lunes, 25 de noviembre de 2019

..Sócrates un pistolero buscando oro de Enricostro.









Sócrates, cabalgaba en busca de su oro, en su hermoso caballo; el invierno estaba por comenzar, así que iba forrado hasta los ojos.
Allá por las montañas cabalgaba, cuando al subir una de las montañas escuchó un disparo y jaleo cerca; bajó de su caballo y subió la montaña, al pie de una hondonada, vio una casa ardiendo, y un montón de indios, que salían corriendo con sus caballos.

Sócrates era persona de pocos líos, años antes había sido Sheriff de un maldito pueblo, llamado "Las Tres Horcas", nombre que se debía a tres grandes árboles, que estaban a la entrada del pueblo.


Corrió con su caballo hacia la casa, desmontó y entró rápidamente. Lo primero que hizo fue apagar el fuego, luego arrancó todas las cortinas... Logrando así terminar con el incendio.

Cuando despejó el humo, vio una niña de unos seis años con la cabeza abierta de un hachazo, pero aún vivía. La tomó en brazos y la tumbó en una cama, vendando la herida... Misma que dejo de sangrar, no obstante la niña no despertaba.

Buscó más personas en la casa... Y en la parte trasera, encontró a un hombre muerto; supuso que era el padre.

Caminó un poco más, y tirada en el suelo, encontró a una mujer con una flecha en la espalda, quien parecía estar muerta.

Se acercó y viendo que aún respiraba, la tomó y la llevó con la niña, acomodándola en la misma cama.

Sócrates, no paraba de soplar y refunfuñar, pues lo que le venía encima era bien gordo; pues sabía que no podía dejarlas abandonadas y moribundas.


Salió a recolectar agua y se dispuso a calentarla, busco algunas sábanas limpias y se dispuso a extraer la flecha; y como la mujer aún estaba inconsciente, fue mucho más fácil.

Para su suerte, la flecha salió sin mayores complicaciones, por lo que procedió a vendarla también... Y luego se sentó a esperar.

Durante la noche la mujer entró en fiebre; así que Sócrates salió en medio de la penumbra a buscar una planta medicinal, que una tribu amiga le había enseñado, era eficaz para mitigar la fiebre.

Después de caminar por un buen rato, consiguió la planta y con ayuda de su antorcha volvió a la casa. Esta planta debería de ser masticada y puesta en la herida; pero el sabor era de rayos y centellas. Colocó el ungüento sobre la herida... Y poco a poco fue bajando la temperatura de la mujer.

Pasaron las horas, y tanto la mujer como la niña iban mejorando. Él salía a cazar siempre cerca de casa, para de esta forma poder vigilar en todo momento.

Al tercer día la niña despertó, asustada, preguntó por sus padres. Sócrates la tranquilizó, diciéndole que todo estaría bien, pero que por ahora debía de descansar.

Por la tarde la niña comenzó a caminar, e insistía en preguntar por sus padres, así como de la presencia de Sócrates en su casa.

¿Cómo está mi madre? ¿Quién eres?... ¡Dímelo!
- Vale! Soy Sócrates... Y tú ¿Cómo te llamas?
Mi nombre es Merian.
-Es muy bonito tu nombre Merian.
¡Siiii! Me lo puso mi madre.
-¿Tienes hambre?
La verdad es que mucha, que hasta la pancita me duele.
-Bueno, te daré un caldo que te reanimará, y un trozo de carne que me ha quedado muy sabrosa.

Dos horas más tarde, la madre de la pequeña, comenzó a quejarse, y ambos fueron a la alcoba para calmarla.

Ella, aturdida, no hacía otra cosa que mirar a todos lados, buscando a su esposo.

Sócrates le dijo que se calmara, que todo el peligro había pasado y ahora debía de descansar.
Durante el día se fue reponiendo y en cuanto pudo se abrazó a su hija... ¡Mi niña, mi niña!



Ya un poco más repuesta, pudo sentir el agradable olor proveniente de la cocina; más, Sócrates le dijo que el aroma era de los alimentos que había cocinado horas antes. Diciendo esto dijo, que iría a cazar algo más y así cenar a gusto.

Pero hacía un frío de muerte cuando salió, porque estaba nevando... Así que les dijo que no se alejaría mucho.

La mujer se dio cuenta de que no olía muy bien y aprovechando que él estaba fuera, preparó la bañera y la llenó de agua calentita; extendió la cortina que separaba el salón; y se dio un buen baño, sintiéndose sumamente relajada.

Al poco rato se escuchó un disparo del rifle Winchester... Sócrates cazó un venado, el cual cayó al instante, pues el tiro fue certero.

Cogió el venado, se lo echó al hombro y se encaminó rumbo a la casa... Aligeró el paso, pues entre los árboles y la maleza pudo observar a algunos indios escondidos.

Al ingresar a casa le dijo: ¡Cerrar todas las ventanas! Y él aseguró la puerta, informando a las chicas que había indios merodeando por los alrededores.


Ni bien había terminado de decir esto, cuando los indios atacaron, por lo que presuroso Sócrates, quien tenía excelente puntería, tomó su rifle Winchester y abrió fuego.

Los atacantes no tenían la menor idea, de que el pistolero se encontraba en los alrededores, y mucho menos en la cabaña. Pues según ellos, un día antes habían dado muerte a los ocupantes de la casa; por lo que al escuchar él contra ataque, siguieron disparando.

Sócrates volvió la cabeza, para ver donde se encontraban sus protegidas; y se sorprendió, pues vio a la mujer completamente desnuda en la bañera...

Él apenas alcanzó a balbucear: Perdone, señora, mi intromisión... Prosiga tranquila con su baño, que ya han comenzado a caer los indios... Solo queda uno escondido en la maleza, quizás esperando por refuerzos.

Sócrates quedó deslumbrado con belleza de Carolen, y arduo trabajo se le hacía...no volver la vista de nuevo al lugar donde se encontraba la mujer.

Pero Sócrates, que era un hombre con mundo recorrido, sabía que esa noche estarían tranquilos.
La madre de la niña se salió de la bañera, apenas con una bata.

El que en su vida se había bañado, con la punta de los dedos... tocó el agua; y como seguía calentita, se desnudó y se metió dentro... Se sintió tan a gusto, que sacó su pipa y se dispuso a fumar.

Carolen... Viendo esos, gayumbos <ropa interior> todos sucios y roídos, los cogió y los echó directamente a la chimenea que estaba encendida; y ardían muy bien.

Él apenas miró de reojo desde la bañera, se sonrojó, pero siguió disfrutando muy tranquilo.

Carolen tomó del armario ropa limpia de su marido y la colocó junto a él.

Por la noche comenzó a nevar intensamente, así que las ventanas al amanecer estaban tapadas, pues la nieve llegaba hasta el tejado... Esto era sinónimo de que pasarían largo tiempo encerrados.

Sócrates comenzó a desglosar el venado, el cual era bastante grande, sintiéndose tranquilo porque tendrían suficiente alimento para el invierno.

Carolen tenía un baúl especial para conservar la comida, por lo que procedió a guardar el venado en trozos a los que les colocarían nieve fresca Así pues, por el momento no tenían grandes complicaciones.

Se alistaron para ir a descansar a mitad de la noche; él se acomodaría en el suelo sobre un camastro que llevaba en su caballo, dado que no contaba con más de dos camas...y la de la niña parecía muy pequeña para él.


Sin embargo, en el silencio nocturno y la casi total oscuridad de la vivienda, donde solo la tenue luz de la hoguera iluminaba un poco el ambiente...la mujer no conseguía acostarse, reflexionando sobre todo lo que ese hombre había hecho por ellas, ya que les había rescatado la vida, sanado sus heridas y proporcionado alimento.

Finalmente decidió levantarse de manera delicada y susurrándole dijo: -¡Ven a la cama! ¡Compártela conmigo!... porque de lo contrario terminarás congelado.

Sócrates, ni lerdo ni perezoso, se metió bajo las sábanas, ocupando el espacio casi en su totalidad.

La invitó a acurrucarse entre sus brazos... Ella, tímida, aceptó; para Sócrates era imposible no sentir la tibieza de ese cuerpo perfecto.

De esta forma durmieron por algunas noches; no obstante, en una oportunidad, estando ella de espaldas, mientras se acomodaba para dormir… dejó a la vista un poco más de su torso desnudo, y Sócrates, sin poder evitarlo, se acercó y comenzó a acariciarla. Ella respondió dándole un beso, y la hizo suya con mucha ternura.

Por la mañana, un ruido los despertó; eran lobos que en el tejado intentaban entrar por la chimenea. Sócrates, vistiendo apenas un par de gayumbos largos, tomó su rifle, apuntó a la chimenea y disparó. ¡Bang! Los lobos salieron huyendo y uno, malherido, chillando de dolor.

Carolen, viendo la pinta que él tenía, empezó a reírse como loca y a hacer mofa de él. Ajájájá! Al caer en cuenta de cómo se miraba, imposible le fue no terminar riendo a carcajadas también. Wajájájá!

El tiempo fue transcurriendo en perfecta armonía; sin embargo, Sócrates, como era muy impaciente, no podía mantenerse tantas semanas encerrado...

Así que tomó una pala, abrió la puerta y comenzó a excavar hacia arriba, hasta la salida. La niña, loca de contenta, salía tras él, y cuando salieron, hacía un sol estupendo. Se tiraron los dos en la nieve y se pusieron a hacer el ángel. Ella subió como pudo e hizo lo mismo tirándose en la nieve.

Pasaron los meses cuando la nieve comenzó a menguar; ya para ese entonces casi podían abrir la puerta de la casa sin necesidad de utilizar la pala; y para el colmo de la alegría, madre e hija estaban completamente restablecidas.

Ese día Sócrates decidió que de nuevo tendría que ir de caza, pues los alimentos comenzarían a escasear, por lo que le dijo a Carolen: Voy a salir, por favor, debes de tener mucho cuidado. Te dejaré este rifle para que te puedas defender en caso de ser necesario; y yo no me alejaré mucho de casa, para así estar pendiente de cualquier contingencia que se pueda presentar.


Pasado un par de horas, la niña se encontraba jugando con la nieve, muy cerca de la puerta; cuando de pronto divisó que dos forasteros se encaminaban rumbo a su casa.


Uno de los hombres lleva una cicatriz enorme en la cara, y el otro es un canijo altísimo y muy feo.
La niña se asustó y salió gritando hacia la cabaña.


Carolen salió inmediatamente con el rifle y soltó un tiro al aire; ellos se detuvieron... y uno de ellos levantó la mano, diciendo:
—¡Señora! No queremos causar problemas, solo necesitamos un poco de agua para los caballos.

Pero Carolen, quien ya no confiaba, por todo cuanto les había acontecido, estaba muy asustada, y no confiaba más, por lo que en respuesta se limitó a soltar otro disparo al aire.

De pronto apareció Sócrates, justo detrás de ellos, ordenándoles que soltaran las armas.

El hombre marcado por la cicatriz, sin volverse, preguntó: —Sócrates... ¿eres tú?
Él respondió: Sí... ¡Jonathan! Ajájájá! Mi viejo amigo... eres un gran hijo de %$#! ¡Qué susto me has dado!


Los hombres desmontaron y jubilosos abrazaron a su amigo; Carolen se quedó perpleja desde la casa, pues no sabía lo que estaba sucediendo. Conversaron un buen rato, recordando los tiempos de antaño.

Luego Sócrates les invitó a casa, les presentó a Carolen como su esposa... a lo que ella le hizo una mueca de asombro con sus cejas.

Después de conversar por el resto de la mañana, les invitaron a comer; prepararon un gran almuerzo para todos... pues Carolen era una magnífica cocinera.

Esos sujetos rudos eran casi como sus hermanos, quienes también viajaban a las montañas en busca de oro.

Al final terminaron quedándose un par de días, e invitaron a Sócrates a que se les uniera en su búsqueda; mas este les dijo que no deseaba dejar sola a su esposa y su pequeña hijita. <Para ese entonces... ellas significaban todo para él>.

Después de meditarlo un poco, sus amigos le dijeron: Si es tu deseo, también podrías llevar a tu familia. Aunque al principio tal vez no fuesen a tener las comodidades, como las que allí tenían.

Sócrates habló con Carolen, y le comentó acerca de la oportunidad que se le estaba presentando para trabajar en las minas, diciéndole que deseaba que ellas marcharan con él.

Carolen le respondió a Sócrates, diciendo que si era su deseo, ellas lo acompañarían a donde él fuese... y así acordaron todos juntos partir.


A la mañana siguiente, tomaron una carreta y cargaron todo lo importante... Sócrates amarró los caballos y salieron para la montaña. Como era primavera, el tiempo comenzaba a mejorar... por lo que en un par de días llegaron a la mina.

En ese lugar habían dispuestas cabañas para los trabajadores de la mina; así que ellos tomaron una en lo alto de la montaña, donde la vista era preciosa.

Sócrates comenzó a trabajar la mañana siguiente; era arduo trabajo, pues el sol era inclemente, y los días interminables...más para Sócrates era suficiente regresar a su cabaña y ver a su hermosa mujer; pues se le quitaban todos los males.

Trabajaba de sol a sol con afán, encontrando gran cantidad de oro; y mientras los demás mineros se gastaban todo en la cantina y en mujeres, Sócrates ahorraba toda la paga que le correspondía por su buen desempeño.

Los dueños todos los días pesaban el oro, y a todo aquel que pillaron robando o escondiendo oro en lugares estratégicos... lo liquidarán sin preguntar.


Por las noches, cada vez que Sócrates regresaba a casa, después de degustar una deliciosa cena, jugaba con la pequeña; luego la acomodaba en sus rodillas hasta que se quedaba dormidita.

De allí en más, todo el tiempo se lo dedicaba a su amada, ya sea conversando a la luz de la hoguera, amándose con pasión.

Él aprendió cada día a amarlas más y con suma devoción; prometiendo que trabajaría arduamente hasta tener la capacidad de comprarles un rancho grande cerca del pueblo, para así pudiesen ir de compras, conocer gente nueva, enviar a la pequeña Meiren a una buena escuela... pero sobre todo que les ofrecería un futuro prometedor.

Y de esta forma, mis queridos amigos, es como esta historia de un solitario buscador de oro, quien rescató a sus habitantes de una cabaña en llamas... encontró un verdadero tesoro... ¡una familia a quien amar y cuidar!



Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados.
C olabóra en imagenes,
Silvia Regina Cossio Camara.

sábado, 23 de noviembre de 2019

..Sueños de partida de Enricostro.





Hoy me levanté a las cinco de la mañana, sudando a chorros; estaba lloviendo y hacía un frío estremecedor... Más mi corazón estaba encendido por la llama del amor y la pasión, porque soñé contigo.

En nuestra relación ha sido color de rosa... El sentimiento que nos une es fuerte; y sé que será un amor eterno y de locura... El cual siempre soñamos algún día poder concretar. 
Mi amor sabes que son años . 
Hemos compartido infinidad de confidencias, fotografías, chismes, sensaciones... Hemos conversado también de amor, de sexo y pasiones.



Sin embargo, hoy mi sueño fue revelado, por fin veo todo con claridad... Ahora sé que ese día ha llegado, y debo ir a tu encuentro.
He renunciado a mi trabajo, y casi todo el dinero que tenía, lo he gastado para irme contigo.
Deseo sorprenderte, así que no te comentaré acerca de mi llegada; pues con los datos que me brindaste, en cuanto a que vivías cerca del aeropuerto, en una casa grande con singulares características... Sé que será fácil ubicarte y cuando frente a ti me encuentre, seguro estoy que desfallecerás de alegría.
¡Así que sin pensarlo dos veces, me he comprado el boleto; he empacado algunas pocas posesiones.! ¡Qué más da! Con mis ilusiones es más que suficiente; solo a tu lado deseo estar, y ansioso estoy por nuestro inminente encuentro.



Estoy a bordo del avión y las horas parecieran ser eternas; no hago otra cosa que pensar en todos los momentos maravillosos qué juntos viviremos.
Por fin hemos aterrizado, y me dirijo directamente a tu casa; y tal como imaginé...no ha sido difícil ubicar tu residencia.
Sintiendo que el corazón se me salé del pecho por la emoción; he tocado a la puerta de tu casa. Después de esperar unos segundos, salió una chica... Y con ese acento vuestro, que tanto me encanta; a mí se ha dirigido:
-Buenas tardes, señor... ¿A quién busca?
Nervioso pregunté... ¿Está la señora?
-En este momento le informaré, solo dígame... ¿De parte de quién?
Por favor, dígale que es Enrique...de España.

Los minutos comenzaron a transcurrir, así que poco a poco, la emoción se convirtió en pena... Pues no se necesita ser muy inteligente, como para entender cuando alguien no desea recibirlo.
Allí mismo me quedé, dispuesto a morir, si fuera preciso. Me senté en la entrada por más de dos horas. Trataba de ser positivo pensando en que, quizás, estabas buscando un lindo vestido para así lucir preciosa... O quizás estabas en shock por mi repentina llegada.
De reojo podía observar, que en momentos te acercabas a la ventana, para así controlar si seguía esperándote.
Para mis adentros me decía, que debía de continuar esperando... Además que más podía hacer, me encontraba en otro país, a miles de kilómetros de casa. Así pues, solo podía esperar, esperar y esperar... Y con suerte que todo fuese para bien.



Cuando por fin te presentaste en el portal, me puse de pie... Y en tu mirada se reflejaba tristeza, por lo que te pregunte:
¿Qué sucede?
-Respondiste con una vocecita muy tenue...!No esperaba tu llegada!
Solo pude lamentar lo que escuchaba... Y te expresé que creí, te sentirías muy feliz al verme...
Esta vez no hubo respuesta alguna... Solo un silencio devastador.
Por lo que pasados unos segundos, contrariado te pregunte: ¿Qué fueron de las palabras de amor y ternura que me dijiste, apenas ayer?
Nuevamente estabas sin palabras... Y sin atreverte a levantar la mirada, me invitaste a ingresar; y nos sentamos a conversar.

Estabas preciosa, mucho más que en fotografías; tu piel suave como el terciopelo, tus ojos chispeantes llenos de vida... Y tus labios, pidiendo ser besados... Más no por mí, porque yo me iría sin tan siquiera haberlos acariciado.
¡No sé, pero por algunos momentos, esbozabas una sonrisa, medio triste o medio alegre.! ¡Que sé yo!
No obstante, por tu forma de actuar... sabía cuál sería el desenlace de mi historia de amor... Sentí que el mundo se hundía a mis pies, y me inundó un profundo dolor y temor.
No podía creer que después de renunciar a todo en mi tierra, me dejaras con tremendo palmo de narices, en tierra extraña... Para ese momento no sabía qué más decir, o hacer, y mucho menos a donde ir.
Al término de nuestra conversación, tal cual presentía, de tus labios escuché: Lo siento Enrique...no puedo y no es mi deseo estar contigo.



Imposible fue contestar en ese preciso momento, pues sentía un nudo en la garganta... Imposible se me hacía respirar, y solo alcancé a mirarte por unos segundos de frente <para cerciorarme que todo era realidad>... Con mis ojos anegados en lágrimas; no supe qué más agregar.
Sin embargo, mi alma, un grito ahogado, guardaba... Puedo decir que en mi corazón y en cada poro de mi piel, sentía el infame dolor de mil agujas atravesando mi ser.
No cruzamos más palabras... Tú permaneciste sentada e incómoda, inclinaste tu rostro, mientras una lágrima rodaba por tu mejilla... Yo tembloroso me levanté, y salí de tu casa como lo que era..."Un extraño, en un paraíso perdido"

Me pasé todo el día en un banco de la plaza, que allí cerca quedaba... Recriminándome una y otra vez, lo estúpidamente iluso que fui; pues renuncié a mi familia, mi casa, mis ahorros... Todo por una mujer que no me amaba; pues para ella... Todo era simplemente vana fantasía.
Solo Dios sabe cuánto deseaba morir... Pero ni eso podía darme el lujo de hacer; pues me encontraba en tierra de nadie.
Revise mi billetera y tenía justo lo necesario para comprar mi boleto de regreso; porque he de confesaros que ni siquiera para una taza de café me alcanzaba.
Os prometo que si me hubieran dado de ostias, eso hubiese sido una tontería... Con el dolor que esta desventura me causó.


En este momento he subido al avión... Mis ojos no se pueden controlar, pues constantemente amenazan con estallar, empañan mi visión... Y mi corazón se niega, aún, a aceptar la realidad.
¡Mil interrogantes vienen y van, algunas acerca de ella, otras en cuanto a qué haré a volver; y la verdad es que nada me importa; porque morirme ahora mismo es lo que anhelo; pues nada me importa ya!




Enrique Nieto Rubio
*Derechos Reservados*

Colabora en imágenes,
 Silvia Regina Cossio Camara.

..Plegaria de semana santa, Señor hijo de Dios de Enricostro.




¡Oh! Dios Todopoderoso,
 El que es... El que era…
Y El que ha de venir;
porque has tomado tu gran poder,
 y has comenzado con gloria a reinar...
*
Te pido: Entrégame los clavos,
 de tu amado Hijo Jesús,
 pues aunque estos...
De oro no son;  
para Jesucristo del Cielo serán;
 y así lograr mitigar...
 En ínfima parte su dolor. 

Dios en esta época especial del año,
 en que conmemoramos,
 la muerte y resurrección;  
de tu Hijo unigénito,
 y primogénito Jesús...
*
Millones de personas,
 alrededor del mundo;  
con el corazón partido,
 a ti lloramos y clamamos,
 suplicando nos concedes tu perdón.
Pues nos arrepentimos,
 de los pecados cometidos;
 al presenciar el calvario de tu Hijo. 

 Dios clemente y misericordioso;
 concédenos el favor de la absolución... 
Y jamás nos guardes rencor,
 por los agravios cometidos,
 en contra de tu Hijo.
Pues desagradecidos...
En un madero lo crucificamos,
 clavando sus pies y manos;  
causando sin piedad,
 dolor exclúyante...
En su espíritu, alma,
 y cuerpo santificado.

Señor, por favor, perdónanos,
 porque conscientes somos,
 de permanecer tan lejos de tu fe.
Padre Celestial, discúlpanos,
 porque a veces con nuestra forma,
 de conducirnos, día con día... 
Pareciera que hemos olvidado,
 que la pasión y muerte de tu Hijo...
 Fue por nuestra redención. 
*
Más conforme a tu gran amor,
 piedad y compasión...
Te rogamos, de nosotros, ¡Nunca te alejes! 

Gracias Dios Padre,
 Dios Hijo y Dios Espíritu Santo;
 porque mi corazón han llenado de gozo;  
al responder a mis plegarias,  y sufrimiento...
Permitiéndome ver su luz,
 en esta Semana Santa.
*
Gracias, Santísima Trinidad,
 porque bajo su manto sagrado, 
nos han cobijado;
*
 Pues mi hijo... a través,
 de su divina misericordia;
 no ha necesitado cirugía alguna...
Y se va recuperando.
¡Amén!


¡Bendito eres Jesucristo Rey!
 Infinitas gracias,
 por el sufrimiento que padeciste. 
Tu bondad fue infinita,
 al entregar tu vida por el perdón,
 de nuestros pecados... 
*
Resucitaste para nuestra justificación,
 regeneración, santificación; y glorificación... 
Concediéndonos la gracia,
 para ser hijos de Dios;
 y abrirnos las Puertas del Cielo. 

Amado Jesús,
 humildemente te imploramos,
 intercedas por nosotros,
 ante Dios Padre Celestial;  
*
Para que nos ayude,
 a terminar con la gran ola de violencia,
 fanatismo, terrorismo y pobreza.
Y  perdones al pueblo de Israel,
que también son víctimas de su presidente,
un asesino de personas inocente,
al igual que hicieron con ellos,
 en el pasado, ayúdalos.
 
Asimismo, para que finalicen,
 las violaciones de los derechos humanos,
 e infructuosas guerras;  
que solamente son eficaces,
 para provocar sufrimiento,
 dolor y rencor... En  personas inocentes. 

Jesucristo, intercede ante Nuestro Padre...
Dios del Cielo y Rey de todo el universo;  
para que ablande el corazón,
 e ilumine las mentes,
 de quienes gobiernan el mundo... 
*
Pues el abuso de poder,
 avaricia desmedida y carencia de valores;
 son la causa principal... 
Por las cuales nos encontramos,
 viviendo,
 sumidos en la desesperanza y desolación. 

¡Amén! 


Enrique Nieto Rubio 
*Derechos Reservados* 
Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.