domingo, 2 de febrero de 2020

**Como un niño pequeño.


Como un niño pequeño...
Así quisiera yo estar.  
Para sentirme en tus brazos,
Y que tú me puedas abrazar.
Así de pequeñito,
Yo me quisiera sentir. 
Y que estés tú conmigo.
Para que yo sea feliz. 
Rózame con tu carita.
Rosa de mi corazón, 
¿Por qué eres tan bonita? 
Que me robaste la razón.
Yo te robaría mil besos. 
Lucero de mi corazón, 
Que tú vives en mis deseos;
En mis sentires y en mi pasión. 
Qué bien sabes que te quiero.
Y que me muero por ti. 
Cuando te miro, te siento.
Preciosa de mi vivir. 
Y me sentiría en tus brazos.
Como el hombre más feliz. 
Ya te echo de menos, querida.
Un beso, sí... Solo para ti. 
Enrique Nieto Rubio.
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

**Carta envenenada.





Hola, mi amor... Visto que me es imposible, 
Resistirme ante tus encantos fotográficos, 
Mis deseos hacia ti son cada vez más intensos.


Te amo y esto no lo cambia nadie. 
Sí, ya eres para mí el viento de la mañana. 
Mi aperitivo en la sobremesa; 
Mi desayuno al levantarme.



Y si es al anochecer,
 Eres todos mis sueños juntos. 
Te deseo a morir.
 Y cuanto más te miro,
 Más te deseo. 
Y no me puedo resistir.
Lo mismo camino.
 Hacia tu hogar y te rescato. 
...de las garras del destino... 
Que lo mismo no era el mío. 
Y te haría el amor intensamente.
 Hasta la muerte.

Sí... Supongo que sería mi muerte. 
Pues como dos caballitos del diablo, 
o Santa Teresita, como se conoce también, 
Te haría el amor tan intenso.


Que tú la muerte me dieras después. 
Para así vivir la eternidad junto a ti. 
No me pidas que me vaya. 
No me digas la verdad.


Que vivir en la mentira 
Es cosa de bienestar. 
No me pidas que me aleje. 
Pues sin ti me moriré.

Déjame estar contigo. 
Amada de mi querer, 
Pues sin ti, mi amor, se muere. 
Pues sin ti no sé vivir.



Pues sin ti mi alma se pierde. 
En las sombras del sufrir, 
No me pidas que me aleje. 
Que después no sabré volver.


Me provocarás la muerte. 
Princesa de mi querer, 
¿Cuántas veces yo te amé? 
Y me decías que sí.



Ahora me das la muerte.
 Y no me quieres sentir. 
que ya vives con otro. 
Y que yo ya no soy nada.


Y me cierras la puerta. 
dejándome en soledad, 
Yo maldigo a la suerte. 
De ese que te encontró.
Apartándome de tus redes, 
dejándome sin pasión, 
Ahora ya vivo la muerte. 
Rosa de mi corazón.


Enrique Nieto Rubio.
 <Derechos de autor>
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

**Soledad.




Soledad, que embarga mi sentir, 

Cuando pienso en tus sueños, 
Los míos sienten a morir. 

Pues tanto la deseo, 
Que me ahoga mi sentir. 



Soledad del alma mía, 

Que no me quieres dejar.
 
Y ahogas mi sonrisa. 
en un profundo y desolador,
 Llanto de pesar. 


¡Oh! Soledad del alma mía, 
que ya vives en mí, 

Y me tienes prisionero. 
Robándome mi sentir. 


Tú... mi triste soledad, 
Que no me dejas andar. 

Para poder avanzar, 
Pues avanzando,
 Se hace el camino. 

Para una esperanza encontrar. 


Tú me oprimes el destino. 
Y no puedo recordar.
 ¿Dónde nacen mis caricias? 
¿Dónde nace mi soñar?
 ¿Dónde viven los deseos?
 De este amor que me disloca.


Tú me haces prisionero.
 de vivir entre tu boca, 

Labios llenos de deseos...
Que enmudecen entre sombras. 

*
¡Oh! Soledad del alma mía,
 ¡Es mi triste soledad! 


Enrique Nieto Rubio 
Derechos reservados.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

jueves, 30 de enero de 2020

**Mi ahijada. (para mayores )


Al lado de mi casa vivía mi ahijada. Ella era preciosa, linda, a más no poder; a quien quería como a una hija.
Su familia y la mía salíamos a cenar, nos gustaba ir de paseo al campo e igual celebrábamos todas las fiestas habidas y por haber. 
Entre los miembros de las dos familias, nos queríamos mucho.
La hija de nuestros mejores amigos era mi ahijada; recién había cumplido diecinueve años, convirtiéndose así en una hermosa jovencita, a quien le gustaba tontear conmigo. Coqueta e insinuante me decía:
¡Mira, padrino! Y me enseñaba un poco de sus pechitos. Yo, presuroso, le respondía: ¡Te los voy a comer todos! En forma inocente:
Y ella me decía: ¡Que te lo crees tú! Jajaja
Pasó el tiempo y ella se enrolló con un chico; él no era mala persona, pero estaba loco por tirársela. Y lo entiendo, pues ella estaba como un tren... O más, como dos trenes.
Por aquel tiempo, yo me encontraba separado de mi pareja, pues recién habíamos tenido un embarazo fallido y esto fue causa de fricción en nuestra relación.

Bueno, seguiremos con el relato...
Al lado de casa hay unos jardines, y en una de las esquinas de este llano se encuentra un árbol grande, el que tiene muchos años de vida, pues fue plantado antes de existir el jardín... Incluso antes de que las viviendas fueran construidas.
Un día, transitando por la carretera, pasé por allí cuando regresaba de trabajar... Y en la esquina opuesta vi al chico liado con otras dos mujeres. 
Estaban los tres teniendo sexo y poniéndose guarritos a pleno mediodía. Luego miré hacia el árbol, y allí se encontraban otros chicos, liados con otra chica también.
Algo en mí llamó la atención; me parecía raro que estuvieran debajo del árbol... Bajé la velocidad de mi coche, y cuando pasé frente a ellos, pude ver que la tenían amarrada, y eso no me gustó.
Así pues, determiné dar marcha atrás; y al fijarme bien, me percaté de que era mi ahijada Rocío. La tenían con los pies dentro de la tierra y a su vez con las piernas abiertas.
¡La iban a violar los dos y a la vez! Uno la iba a penetrar por delante, y el otro por detrás. La tenían completamente desnuda, su piel tersa y blanca, en medio de esos dos cerdos.
Había otros chicos alrededor de ellos, que incluso animaban a estos elementos a llevar a cabo su fechoría, y ninguno de ellos hacía nada por evitarlo.
Rocío se resistía como podía, llamando a gritos al novio; pero él no atendía a sus súplicas; actuaba como si no fuera con él, o como si estuviera completamente drogado. Incluso les pegaban guantadas para que se dejara poseer. 
Inmediatamente, detuve el auto y salí corriendo a donde se encontraba el grupo.
Mi ahijada estaba llorando, desconsolada, mirando para la carretera. Cuando pude confirmar que era ella, recordé que en el auto tenía una espada utilizada en la boda de un amigo, quien me la había regalado... Pues su matrimonio había fracasado... Así que regresé al coche y la tomé rápidamente.
Corrí hacia el árbol, y sin pensarlo atravesé a uno de los ultrajadores... y al otro por igual, sin darles tiempo a reaccionar... La gente salió gritando y corriendo, despavorida. 

Desaté a Rocío y, tomándola en brazos, la metí en mi coche... Y con el rostro bañado en lágrimas, grité: ¡Malditos sean todos!
La llevé a mi casa. Rocío estaba inconsciente y destrozada por los golpes que había recibido.
Llené la bañera con agua calentita y la metí dentro; y con la esponja la fui lavando suavemente, talle todo su cuerpo... ¡Era hermosísima!
Cuando hube terminado, la sequé muy bien; y pude observar que estaba llena de moretones... Por todo su cuerpo. La llevé a mi cuarto y la tumbé en mi cama. Ella comenzaba a reaccionar y, muy asustada y llorando, me dijo:
¡Padrino, padrino! ¡Me querían matar!
- ¡No te preocupes, mi niña! ¡Ya estás a salvo!
La arropé, cubriéndola con las sábanas, y me pregunto:
Padrino... ¿No me habrás mirado? ¿Verdad?
- ¡No, no!... Puedes estar tranquila.
Ella, tirando de mí, me abrazó y, muy emocionada, me exclamó:
¡Muchas gracias! 
¡Padrino, te quiero mucho!
Luego me confesó que, tal cual coqueteaba conmigo, lo había hecho con su novio; y cuando ella no accedió a tener relaciones con él, este con engaños la llevó a ese fatídico lugar...
Con la ayuda de sus amigos planeaba obtener lo que deseaba; después compartirla entre sus compinches y, por último, matarla.
La moraleja de este relato es que no se puede jugar a seducir a un hombre... Porque muchas veces, esto podría tener implicaciones serias.

Enrique Nieto Rubio
Derechos de autor
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

**El amor es prometer.



Para algunos, el amor es:
"Prometer hasta meter" 
Y el desamor es:
Una vez metido...
"Olvidar todo cuanto se ha prometido".
No es lo mismo querer sin sentir.
Qué sentir para querer.
Pues sintiendo te da la vida.
Y te devuelve la fe.
En la vida hay que saber.
Escoger un amor.
Pues un amor debiera ser
Para siempre y sin condición.
Si te enamoras de un hombre...
Pues que sea de verdad.
Que una vez que te pruebe...
Nunca te querrá dejar.
Con plegarias de ilusión,
A tu puerta yo llamé.
Para ver si tu corazón
Me entregaba tu querer.
Enrique Nieto Rubio.
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.