Blogspost de Enrique Nieto Rubio, Enricostro, poemas de amor, dedicatorias, tristeza, añoranza, cuentos infantiles.
viernes, 20 de diciembre de 2019
**Nosotros los abuelos.
**No me esperes en el cielo.

Más allí yo no estaré.
Por culpa de otro querer.
Tú te fuiste de repente.
Sin decirme ni un adiós,
Solo te dije "te quiero".
Entregándote una flor.
Te prometí amor eterno.
Más no lo pude evitar.
Me topé con otros ojos.
que iluminaron mi soñar.
Hoy me siento pecador.
Más con otras me marché.
Y estoy tan lleno de pecados.
Que al cielo ya no iré.
Pues desde que tú te fuiste
Yo con muchas tropecé.
Autor: Enrique Nieto Rubio.
jueves, 19 de diciembre de 2019
**Quiero acariciarte.
**No me llores niña.

No me llores, niña.
Para que te sientas bien.
En ti solo pensaré...
Unos besos y todo mi querer.
Cerquita yo estaré.
Siempre besándose están.
Que sin ti me moriré...
Para darte mi querer.
Para vivir toda la vida,
Junto a tus pies.
¡Que pronto volveré!
**Cuentos de una guerra.
Matando miles de niños, tanto en sus casas como en los colegios.
Dios lloró tanto desde los cielos, que sus lágrimas cayeron en la tierra entera, pues fue muy doloroso para él.
Y a su llanto, la tierra entera se oscureció. Todo se convirtió en gris: las plantas, los árboles, las flores, todo era gris.
El mundo entero cayó en una depresión tremenda.
Ya nadie era feliz; los vecinos se pegaban.
Los hermanos se mataban, los pueblos se odiaban, todos eran malos.
Nadie se quería.
Una madre tenía un hijo, porque lo tenía que tener; el amor se apagó, el sexo no tenía sentido, nadie era feliz.
Todo daba lo mismo.
La sangre en las calles brotaba, y no pasaba nada.
Así acabó la guerra, y todo seguía igual.
Todos se pegaban, los papás se mataban y nadie lloraba; comían porque tenían que comer, pero les daba lo mismo.
Así pasaron los años y años; ya nadie lloraba la pérdida de un ser querido, pues nadie se quería.
Los niños quedaban abandonados en los hospitales y en los parques, sin que nadie les ayudara.
Y muchos hasta morían de hambre.
Un día empezó a llover y llover, pero
Cuando escampaba, todos salían a ver el arco iris, que era lo único que tenía su color en todo el mundo.
Cosa extraña, las personas que lo miraban sonreían; esto se daba en todo el mundo.
Ya las enfermedades por los cadáveres que nadie enterraba eran muchas.
Pues todo parecía normal, así el mundo entero se moría.
Un día, Antonio, un niño de ocho años, estaba en la cima de una montaña.
Desnutrido y con sus ojitos que apenas si veía,
A causa de las infecciones de todo lo malo que había ya en la tierra.
Este portaba un tirachinas y una mañana fría y triste, estaba sentado en esta cima, ya casi moribundo y desnudo.
Entonces empezó a llover intensamente, que hasta las gotas dañaban su piel.
Todas las personas salieron a ver la lluvia; muchos morían, pues el agua que les caía estaba a bajo cero grados.
Con el frío, así de pronto, escampó y salió otra vez el arcoíris.
El niño Antonio se dio cuenta de que todos sonreían y, en su último aliento, cogió una china, la puso en su paleta y la lanzó con toda la fuerza que le quedaba.
naranja. Este explosionó, provocando un gran estruendo, y reventando todo el arcoíris.
La tierra entera se llenó de chispas de colores; todos alucinaban.
Las personas empiezan a cambiar; ya se saludaban, se abrazaban y se besaban todos.
La tierra entera se iluminó.
Las personas ya hacían cosas con mucha pasión; recogían a los muertos.
Limpiaban, hacían de todo en las ciudades. Como si todo hubiera sido un sueño o una pesadilla.
Cuando la tierra embebió el agua de colores, las plantas volvieron a tener sus bellos colores. Sus flores hermosas y los árboles sus frutas.
Entonces todo se iluminó, saliendo un sol radiante.
¿Pero qué pasó con Antonio?
El pobre Antonio no pudo celebrar nada; su cuerpo quedó tendido en aquel monte desnudo completamente, pero su cuerpo se había convertido en una estatua de colores hermosos.
Y su rostro quedó mirando hacia el cielo, sonriendo, y con su tirachinas en la mano derecha.
Así lo recogieron y, entre muchas personas, lo pusieron en la plaza mayor, en el centro de la ciudad.
Pues todos creían que él era el salvador del mundo y así fue.
Lo extraño fue que esta estatua se apareció, a la vez, en todas las ciudades y pueblos de todo el mundo.
Ya las personas se querían y se ayudaban y se respetaban todos, y ya jamás hubo una guerra.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.
**Vivir en soledad. ( En protesta) .

Sentado en su silla,
Giraba y giraba en su desesperación.
Con sus ojos llorosos, va buscando a su amor.
*
Gira y gira sin parar, pues sus alas están rotas.
Y solo quiere soñar, soñar a todas horas.
*
En sus sueños nocturnos,
Caminando va con ella.
Juntitos de la mano,
Van gritando nuevas eras.
*
Así viven sus noches.
con pasiones excitantes,
y sueños de mil amores.
*
Cuando llega el amanecer,
Lloran desconsolados.
Mas no se pueden mover.
Su cuerpo está destrozado.
*
Con rabia y desesperación,
Un salto da de la cama.
Cayéndose todo al suelo,
Más su cuerpo no le aguanta.
*
Arrastrándose por los suelos,
Grita desesperado.
Huyendo de ese entierro,
que lo tiene atrapado.
*
Así no quiere vivir.
Y pide a Dios que se muera.
Sin saber dónde estuviera,
La rosa de su sentir.
*
Así decide arrastrarse.
Hasta su cama bendita,
Para poder dormir,
Y soñar uniéndose con su amada.
Y pasear por ahí.
*
Durmiendo quedó al fin.
Enfriando su dolor,
de no poder partir,
a reunirse con su amor.
*
Su amada lo está llamando.
Suspirando por su amor,
En sueños se van juntando.
Una noche, una flor.
*
Ella se abraza a él.
pidiéndole amor del bueno.
Él le sonríe a ella.
Vagando en esos sueños.
*
Ella está en su cama.
Más no se puede levantar.
Llorando desconsolada,
En otra parte de la ciudad.
*
En sus llantos, en su cama,
Ella se quiere morir.
Pues solo en sus sueños.
El amor vuelve a surgir.
*
Son dos amores unidos.
Por la muerte que dio su fin,
A vivir errantemente, por no cumplir.
*
Pareja de la noche eran.
de bares y cabaret, bebiendo toda la noche.
Hasta más y no poder.
Así pasaban los días.
O mejor decir la noche.
Hasta que una amarga noche,
El siniestro le perseguía.
y estrellándose su coche,
Así ellos morirían.
*
Pero la muerte, que es astuta,
Ella lo pensó mejor.
que sufrieran en vida ese amargo dolor,
Por haber infringido,
esas normas del honor,
El beber conduciendo
Y con drogas los dos.
*
Entre hierros retorcidos,
Juntos y abrazados,
Los bomberos los sacaban.
Destrozados sus cuerpecitos.
*
Así quedó este cuento.
De dos amores destrozados,
Por el alcohol y las drogas,
Conduciendo y borrachos.
*
Ellos solo quieren dormir.
Dormir de día y de noche.
Para pasear juntitos,
Andando y sin reproches.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
IP.IO.DOIJ.1,OO.98.
**Días de difuntos.



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