina, sintiendo que de esta forma estaba un poquito cerca de ella... Pues la seguía amando con la misma devoción de siempre. 

Sobre las doce de la noche, volvió a escuchar el llanto, pero con el silencio de la noche, el sonido se percibía mucho más fuerte. 

Alfonso, con el corazón encogido, y bastante asustado; bajó las escaleras... y al pisar el salón principal, vislumbro un reflejo tenue, que provenía del espejo... Encendió la luz y acercándose a este, observó que aparentemente en un rincón diviso como una muñeca.

Alfonso miró para atrás, para constatar que no había ninguna muñeca. Y no había nada, que creara dicha ilusión. Se acercó nuevamente, y miró con mayor atención... La muñeca  en el interior del espejo, parecía ser Carmina. 

-¿Carmina.? ¿Eres tú? 

La chica, quien parecía una muñeca chiquitita, respondió:
¡Sí, soy yo! Por favor, sácame de aquí.
-Pero... ¿Qué haces ay? ¿Cómo has entrado?
¿Te acuerdas el día que nos peleamos?
-Sí, me acuerdo perfectamente! ¿Cómo olvidarlo?
Pues entonces, recordarás que me dijiste que me viera sola como ese espejo. . Acto seguido, el espejo tal cual si tomara vida, de un fuerte impulso dentro de él, me metió.
- ¡Lo siento inmensamente!
¡Jamás fue mi intención hacerte daño! Tú me dijiste que ya no me querías, ... Yo me sentía abatido y dolido, y solamente me referí a que te quedaras sola en esta casa, que muchas veces tan incómodo me hacía sentir.

Carmina sin levantar el rostro, expresó:
¡Sí! Yo también recuerdo lo que dije; fui muy tonta... Pero ahora es muy distinto. Desde que he vivido sola y encerrada, no he dejado de pensar en ti.
-No tengo palabras que puedan expresarte, cuanto lamento el haberte hecho daño; más si de algo sirve, debes saber que yo también la he pasado muy mal... Y estos últimos años, encerrado en la cárcel, estuve, pues me culparon de tu desaparición. 

Carmina también se lamentó de lo sucedido... Diciendo que ambos eran culpables de la terrible pesadilla, que habían tenido que vivir. 

Después de un breve silencio, Alfonso recapacitó:
-¡Ohhh Dios! ¿Ahora cómo te sacó de allí?
No puedo romper el espejo, porque si lo hago, tú con él desaparecerás. ¡No sé qué hacer!

Yo tampoco sé lo que puedes hacer... Más lo debes descubrir; por qué llevo muchos años sola, y creo que terminaré por perder la razón.

-No te preocupes mi amor... Buscaré en libros de hechizos y brujerías; aunque esto parezca increíble, sé que en la biblioteca deben de tener disponibilidad de información, que pueda servirnos de ayuda.

¡Hayyyy! ¡Pero no tardes, por favor! De verdad, ¡no soporto más este lugar!


Alfonso la tranquilizó, prometiéndole que se tardaría solamente el tiempo, que fuese necesario para encontrar la forma de sacarla, sin exponerla a una mayor desgracia. 

Pronto amaneció, y el joven a la biblioteca se dirigió; solicitó  le proporcionarán los libros antiguos, en todo lo concerniente a maleficios... El encargado del lugar, al enterarse de su triste historia, le recomendó consultar a un brujo; quien tenía fama de ser muy bueno, en este tipo de situaciones.

Alfonso enseguida lo contactó vía telefónica; comentándole la tragedia que estaba viviendo.

El brujo. Parecería ser un hombre muy amable, quien le dijo que vivía en un pequeño pueblecito; más para su caso, lo mejor sería que él los visitará... para así no empeorar la situación; agregando que no les cobraría nada; pues para él esta historia era alucinante.

El hombre que apenas podía creer, en el relato de Alfonso... Parecía un cuento de fantasía y deseaba verlos por sus propios ojos; así pues, enseguida marchó, y dos horas más tarde, frente a la casa, llegó. 

Tocó el timbre... Y rápidamente el chico abrió, invitándolo al lugar donde se encontraba el espejo. El hombre miraba en el interior, pero no lograba ver nada.

Alfonso le dijo:
-¡Sí.! ¡Allí está! Observa cuidadosamente en aquel rincón.
¡Madre mía! ¡Es cierto! Es una pequeña niña,
-Bueno, no es una niña... Pero sí, es una chica y mi novia también.
¡Joder creía que era cuento! Madre mía, qué gordo es este lío.

El brujo dijo que tenían que tomar las cosas con calma, y estuvo leyendo los libros que el chico había llevado de la biblioteca; probó con todos los conjuros que creyó podrían servir... Pero nada parecía funcionar.
Ya cansado el brujo, preguntó al chico:
Dime exactamente, las palabras con las cuales realizaste la maldición.
-¡No recuerdo bien! Lo siento.

Carmina interrumpió, diciendo:
-Yo sí me acuerdo perfectamente, pues llevo muchos años pensando en ello.

El brujo ansioso preguntó:
-¿Qué esperas niña? Habla de una vez, para que podamos liberarte.

Carmina, sin equivocarse, expresó exactamente las palabras de Alfonso; luego el brujo le pidió al chico que repitiera lo mismo, pero deseando lo contrario.

O sea que recitara las mismas palabras, solo que esta vez deseando que Carmina, siempre fuese libre y viviera feliz dentro o fuera de la casa; y después de ello, Alfonso tendría que romper el espejo, con una bola de cristal que el brujo le entregó. 
-¡Qué fácil! Exclamó el chico, lleno de felicidad. El brujo le advirtió que no era tan sencillo, pues no podía fallar en el primer intento; pues si no lograba que la chica saliera del espejo... La perdería para siempre.

Alfonso, con el corazón encogido, y arrepentido, a Dios imploró perdón... Prometiendo que jamás volvería a blasfemar.


Después, frente al espejo, se colocó, recitando la maldición que años antes lanzara a su amada; y luego, con todas sus fuerzas, estrelló la bola de cristal contra el espejo; el cual se partió en un millón de partículas... Las cuales volaron por todo el salón, quedando así solamente el marco de madera.

Cuando el chico sintió que todos los cristales habían caído al suelo, sus ojos abrió y no vio a su Carmina. Infeliz se echó las manos a la cabeza, perdiendo el control, lloraba y gritaba:
-¡No ha dado resultado!
¡La he perdido para siempre!

El brujo descubrió que en el fondo del espejo, había quedado grabado un paisaje de desolación... Lugar en el que la chica había estado vagando, durante su cautiverio.

Alfonso, al escuchar esto, terminó por desplomarse... Pues había condenado a su amada, a vivir perpetuamente en ese lugar tan sombrío; más de pronto, a sus espaldas, volvió a escuchar el llanto de la chica, y al voltear... En un rincón estaba Carmina sollozando.

Él a su lado corrió, el sentimiento que le embargaba era de plena felicidad, pero igual un poco preocupado se sentía, pues temía haberla lastimado.

-Mi amor... ¿Te encuentras bien?
Carmina se abrazó a Alfonso, agradeciéndole por librarla de tan terrible encierro. 



La chica, con sus manos, el rostro de Alfonso acercó cubriéndolo de infinitos besos.

Agradecieron al brujo por el empeño y trabajo realizado, y este a su vez agradeció la oportunidad brindada, pues a lo largo de su vida, a muchos había ayudado rompiendo maldiciones. Sin embargo, nunca un caso, como el de ellos, había presenciado... Y ahora a su casa partía, un poco más sabio.

Les compartió que lo más triste de su trabajo, era observar que en momentos de arrebato, las personas, a través de sus palabras, causaban grandes tragedias como las de ellos... Pero que existían infinidad de personas más, quienes por su falta de control... Infligen a los suyos, día con día, heridas en el alma... Que nadie puede sanar o remediar.

Los jóvenes se sintieron infinitamente bendecidos, por la suerte con la que contaron, y nunca más sus vidas separaron... Acordando que jamás volverían a comentar, del infortunio que vivieron, a causa de su insensatez.

El marco del espejo era hermoso, por lo que decidieron adquirir una hermosa pintura en óleo; la cual juntos colocaron en el salón principal.

Este cuadro les serviría de recordatorio, para nunca volver a faltarse el respeto o maldecir... Pues aprendieron que toda palabra dicha, tiene el poder de construir o destruir.

El fin de esta historia, es que curiosamente los chicos, al verse nuevamente en otro espejo; descubrieron que ambos lucían más jóvenes... Exactamente como el día, en que su historia de horror comenzó.


- Fin -




Enrique Nieto Rubio. 
*Derechos de Autor*
Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Cámara.
<Moraleja>
Elige siempre bendecir, en lugar de maldecir... Pues sabio es, quien cuida las palabras que salen de su boca, protegiendo así su vida y la de los suyos... Pero el ligero de palabras, cultivando está el camino hacia su ruina.

"Aquel que conoce el poder de la palabra, presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones causadas por sus palabras; pues sabe que ellas no retornarán al mismo punto, sin haber causado su efecto.
*Florense Scovel Shi*